La espera de un papá por saber quién mató a su hija

La espera de un papá por saber quién mató a su hija

Desapareció y después fue encontrada muerta. Han pasado once meses. Su familia pide justicia.

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15 de septiembre 2013 , 11:51 p.m.

Efelberto García deja de un lado su palustre para hablar de la muerte de su hija. Interrumpe su trabajo como obrero de construcción para hablar desde la fría Tunja sobre lo que han sido estos once meses. Rumores, miedo, presiones, pobreza, pero sobre todo dolor. Desde el primero de octubre del 2012 su vida se volvió gris, triste. Ese día su hija mayor, Andrea Marcela García, de 12 años, desapareció. Durante los siguientes cinco días, este hombre no comió, no durmió, apenas llegaba a la casa a cambiarse de ropa y seguir buscándola. Lo hizo caminando por toda Tunja, lo hizo en el carro de la Personería de la ciudad por los municipios cercanos. Repartió volantes con la imagen de su hija. Lo hizo con frío, con rabia, con miedo, con esperanza. “La iba a buscar siempre. No iba a descansar hasta encontrarla”, cuenta ahora, con la voz entrecortada. Tiene 35 años y el ánimo por el piso. En el quinto día de búsqueda, mientras él recorría las carreteras de Boyacá, un hermano y un cuñado encontraron a Andrea Marcela. Estaba muerta, con signos de incineración y desmembrada. Imposible de creer.

“No me explico qué pasó, cómo pudieron llevarse a la niña, cómo le pudieron hacer eso”, dice. A Efelberto y a su esposa María los atormenta ver cómo pasan los días sin saber quién fue el responsable del asesinato de su hija y por qué lo hizo. Efelberto ha tenido que alternar su trabajo en la obra de construcción con las visitas periódicas a la Fiscalía de Tunja. “Y siempre me dicen lo mismo. No hay ninguna respuesta concreta. Me dicen que están trabajando y que a su debido momento me dirán”, asegura. Él va de arriba abajo buscando respuestas. No tiene abogado porque se lo pidió al Estado pero se lo negaron. “Me dijeron que como trabajo tengo con qué pagarlo por mi cuenta”. Él gana el mínimo y su esposa, como empleada de servicio, gana mucho menos. Tienen que mantener a Claudia, de 9 años, y a David, de tres, los dos hermanitos que le seguían a Andrea Marcela. También tienen que pagar arriendo porque aunque tienen casa propia, después del asesinato de Diana, tuvieron que abandonarla. Los rumores sobre quién mató a su hija los sacaron de ahí, del barrio El Milagro, donde vivía la familia, en una casa en obra gris, construida por Efelberto.

“Los comentarios de los vecinos nos sacaron de ahí. La niña de 9 años ya se estaba traumatizando con todo lo que decían”, dice y prefiere no entrar en detalles sobre qué era lo que decían. Lo resume diciendo: “hasta dijeron que la familia era sospechosa de lo que pasó”. A Efelberto no solo le tocó irse del barrio, también tuvo que buscar trabajo. Después de la muerte de su hija lo echaron. “Estuve dos meses desempleado”. También se tuvo que alejar de su mamá. Vivían muy cerca. “Ella cuidaba a la niña cuando estábamos trabajando”. Ahora, padece de crisis de nervios. “Hemos tenido que llevarla varias veces a la clínica porque siente miedo, se acuerda de lo que pasó y se pone mal”, cuenta sobre su mamá. Él también está mal de los nervios, dice que come menos que antes y cada vez es más difícil sonreír. El recuerdo está intacto: “el día que desapareció tenía un pantalón de sudadera azul clarito, una camiseta negra con un dibujo de una muñeca de color rojo, unos zapatos negros de material y una chaqueta verde con el escudo de colegio”.

La personera de Tunja, Mónica Ramírez, ha acompañado a la familia García. Estuvo con ellos en la búsqueda, en el momento en que conocieron la mala noticia y ahora, en la espera de justicia. También tiene los recuerdos frescos. “Al principio hubo mucha confusión, decían que la niña se había ido porque en la casa la maltrataban y después de eso han salido muchos más rumores”, cuenta. La capital de Boyacá, con cerca de 186.000 habitantes, fue testigo durante una semana de la búsqueda de la niña. Todos querían saber dónde estaba, quién se la había llevado y ahora todos esperan saber por qué la mataron. No hay testigos, no hay pistas. O por lo menos eso es lo que le dicen a la personera Ramírez y a la familia.

“El tres de agosto tuve la última respuesta de la Fiscalía. Me dicen que sigue adelantando la investigación”, cuenta Mónica. Pero aún no hay una sola captura. Tunja sigue esperando saber quién o quiénes fueron los responsables del asesinato de Andrea, que causó conmoción en la región.

