La prostituta que toma clases de periodismo para contar su historia

La prostituta que toma clases de periodismo para contar su historia

Esta transexual que trabaja en las calles mexicanas decidió aprender las bases del periodismo.

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16 de septiembre 2013 , 06:01 p.m.

Se hace llamar Krishna - nombre de un dios del hinduismo - dice que le gusta como suena la palabra, pero que no tiene nada que ver con la religión. Trabaja en las calles del centro del DF (México) ofreciendo placer sexual a cambio de dinero y lo hace desde sus 20 años, hoy ya tiene 42. Krishna nació biológicamente como hombre, pero se siente mujer. Se define como transgénero, aquellas personas que no están identificadas con el sexo con el que vinieron al mundo. Cuando decidió ser quien quiso, la gente se burló y recibió un constante rechazo, por eso dejó sus estudios y resolvió ejercer el oficio más antiguo del mundo.

Con una corta cabellera alborotada y de color rubio, labios pintados de un café intenso, aspira el humo de su cigarrillo, su compañero de calle, de esquina, sale con él casi todos los días a ganarse el pan como trabajadora sexual. Pero desde hace tres años, cada martes, tiene una cita especial por las tardes: su taller de periodismo. Krishna asegura que ella y sus compañeras están cansadas de cómo se hace periodismo en su país, “los periodistas nos meten el micrófono o la grabadora en la boca, para que una hable y no se eche a correr. A veces nos hacen preguntas agresivas y no nos están dando la dignidad por la que hemos peleado, hay muchas fallas, mucha manipulación de la información”, dice. Cuenta que en una ocasión una periodista le hizo una entrevista de media hora y casi al final le preguntó “¿qué siente al estar con un cliente?” y que esa respuesta fue de lo que se trató la nota entera, “siempre buscan el amarillismo”, señala con voz molesta Krishna.

Un grupo de 10 trabajadoras sexuales mexicanas, aproximadamente, son parte de esta iniciativa impulsada por Gloria Muñoz, una periodista con 25 años de trayectoria que dirige la revista virtual Desinformémonos.

Uno de los primeros ejercicios del taller fue justamente identificar en qué estaban en desacuerdo sobre la manera como se ejerce el periodismo. “A mí me gustaría que existiera un periodismo con ética, la mayoría de medios de comunicación no tienen el compromiso, pues el periodismo es una profesión con la que uno se compromete a decir la verdad”, asegura. Y en medio de sus críticas y reflexiones sobre la comunicación, añade que alguien que se desempeña en el periodismo debe hablar de las personas con dignidad y “siempre preguntar con respeto”.

Gloria afirma que estas mujeres “no creen en los medios de comunicación, están cansadas de que las traten con discriminación, con desprecio”, por eso vio la necesidad de enseñarles a contar sus propias historias, pero dándoles las herramientas necesarias.

Dinámica del taller

El objetivo de las clases es que estas trabajadoras sexuales hagan periodismo de manera profesional. Krishna hace memoria y enumera lo que ha aprendido: “nos han enseñado a identificar cómo se compone un periódico, qué es una nota informativa, un artículo, un editorial, los géneros periodísticos”, también a redactar, editar y además “nos enseñan a tener un tono neutral, tomar las dos partes a pesar de que seamos trabajadoras sexuales”, recuerda. Gloria añade que se les enseña ortografía y cómo reportear, todo esto en cuatro horas intensivas, una vez a la semana. El nivel de escolaridad de las trabajadoras sexuales que van a las clases es variado y por eso las sesiones se adecuan a cada una de ellas.

“Encontramos trabajadoras sexuales con un gran nivel de sensibilidad, con una gran capacidad de contar sus historias. Mérida (estudiante del taller) terminó el segundo año de primaria, le cuesta mucho escribir, pero hace unas entrevistas fenomenales, que la verdad yo me muero de envidia”, cuenta Gloria, columnista de un periódico nacional.

Cuando van en busca de las historias se meten en lugares que no cualquiera podría, hablan su propio lenguaje y además tienen el contexto de sus mismas vidas como catalizador para entender el drama, las alegrías y el día a día de estas personas. Al regresar al taller con el material, lo procesan, transcriben las entrevistas y arman la crónica.

Lo dulce y amargo de las historias

Krishna tiene grabados en su mente dos hechos en particular que tuvo que cubrir. Se encontraba recopilando denuncias de sus compañeras por supuestos abusos policiales. Al publicar la nota de la presunta explotación, cuenta Krishna que hubo un operativo al siguiente día en el que varias de sus colegas fueron detenidas, obligadas a declarar en contra de otras compañeras, pero al no tener pruebas salieron libres. Dos de ellas aparecieron muertas un mes después y en diferentes circunstancias. Krishna asegura que hubo abuso de poder. “El Gobierno es el mayor cabrón a través de sus policías. Y esto no lo marcan como un delito”, dice con tono de enojo, y agrega que decir la verdad pone en riesgo la vida de sus compañeras.

El otro recuerdo le remite a una mujer que no era prostituta, pero que tuvo que adentrarse en ese mundo porque le habían robado a su hija. Esta madre decidió investigar dónde habían llevado a la menor y empezó a prostituirse para llegar al corazón de una red de trata de blancas que atrapó a su pequeña. Varios meses después la encontró, pero bajo un estado de depresión severo y además con una bebé en brazos. Krishna contó la odisea de esta mujer, que a pesar de haber logrado su objetivo, tuvo que continuar ofreciendo sexo por algunos billetes y así poder mantener a su hija y nieta. Esto la marcó, cuenta.

Resultados del taller

Para Gloria, estas mujeres ya no son las mismas desde que decidieron hacer periodismo, en su mirada, su perspectiva, su amor y su odio. “Ahora ellas tienen dos identidades, la una de trabajadora sexual y la otra de periodista. Salen a las calles a defender sus derechos, llevan una pancarta en una mano y en la otra, una grabadora”, opina la comunicadora.

El grupo que lidera este proyecto y quienes lo conforman se plantearon la meta de publicar un libro con la recopilación de todas sus crónicas que han sido difundidas en internet. Y aunque aún no tienen una fecha para editar la obra, saben que será un hecho, así lo aseguran tanto Gloria como Krishna.

Mientras tanto, esta última admite que no quiere dejar de laborar en las calles ofreciendo un “servicio placentero a sus clientes”, pero tampoco abandonará su nueva faceta, la de periodista. “Después de tanto tiempo, coger una pluma y ponerme a escribir me motivó a continuar con mis estudios, a superarme, a terminar mi bachillerato y ahora quiero meterme a la universidad. Tengo ilusión de estudiar Derecho Penal”, cuenta Krishna.

Y con su perpetuo cigarrillo en la mano, dice que estará atenta a todas las historias que hay que contar, porque “Krishna no está al servicio del poder, está para informar con la verdad y desmenuzar esas historias, buscar la opinión de la gente con calidad moral y de lucha”, culmina.

VALERIA SÁENZ
REDACCIÓN ELTIEMPO.COM

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