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Editorial: El vertiginoso caso sirio

Editorial: El vertiginoso caso sirio

Parece increíble todo lo que ha ocurrido en el caso sirio en menos de diez vertiginosos días: Barack Obama anuncia que bombardeará instalaciones militares del régimen de Bashar al Asad como castigo por emplear armas químicas; Rusia se opone; la ONU envía expertos para investigar si se usó gas tóxico contra ciudadanos inermes; Obama vacila y pide el apoyo del Congreso; el secretario de Estado, John Kerry, confirma que el ataque es inminente, pues solo lo evitaría que Siria entregara sus armas de exterminio masivo; el presidente ruso, Vladimir Putin, toma al vuelo sus palabras y convence a Siria de que lo haga.

La iniciativa da un vuelco. Rusia propone a Washington un acuerdo que permitiría cancelar los planes militares unilaterales y destruir los arsenales químicos sirios; Obama acepta; se reúnen en Ginebra los cancilleres de EE. UU. y Rusia y firman un pacto que obliga a Siria a entregar antes de una semana un inventario completo de sus armas tóxicas, a destruir antes de noviembre los agentes químicos para fabricarlas y a liquidar antes de julio del 2014 las 45 bodegas donde guarda, según EE. UU., mil toneladas métricas de gases letales.

El bombardeo “inevitable” sale de repente del escenario y este queda dominado por la diplomacia y los especialistas en armamentos químicos, que deberán certificar su desaparición. Es, sin duda, un triunfo de las soluciones dialogadas, que evitará al mundo una guerra más –por pequeña y “quirúrgica” que fuese– y ahorrará sus inciertas consecuencias. El mayor triunfador es, por ahora, Putin, que de padrino del dictador se convirtió en propiciador del diálogo. Pese a que se vio obligado a recular, Obama también intenta sacar provecho de una situación digna de un Nobel de la Paz, como él. Al Asad se atornilla en el puesto, pues será quien guíe los pasos de la destrucción de armas químicas. Los grandes perdedores son los rebeldes, que intentan derrocarlo: “Nos dejaron abandonados”, dicen. Nada garantiza que el carrusel terminó y que las cosas serán como se pactaron. Washington apagó los reactores, pero los cazas siguen apuntando a Damasco. Rusia se echó encima la arriesgada cruz de ser fiadora de Al Asad. El tiempo es ahora el mayor enemigo.

editorial@eltiempo.com.co

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