'Hice de mi vocación mi profesión': Álvaro Castillo Granada

'Hice de mi vocación mi profesión': Álvaro Castillo Granada

El librero celebra 25 años de estar en este oficio, uno casi apostólico en plena era posmoderna.

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24 de septiembre 2013 , 03:39 p.m.

El bogotano –de origen bumangués– Álvaro Castillo Granada (1969) iba a trabajar solo durante unas vacaciones como librero, a finales de 1988, y se quedó en este oficio 25 años, que está celebrando con orgullo. Y no es para menos. En un mundo dominado por lo digital, la profesión de librero adquiere por estos días una dimensión casi apostólica y hasta idealista.

Más aún, si quien la realiza se especializa en los libros de segunda, como Castillo, quien desde hace 15 años, junto con otros tres socios, creó San Librario, una de las librerías de este tipo más emblemáticas de la capital. Hace parte de esta noble embarcación literaria y está dispuesto a hundirse con ella, llegado el caso, como los capitanes honorables, pues su vida sin los libros no tiene sentido.

Una pasión que heredó de sus padres, que eran buenos lectores, y que comenzó a pulir en sus andanzas de juventud, con sus compañeros del colegio San Bartolomé, por la calle 19 de Bogotá, cuando iban a comprar música y Castillo empezaba a conformar, de paso, su biblioteca personal.

“Muchos de los libros que yo compré en esa época –después me enteré– eran ediciones importantes, y yo las compraba porque eran simplemente los libros que quería leer y eran más baratos”, dice Castillo, cuya primer número de libros que recuerda que tuvo fue de 42. Hoy no los ha contado, pero su biblioteca personal supera los 10.000 ejemplares.

Estudió literatura en la Universidad Javeriana, pero no se graduó, pues pudo más su sueño de ingresar a una librería. “Siempre quise ser librero, aunque yo no tenía muy claro que implicaba serlo. Creía que porque me gustaba tanto leer lo veía como un empleo ideal”, anota.

Así fue como en aquellas vacaciones de 1988, Castillo consiguió su primer trabajo en la librería Enviado Especial Libros, que quedaba en el entonces Centro Granahorrar (hoy Avenida Chile), de propiedad de Gloria Moreno y Germán Casto Caycedo. “Era una librería que tenía una característica especial: en esa época conseguir ciertos libros acá en Colombia era muy difícil y ellos los importaban”.

Allí estuvo siete años, hasta el cierre de la librería, y contó con la suerte de seguir trabajando en otra que, curiosamente, llegó a ese mismo local: Norma Ramos Libros, en donde laboró otros tres años, hasta que se creó San Librario.

Fue tal su amor por el oficio, que llegó, incluso, a imponerse por encima de una de sus mayores barreras. “Una de las cosas que superé, fue vencer una timidez gigantesca que me habita, y a relacionarme con público –comenta Castillo–. Aprendí a escuchar a la gente y comencé a convertirme en el librero que yo quería ser: es decir, alguien que lee mucho, sabe de libros, escuchar, recomendar y que siente un placer y una emoción muy grande cuando le consigue el libro a la gente”.

Son muchas las anécdotas maravillosas que Castillo guarda en su corazón en estos 25 años como librero y muchas las joyas bibliográficas que han pasado por sus manos, como primeras ediciones autografiadas, ediciones limitadas y corregidas por sus propios autores.

“He tenido libros firmados por José Lezma Lima, García Márquez, Julio Cortázar, Paul Eluard, Louis Aragon, Borges; primeras ediciones de Conrad, Hemingway, Herbert George Wells, ‘El principito’. El libro más valiosos que tengo ahora en la librería es ‘Canciones’, firmado por el propio Federico García Lorca”, dice este apasionado de la novela, el cuento, la poesía, el ensayo, los libros de historia y política latinoamericana, y profundo conocedor de la literatura cubana.

Castillo es consciente de que en este oficio hay que tener sangre fría para desprenderse, a veces, de joyas que se llevan en el corazón. “Recuerdo un momento duro, cuando me desprendí de una primera edición autografiada y corregida de ‘Paradiso’, de Lezama Lima, pero era un momento en que estaba en la olla y tenía que resolver cosas; se vendió y se fue. Uno no puede guardarlo todo”, dice con nostalgia.

Lo suyo son y serán los libros a los que les debe “absolutamente todo”. “Desde el plato del almuerzo que me como, hasta los zapatos que me pongo, hasta gran parte de las personas que he conocido, se lo debo a los libros. Es decir, los libros hacen parte de mi vida por completo, no son unos objetos accesorios, que están para de vez en cuando, sino están ahí siempre. Y tuve el placer de hacer de mi vocación mi profesión”, concluye.

Algunas frases de Álvaro Castillo

“Yo soy librero por vocación y para mí es un oficio muy importante. Yo hice de mi oficio y mi vocación mi profesión”.

“Puede sonar un poco paradójico, pero es así. A mí la lectura no me aleja de la gente sino que me acerca aún más al mundo”.

“Las librerías de libros usados, son seres vivos que siempre están en movimiento”.

CARLOS RESTREPO
REDACCIÓN CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

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