Secciones
Síguenos en:
¿Subdesarrollo? La persistencia terrateniente

¿Subdesarrollo? La persistencia terrateniente

notitle

Mucho se ha escrito sobre los factores que determinaron el desarrollo de los países del este asiático (EA) y su comparación con los países de Latinoamérica (LA) en términos de crecimiento del PIB, producto y empleo industrial, exportaciones de manufacturas, distribución del ingreso, problemas del servicio de la deuda y la inflación. En todos estos indicadores, los países del EA exhiben un mejor comportamiento que los países latinoamericanos.

La explicación de la ortodoxia económica es que el éxito de los países del EA estuvo basado en sus políticas “orientadas hacia afuera” y en el mercado, en oposición a las de AL, “orientadas hacia adentro” con su modelo de sustitución de importaciones, que causaron graves distorsiones como resultado de la fuerte intervención estatal en la actividad económica.

Sin embargo, esta explicación es equivocada. A excepción de Hong Kong, los países del EA no adoptaron el libre comercio. Singapur, Corea y Taiwán tuvieron periodos de sustitución de importaciones, como en Latinoamérica, antes de conquistar los mercados externos y, al mismo tiempo que promovían las exportaciones, también daban protección a los productores para el mercado interno. Incluso, respecto a la inversión directa, los países del EA, Corea y Taiwán, fueron más cerrados que los países de AL. Igualmente, existe una sólida evidencia empírica sobre la fuerte intervención estatal que fue vital para la industrialización exitosa de estos países. Entonces, lo que distingue a los países del EA de los de AL no es la intervención del Estado per se sino la calidad de la intervención, no el libre comercio sino las exportaciones manufactureras.

En este sentido, Rhys Jenkins, en ‘La economía Política de la industrialización’, señala que la efectividad de la intervención del Estado es la diferencia crucial entre el EA y LA, y esa efectividad está determinada por la autonomía del Estado frente a las clases gobernantes y las clases subordinadas, factor que determina la capacidad del Estado para implementar las políticas. Mientras en el EA el Estado ha tenido un alto grado de autonomía frente a las clases sociales, el Estado en LA tiene mucho menos autonomía y la burocracia es mucho más politizada.

Esa relativa autonomía del Estado se refiere a la habilidad del mismo para implementar políticas que favorecen a la sociedad en su conjunto, incluso cuando estas entran en conflicto con intereses particulares de sectores específicos. Mientras en AL los intereses del capital privado predominan, y el Estado los hace suyos, en el EA el Estado es claramente dominante y es capaz de desarrollar objetivos nacionales.

Una de las áreas en que la experiencia histórica del EA y de AL difiere es en la agricultura. En Corea del Sur y en Taiwán, el colonialismo japonés debilitó severamente a la clase gobernante tradicional y la aristocracia terrateniente; y contribuyó, además, a que fueran identificados como colaboracionistas con los japoneses. El golpe de gracia vino con la reforma agraria, después de la Segunda Guerra Mundial. En Taiwán, el Kuomintang, que huía derrotado por Mao, fue capaz de introducir la reforma agraria gracias a que ellos no poseían la tierra en la isla, mientras que en Corea el factor fue la necesidad de estabilidad política.

El resultado en el EA fue una más equitativa distribución de la tierra que la que se encuentra en AL, y la destrucción de la clase terrateniente. En Taiwán, por ejemplo, en 1973 casi el 80 por ciento de la población agrícola eran cultivadores propietarios y otros 10 por ciento propietarios, mientras que en Corea del Sur, hacia 1965, lo propietarios completos eran 70 y 20% por ciento propietarios parciales.

En LA, entre los países que han tenido algún proceso de industrialización importante, Argentina, México y Brasil, solo México pasó por una reforma agraria, como consecuencia de su revolución de 1910. Sin embargo, después de la presidencia de Lázaro Cárdenas una nueva élite terrateniente comenzó a emerger y, en los tres países, la estructura agraria ha sido dominada por los grandes latifundistas. Colombia tampoco escapa a este destino.

La gran diferencia entre las dos regiones, EA y LA, es la fuerza de los intereses terratenientes, mucho menores en esta última, diferencia que sería crucial para los patrones de desarrollo de los dos grupos de países. Mientras en el EA las reformas agrarias permitieron que los terratenientes fueran remplazados por el Estado en el control político y económico sobre el campesinado, lo que posibilitó una significativa transferencia de excedentes de la agricultura hacia la industria, en LA la existencia continuada de los terratenientes con un grado alto de poder político se expresa a nivel económico en la apropiación de la renta agraria, que toma la forma de bajos impuestos, acceso a crédito barato, insumos subsidiados y acceso preferencial a la infraestructura financiada por el gobierno. En Colombia, los terratenientes se disfrazan de “pobre viejecita” para no pagar impuestos y capturar subsidios de todo tipo.

En el EA, a pesar de las transferencias de la agricultura hacia la industria, la productividad de la agricultura, tanto del trabajo como de la tierra, creció a tasas importantes. Sin embargo, en AL ha habido poca presión para que la agricultura se modernice, y la productividad ha crecido menos que en el EA y la dependencia de las importaciones de alimentos se ha incrementado.

La teoría económica ortodoxa plantea que la defensa de los derechos de propiedad es la clave del desarrollo económico y que tal protección estimula la creación de riqueza porque la incertidumbre acerca de la seguridad de los derechos de propiedad es perjudicial para la inversión de largo plazo y el crecimiento.

Sin embargo, lo que es importante para el desarrollo económico, respecto a la tierra, no es simplemente la protección de todos los derechos de propiedad existentes sin tener en cuenta la naturaleza de estos, sino qué derechos de propiedad son protegidos y bajo qué condiciones. Si hay grupos que son capaces de utilizar ciertos derechos de propiedad existentes mejor que sus propietarios presentes, sería mejor para la sociedad incentivar a quienes tengan la capacidad para hacerlos no solo productivos, sino también para crear estabilidad social y política y penalizar a quienes no, con impuestos prediales significativos, por ejemplo, de acuerdo con la propuesta de Hernán Echavarría Olózaga. La tierra para los campesinos.

Guillermo Maya

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.