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'Es urgente que la Iglesia cure heridas de los fieles' papa Francisco

'Es urgente que la Iglesia cure heridas de los fieles' papa Francisco

Apartes de la entrevista que el sacerdote Antonio Spadaro le realizó al sumo pontífice.

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Seis horas, en tres días distintos, fueron necesarias para que el pontífice hablara sobre lo divino y lo humano con el sacerdote Antonio Spadaro, director de 'La Civiltà Cattolica', publicación de la Compañía de Jesús. La entrevista ocupa 27 páginas y allí insiste en que "la Iglesia no puede ser una capillita, para un grupito de personas". Y pide no condenar a los homosexuales. EL TIEMPO reproduce apartes del texto.

‘No seguir insistiendo en el aborto y el matrimonio gay’

“En Buenos Aires recibía cartas de personas homosexuales que son verdaderos ‘heridos sociales’, porque me dicen que sienten que la Iglesia siempre las ha condenado. Pero la Iglesia no quiere hacer eso. Durante el vuelo en que regresaba de Río de Janeiro dije que si una persona homosexual tiene buena voluntad y busca a Dios, yo no soy quién para juzgarla. Al decir esto he dicho lo que dice el Catecismo.

La religión tiene derecho de expresar sus propias opiniones al servicio de las personas, pero Dios en la creación nos ha hecho libres: no es posible una injerencia espiritual en la vida personal.

Una vez una persona, para provocarme, me preguntó si yo aprobaba la homosexualidad. Yo, entonces, le respondí con otra pregunta: ‘Dime: ¿Dios, cuando mira a una persona homosexual, aprueba su existencia con afecto o la rechaza y la condena?’. Hay que tener siempre en cuenta a la persona. Y aquí entramos en el misterio del ser humano. En esta vida Dios acompaña a las personas y es nuestro deber acompañarlas a partir de su condición. (...)

No podemos seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible.

Yo he hablado mucho de estas cuestiones, y he recibido reproches por ello. Pero si se habla de estas cosas, hay que hacerlo en un contexto. Por lo demás, ya conocemos la opinión de la Iglesia, y yo soy hijo de la Iglesia, pero no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar.

‘Veo la santidad en el pueblo de Dios’

“Una imagen de Iglesia que me complace es la de pueblo santo fiel a Dios (...). La pertenencia a un pueblo tiene un fuerte valor teológico: Dios, en la historia de la Salvación, ha salvado un pueblo. No existe identidad plena sin pertenencia a un pueblo. Nadie se salva solo, como individuo aislado, sino que Dios nos atrae tomando en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales que se establecen en la comunidad humana. Dios entra en esta dinámica popular. El pueblo es sujeto. Y la Iglesia es el pueblo de Dios en camino a través de la historia, con gozos y dolores. Sentir con la Iglesia, por tanto, para mí quiere decir estar en este pueblo. Y el conjunto de fieles es infalible cuando cree, y manifiesta esta infalibilidad suya al creer, mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo que camina. Veo la santidad en el pueblo de Dios paciente: una mujer que cría a sus hijos, un hombre que trabaja para llevar a casa el pan, los enfermos; los sacerdotes ancianos, tantas veces heridos pero siempre con su sonrisa, porque han servido al Señor; las religiosas, que tanto trabajan y que viven una santidad escondida.

Esta Iglesia con la que debemos sentir es la casa de todos, no una capillita en la que cabe solo un grupito de personas selectas. No podemos reducir el seno de la Iglesia universal a un nido protector de nuestra mediocridad.

Soy un pecador...

¿Quién es Jorge Mario Bergoglio?

“No sé cuál puede ser la respuesta exacta... Yo soy un pecador. Esta es la definición más exacta. Y no se trata de un modo de hablar o un género literario. Soy un pecador (...).

Bueno, quizá podría decir que soy despierto, que sé moverme, pero que, al mismo tiempo, soy bastante ingenuo. Pero la síntesis mejor, la que me sale más desde dentro y siento más verdadera es esta: “Soy un pecador en quien el Señor ha puesto los ojos. Soy alguien que ha sido mirado por el Señor (...).

¿Y por qué se hizo jesuita?

De la Compañía me impresionaron tres cosas: su carácter misionero, la comunidad y la disciplina. Y esto es curioso, porque yo soy un indisciplinado nato, nato, nato. Pero su disciplina, su modo de ordenar el tiempo, me ha impresionado mucho.

Y, después, hay algo fundamental para mí: la comunidad. Había buscado desde siempre una comunidad. No me veía sacerdote solo: tengo necesidad de comunidad (...).

Mi forma autoritaria y rápida de tomar decisiones me ha llevado a tener problemas serios y a ser acusado de ultraconservador. Tuve un momento de gran crisis interior estando en Córdoba. No habré sido ciertamente como la beata Imelda, pero jamás he sido de derechas. Fue mi forma autoritaria de tomar decisiones la que me creó problemas.

Todo esto que digo es experiencia de la vida, y por dar a entender los peligros que existen. Con el tiempo he aprendido muchas cosas. El Señor ha permitido esta pedagogía de gobierno, aunque haya sido por medio de mis defectos y mis pecados.

Ahora, sin embargo, oigo a algunas personas que me dicen: ‘No consulte demasiado y decida’. Pero yo creo que consultar es muy importante.

‘Dios no defrauda la esperanza’

¿Qué signos de esperanza hay en el mundo actual? ¿Cómo hacemos para ser optimistas en un mundo en crisis?

No me gusta mucho la palabra ‘optimismo’ porque expresa una actitud psicológica. Me gusta más usar la palabra ‘esperanza’.

Pues bien, la esperanza cristiana no es un fantasma y no engaña. Es una virtud teologal y, en definitiva, un regalo de Dios que no se puede reducir a un optimismo meramente humano.

Dios no defrauda la esperanza, ni puede traicionarse a sí mismo. Dios es todo promesa.

Lo que necesita la Iglesia

Veo con claridad que lo que la Iglesia necesita con mayor urgencia hoy es una capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones de los fieles, cercanía, proximidad. Veo a la Iglesia como un hospital de campaña tras una batalla. ¡Qué inútil es preguntarle a un herido si tiene altos el colesterol o el azúcar! Hay que curarle las heridas. Ya hablaremos luego del resto. Curar heridas, curar heridas... Y hay que comenzar por lo más elemental. (...)

La Iglesia a veces se ha dejado envolver en pequeñas cosas, en pequeños preceptos. Cuando lo más importante es el anuncio primero: ‘¡Jesucristo te ha salvado!’. Y los ministros de la Iglesia deben ser, ante todo, ministros de misericordia. Yo sueño con una Iglesia Madre y Pastora. Los ministros de la Iglesia tienen que ser misericordiosos, hacerse cargo de las personas, acompañándolas como el buen samaritano que lava, limpia y consuela a su prójimo. Esto es Evangelio puro. Dios es más grande que el pecado.

En lugar de ser solamente una Iglesia que acoge y recibe, manteniendo sus puertas abiertas, busquemos más bien ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos, capaz de salir de sí misma yendo hacia el que no la frecuenta, hacia el que se marchó de ella, hacia el indiferente. El que abandonó la Iglesia a veces lo hizo por razones que, si se entienden y valoran bien, pueden ser el inicio de un retorno. Pero es necesario tener audacia y valor”.

SACERDOTE ANTONIO SPADARO
Director de 'La Civiltà Cattolica', publicación de la Compañía de Jesús

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