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El ajedrez electoral

El ajedrez electoral

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Pueblo de especuladores por excelencia, desde los tiempos de la Colonia, el colombiano ejerce esa costumbre perniciosa en todas sus actividades. La política es una de las favoritas del juego especulativo nacional, y se pone al rojo en épocas preelectorales, como la que ha comenzado en dos frentes. Uno, con el lanzamiento de la aspiración del expresidente Uribe a un escaño en el Senado, como cabeza de la lista centrodemocrática, lista que él misma elabora de acuerdo con los mandatos del bolígrafo. Y otro, con la inauguración de la sede del Buen Gobierno, que ha dado origen a una gazapera entre el soldado César Gaviria y el dragoneante Germán Vargas Lleras.

De paso, el señor Procurador General de la Nación le ha mandado una advertencia regaño al Presidente de la República, para recordarle que debe abstenerse de participar en actos políticos, como el de asistir a la inauguración de la sede de la Fundación por el Buen Gobierno, “hasta tanto no manifieste su intención de hacerse reelegir, es claro que no puede participar en actos proselitistas en beneficio propio o de terceros”. El Procurador tiene razón; la Constitución prohíbe que los funcionarios públicos, incluidos el Jefe del Estado y el mismo Procurador, participen en “actos proselitistas”.

Pero no veo que la asistencia del presidente Santos a la inauguración de una sede privada constituya un acto proselitista. El Presidente no habló en público, no hizo declaraciones de ningún género, simplemente saludó a los organizadores de la Fundación, que amablemente lo invitaron a ese acto social. Lo cual no configura un “acto proselitista”. Sin embargo, conviene que el señor Presidente tome en cuenta la advertencia del señor Procurador. Cuando a alguien se la quieren formar, cualquier pretexto es bueno.

En los otros escaques del ajedrez político nacional tenemos que la unión liberal se desbarató por cuenta del ‘match’ Gaviria-Vargas Lleras. La fusión de Cambio Radical con el liberalismo, bajo una misma y gloriosa bandera roja, no se dará. Cambistas y liberales lanzarán sus listas propias al Senado. Por su parte, en estas elecciones del 2014 veremos la más extraña de las alianzas entre progresistas y verdes, entre el pragmatismo de Antonio Navarro y el oportunismo de Enrique Peñalosa. No se sabe todavía si el conservatismo tendrá listas propias o estará en busca de alguna alianza estratégica de la cual colgarse. El partido de la Unidad Nacional se ve bastante maltrecho, si bien la participación de Juan Lozano como cabeza de su posible lista podría ayudarle a recuperarse, aunque el doctor Lozano aún no ha dicho si quiere ser cabeza de esa lista o segundón en la del expresidente Uribe. Peón, que llaman los ajedrecistas.

El expresidente César Gaviria, en entrevista con María Isabel Rueda, publicada en EL TIEMPO, se declaró como “un soldado del presidente Santos”. Se le abona la humildad, mas no basta con ser un soldado; hay que ser un buen soldado, y lo primero que debe hacer un buen soldado no es propiciar la división en sus filas, sino la cohesión y la unidad en torno al comandante a cuyas órdenes está dispuesto a servir.

Ahora, aparte de las especulaciones sobre si Germán Vargas Lleras está usando o se propone usar la Fundación del Buen Gobierno para beneficiar a su partido Cambio Radical, o maquinar un siniestro plan B, nos lo dirán los hechos.

Por lo pronto, la ausencia más notable en el ajedrez político es la de ideas. Es hora de que los aspirantes al Congreso, los representantes de los partidos, nos cuenten a los electores sobre cuáles son los programas políticos, económicos y sociales con que piensan enfrentar los desafíos impresionantes del siglo XXI, para evitar que Colombia siga siendo una nación rezagada en el tiempo y en el progreso. No queremos saber si hay planes A o planes B o planes C. Queremos saber en detalle cuáles son los planes para la educación, la cultura, la igualdad de oportunidades, el empleo, el desarrollo de la investigación científica y tecnológica, la nanotecnología y la nanociencia. Los colombianos quieren que el próximo Congreso sea un Congreso integrado por sabios y no un Congreso de legisladores charlatanes, tan ignorantes como avivatos.

Enrique Santos Molano

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