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Escuela de sexo oral / Sexo con Esther

Escuela de sexo oral / Sexo con Esther

Las clases son en salones con paredes de espejo donde se fijan penes de plástico.

Aunque es lógico pensar que cada quien viene al mundo con el kit completo para cumplir a cabalidad con la tarea que la naturaleza nos impone bajo las sábanas, algo mal deben estar haciendo muchos al respecto.

Esta semana, por ejemplo, se supo que más de la mitad de las parejas chinas aseguran estar insatisfechas con su vida sexual, de la cual culpan, en muchos casos, a la eyaculación precoz y a la falta de interés de los señores.

Cuesta entender cómo logran ellos ser tantos, con semejante saldo en rojo.

Pero me llama la atención que algunos consideren que el asunto está pegado a la falta de entrenamiento y conocimiento formal de algunas prácticas en el catre.

De eso está convencida Yekaterina Liubímova, sexóloga e instructora jefe del centro SEKS.RF, de Moscú (Rusia), que imparte clases prácticas sobre el sexo oral. Lo curioso es que solo admite mujeres, que, durante tres horas y media y por unos cien euros, aprenden lo divino y lo humano del tema.

Sobre la base de que el sexo es bueno, es alegría, es luz, y con la premisa de tener claro en dónde está el ego de los hombres, esta instructora trata de proporcionarles habilidades a sus alumnas en este campo.

Liubímova asegura conocer más de cien técnicas de sexo oral, e insiste en que dominarlas constituye un antídoto contra la poligamia y la infidelidad masculina.

Esta singular profesora cree que, así como las personas se aburren de comer siempre lo mismo, los hombres se cansan del mismo menú en el aquello y aledaños. Así las cosas, lo que estas clases proporcionan es diversidad.

La idea no me molesta, pero frente a la aseveración de que las sesiones son ciento por ciento prácticas, pero sin hombres, me llené de una inmensa curiosidad. Pues cómo les parece que estas clases se imparten en salones con paredes de espejo a las cuales se fijan penes de plástico frente a los cuales las señoras se arrodillan, al tiempo que, entre risas, dejan de lado los prejuicios.

Mas de 2.000 clientas al mes acreditan este negocio, que promocionan ellas, literalmente, por el boca a boca, y también muchos esposos, que empujan a sus mujeres a tomar los cursos con cargo a su billetera, por supuesto.

La gestora aclara que su trabajo no es vulgar sino todo lo contrario: un acicate para la estabilidad de las parejas, que se diluye a punta de polvos rutinarios.

Bienvenida la escuela que promueve la perfección de esta práctica, siempre que el objetivo sea la búsqueda del placer en términos de respeto y condescendencia en pareja. Lo que no entiendo es por qué la instrucción es solo para las mujeres, cuando la evidencia muestra que cuando muchos señores rondan esos sitios, incluso hay que ayudarles con un mapa que reza ‘usted está aquí’. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO

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