“Acá no es normal que ocurran casos así, los tunjanos sentimos esa muerte y exigimos justicia”, dice la Personera. Efelberto cuenta que recién ocurrió el hecho, su casa y la de sus familiares (primos, cuñados, mamá) fueron allanadas. “Que investiguen todo, que entren a dónde quieran, pero que me digan quién la mató”, reitera. Y pide, una y otra vez que “esta vez, no haya impunidad”.

La petición es de él y de las decenas de personas que se han unido en una campaña en Facebook pidiendo justicia. El caso ha generado zozobra en Tunja. Y la ‘curva del muerto’, donde fue encontrado el cadáver le recuerda a la comunidad el horror que se vivió allí. “Antes de encontrarla, ya habíamos pasado por ahí”. Él dice que no sabe muy bien cómo fue el hallazgo porque a él no le permitieron ver. “Solo lo pude hacer en la funeraria”, dice. Por eso, no se atreve a asegurar si es verdad que la encontraron dentro de una maleta. Solo sabe que por ese lugar él pasó en compañía de la Policía y no vio nada.

“Eso no puede quedar así, la ciudad merece una respuesta”, dice Mónica, quien ayuda a la familia García en la organización de una marcha que pretende exigir celeridad en la investigación. “El primero de octubre iremos desde el barrio El Milagro hasta la plaza Bolívar”. Será en Tunja, la ciudad que ve a Efelberto ir de un lado a otro en busca de una repuesta. La última vez que pasó la por la Fiscalía, encontró una respuesta que lo desanimó. “Me dijeron que volviera más tarde, que en ese momento no me podían atender”.

“Estamos cerca de los responsables”

La directora del CTI de la Fiscalía, Maritza Escobar Baquero, en diálogo con ELTIEMPO.COM aseguró que desde febrero, cuando ordenó cambiar al cuerpo de la Policía judicial que llevaba el caso por los pocos avances en el proceso, la reconstrucción de la investigación volvió a empezar y al tiempo en que se han ido descartando hipótesis, se ha avanzado en hallazgos que permitirán dar respuesta al clamor de la familia García. “Antes de final de año tendremos una individualización, un responsable”, asegura Escobar, quien reconoce que uno de los tropiezos de la investigación ha sido la falta de información proveniente de fuentes humanas.

“El silencio de la comunidad ha hecho más difícil la tarea de investigadores. A diferencia de otros casos, en este no hay testigos. O por lo menos, hasta no parece haberlos”, cuenta la directora del CTI, quien además señala que aunque el equipo de investigación es pequeño (cerca de siete personas), es efectivo y el resultado de las pesquisas están cerca de conocerse.

“A veces es preferible pocas personas, pero concentradas de tiempo completo en un caso. Ellos han recorrido la zona, desde la tienda donde fue la última vez en que vieron a la niña, hasta el lugar donde fue hallada muerta, un lugar difícil para una investigación porque es un espacio desolado, casi como un botadero de basura, donde se mezclan diversos elementos y donde la niña estuvo expuesta a animales y todo tipo de contaminación”, cuenta Escobar.

El compromiso con la investigación continúa: Policía

El comandante de la Policía de Boyacá, coronel Luis Enrique Merchán, se refiere al caso reiterando el compromiso de la institución con la investigación pero reconociendo que es un “proceso largo y complejo debido a los procedimientos técnicos y científicos que exige un caso de esta magnitud”.

El coronel asegura “solo hasta que se tenga el material contundente para hacer capturas e imputar cargos se hará”.

Ante el drama que vive la familia García, el coronel Merchán pide paciencia, “valoramos toda la que hasta ahora han tenido, pero es necesario esperar”. Y reitera que el proceso avanza y que está siendo manejado con prioridad por las autoridades correspondientes.

La escena

Días después del hallazgo del cuerpo sin vida de Andrea Marcela, el director de Medicina Legal, Carlos Valdés, señaló que a la menor “le intentaron quemar las manos y parte del cuerpo. Su causa de muerte fue asfixia mecánica”. Reveló entonces que a la niña la habían estrangulado con las manos y que no presentaba signos de violencia sexual. El cuerpo presentaba daños generados por animales, lo que haría pensar que el crimen ocurrió mínimo 48 horas antes de ser encontrado.

Andrea Marcela desapareció el primero de octubre después de que salió de una tienda, donde realizó una llamada al jefe de su mamá, luego de que esta se lo pidió porque se sentía enferma. Tenía doce años y hacía quinto grado de primaria en el Instituto Técnico Gonzalo Suárez Rendón de Tunja.

Sally Palomino C.
salpal@eltiempo.com
Redacción ELTIEMPO.COM

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