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Suena el teléfono / Opinión

Suena el teléfono / Opinión

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Cuando sonaba el teléfono en la madrugada, mis amigos sabían que a su casa no estaba llamando la tragedia, que a nadie habían matado, que no iban a tener una mala noticia.

Era yo de madrugada, a las 2 o a las 3 de la mañana, que tenía para compartirles un poema recién salido, entre mis labios.

Con pocas excepciones, todos ellos tuvieron un recital de mis inéditos entre sueño y duermevela.

Los tiempos cambian. Ya no estamos para ese tipo de indiscreciones a nombre de la poesía.

Hoy, cuando he querido disculparme por haber violentado la intimidad del sueño de mis amigos, y busco momentos más oportunos para que me escuchen, encuentro esta frase de uno de ellos en mi correo: “Ojalá vuelvan los tiempos de sus llamadas a la madrugada para leerme el poema recién hecho, que yo degustaba como el primer café de la mañana”.

Si vuelve a sonar el timbre del teléfono de alguno de mis amigos a una hora insospechada, espero que no traiga noticias tristes, ni trágicas, ni nada.

Que solo sea uno de mis poemas que está humeante y huele a madrugada. 

Jaime Fernández Molano
entreletras2@gmail.com
Escritor y periodista

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