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Las barras bravas y su origen

Las barras bravas y su origen

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Para comenzar, es necesario aclarar que la mayoría de las barras de los equipos del fútbol colombiano son integradas por ciudadanos pacíficos, que lo único que quieren es acompañar a su equipo y lo que menos esperan es que los identifiquen con las barras bravas.

En mayo de este año, cuando fue colgada en el estadio El Campín la foto de Rodríguez Gacha en el partido de Millonarios y Junior, se revivió, por un instante, la nefasta época, que aún no termina, en que los líderes del narcotráfico controlaban el fútbol colombiano y en particular eran dueños de los equipos que en los 80 y 90 conquistaban estrellas “ilícitamente adquiridas”. Y es en esas épocas en las que comienza la violencia de algunas barras a las que luego se les dio el nombre de ‘bravas’, parodiando el fenómeno de los hooligans en Inglaterra, donde, tras largos años de enfrentamientos y asesinatos entre sus miembros, terminaron ejecutando las tragedias de los estadios de Heysel (Bélgica), en 1985, que dejó 39 muertos, y de Hillsborough (Inglaterra), en 1989, con 96 muertos, lo que hizo que el gobierno inglés tomara drásticas medidas. Ojalá que en Colombia no tengamos que esperar hasta allá.

Es de anotar cómo algunas de las barras más violentas que hoy existen nacieron cuando los socios mayoritarios de algunos equipos eran los capos del narcotráfico. Ellos las financiaron con transporte, boletas, reconocimientos económicos y, en parte, trasladaron sus guerras y disputas por controlar el narcotráfico al enfrentamiento entre sus equipos y barras.

Seguramente, muchos de los jóvenes y menores de edad que hoy hacen parte de las barras bravas desconocen este origen, pero las autoridades que tienen que encontrar solución a este problema deben tenerlo en cuenta como un antecedente importante, si quieren controlar la creciente violencia que están ejerciendo algunos de sus miembros, porque, como sucede con nuestra violencia, esta se retroalimenta de ofensas, asesinatos y venganzas, donde el ‘ojo por ojo’ es lo predominante.

Para dar solución a esta problemática, las autoridades tienen que revisar los distintos esfuerzos que se han hecho en el país para atender este fenómeno y deben mirar, además de las experiencias internacionales, algunos trabajos que se han elaborado sobre ‘tribus urbanas’, pandillas y comportamientos violentos de los jóvenes. En particular, hay que tener en cuenta el estudio del Cerac ‘Las barras del fútbol en Colombia: balance de la producción académica y algunas reflexiones sobre el cubrimiento periodístico, programas y normatividad 2000-2008’.

Además, hay que tener en consideración algunas de las medidas que tomó el gobierno inglés para enfrentar la violencia de los hooligans, que se pueden ver en el ‘Informe sobre desarrollo humano para América Central 2009-2010’, del PNUD, y entre las cuales se destacan: considerar que las barras bravas son un fenómeno sociocultural del país y no del fútbol; por eso ordenaron, como primera medida, un estudio para dar una respuesta integral al problema; los clubes crearon y financiaron grupos de logística dentro de los estadios para que la policía pudiera controlar de mejor manera los entornos; se crearon grupos especializados de investigación criminal para poner a disposición de la justicia a los miembros de las barras que cometían delitos; se carnetizó a los miembros de las barras y se unificaron los criterios de seguridad en los estadios y sus entornos.

El problema no se arregla solo con medidas punitivas; es necesario tener una mirada integral y para esto se debe partir, como lo hizo Inglaterra, de un estudio serio que defina claramente cuál es el problema y cuáles las posibles soluciones. Mientras tanto, el Estado nacional y municipal debe hacer uso de los instrumentos constitucionales y legales para controlar la violencia que generan estos grupos, dentro y fuera de los estadios.

Hugo Acero Velásquez

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