Asesino de Washington: budista, amante de las armas y decepcionado

Asesino de Washington: budista, amante de las armas y decepcionado

Son un misterio las razones por las que Alexis mató a media docena de personas en instalación naval.

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17 de septiembre 2013 , 10:20 a.m.

Descartada ya la tesis de un segundo atacante en la masacre de ayer lunes en el Navy Yard, en Washington, todos los ojos se posan ahora en Aaron Alexis, el afroamericano de 34 años que asesinó a sangre fría a 12 de sus colegas antes de perder la vida en un tiroteo con la Policía.

Si bien son muchas las teorías, nadie sabe a ciencia cierta qué pudo provocar la ira que lo llevó a cometer semejante barbarie.

De hecho, lo que ha emergido hasta ahora es un perfil contradictorio entre un joven descrito por su amigos como “noble y de buen corazón” y otro con trastornos sicológicos y serios problemas de conducta que ya le habían ocasionado roces con las autoridades.

Alexis nació en Brooklyn, Nueva York, pero estaba radicado en Fort Worth (Texas), donde trabajaba para The Experts, una empresa que se dedica a prestar servicios de tecnología.

Hace una semana se había desplazado a Washington para trabajar en un nuevo contrato adquirido con la Armada para renovar la red interna de computadores en el Navy Yard, un complejo de esta rama de las Fuerzas Armadas en pleno corazón de la capital estadounidense.

Antes de eso había prestado servicio como reservista activo de la Armada, entre el 2007 y el 2011, donde adquirió el rango de “electricista de tercer nivel”, especializado en los sistemas eléctricos de aviones. Ese año, aunque con honores, fue dado de baja por un supuesto “patrón de desobediencia”: tuvo ocho reprimendas en los cuatro años que prestó servicio, algunas de ellas triviales como ausencia injustificada del trabajo y otras más serias insubordinación.

‘Nadie en esta familia se lo esperaba’

Por el momento los que han hablado son sus amigos y familiares, quienes todavía no salen del asombro. “Lo que sabemos es que él no era esa clase de personas. Nada de lo que le escuché me hizo alguna vez pensar que era una persona de cuidado. Nadie en esta familia se lo esperaba¨, sostiene Anthony Little, esposo de su hermana.

Nutpisit Suthamtewakul, un inmigrante tailandés con el que Alexis compartió vivienda durante varios años en Seattle, estado de Washington, dijo también que nunca vio asomos de violencia en su amigo.

“Era una persona tranquila, fácil de llevar. No puedo creer que él haya hecho esto. Él era mi mejor amigo, como un hermano”, afirmó este hombre a la cadena CNN. De acuerdo con Suthamtewaku, Alexis practicaba el budismo, meditaba con frecuencia y se había empeñado en aprender tailandés, lengua que ya dominaba con destreza.

Según Suthamtewaku, aunque siempre le causó curiosidad la fascinación de Alexis por los juegos de videos violentos y las armas, pero nunca, en los tres años que vivieron juntos, mostró agresividad alguna.

Lo que sí detectaron tanto su esposa Kristi Suthamtewaku como Michael Ritrovato, otro excompañero de vivienda, era que en los últimos meses no andaba feliz con la vida. Ambos dijeron que Alexis se quejaba con frecuencia del maltrato laboral que recibía de su empresa y al parecer estaba en una pelea por el pago y las compensaciones que recibió tras un trabajo de varios meses en Japón. Así mismo, estaba frustrado con el gobierno federal pues no obtenía los beneficios que se creía merecedor en su calidad de veterano retirado.

“Tenía problemas financieros y hace algunos meses le escuché por primera vez que se quería ir de Estados Unidos¨, sostuvo Kristi.

Había sido arrestado

Pero algo andaba mucho peor en su entorno sicológico que no había sido detectado por sus amistades. Según varios reportes de prensa, Alexis había contactado en las últimas semanas a dos hospitales de veteranos pidiendo ayuda psiquiátrica.

Además, poseía un récord criminal que indicaba ya serios problemas. En el 2004 había sido arrestado brevemente luego de disparar contra las llantas del carro de un obrero en una constructora porque este lo estaba “molestando”.

En el interrogatorio que le hizo la Policía, Alexis dice que recuerda la discusión con el hombre, pero que tenía borrado de la cabeza el momento en el que sacó el arma y disparó.

Su padre, a quien consultaron tras este incidente, le dijo a las autoridades que Alexis tenía dificultades para manejar su rabia y que sufría de estrés post traumático consecuencia de los atentados del 9-11 en Nueva York, un evento que presenció cuando vivía en esta ciudad.

Su dosier también recuenta otro arresto por desorden y un incidente en el 2010 en el que disparó un tiro al techo de su apartamento que penetró en la casa de la vecina superior.

De acuerdo con la vecina, vivía aterrorizada por la conducta de Alexis que varias veces la había increpado de manera violenta por ruidos en su apartamento.

En su versión a la Policía, el hombre dijo que se trataba de un accidente pues la pistola se había disparado mientras la limpiaba. Una sumatoria de incidentes que al parecer no se tuvieron en cuenta cuando se le otorgaron a Alexis las credenciales para poder ingresar sin restricciones y chequeos de seguridad al Navy Yard.

Un dato que no explica la tragedia pero que con seguridad encenderá el debate sobre el control de las armas en EE. UU. Lo que también parece descartado es que el ataque tuviera una raíz ideológica o alguna conexión con el terrorismo internacional.

Todo indica, más bien, que se trataba de un hombre profundamente trastornado que un buen día decidió cobrarse con la vida de inocentes su frustración frente a un sistema que lo había decepcionado.

SERGIO GÓMEZ MASERI
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
WASHINGTON

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