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Del G2O a la Asamblea General

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La guerra le cobró su prioridad a la economía en el G20, el mundo aún mal enterado sobre qué es primero realmente y si guerra o economía tengan que ver. Fue perjudicada la socioeconomía porque se atendió poco una reactivación que alguien llama frágil, pero reactivación, la paradoja de fin de la recesión pero con continuidad de la crisis y su daños, en particular el desempleo, y efectos como siempre de medidas de los grandes sobre los emergentes, incluida su vanguardia, los BRIC. El G20 podría haber influido en que la incipiente euforia arriba no alarme abajo y haber aclarado de paso qué se debe a la austeridad en buena y mala noticia, o a su contrario, gasto público, mayor crédito y demanda privada y sus efectos en agentes mundiales, en Europa, Francia y Alemania, donde las elecciones han puesto a gastar a la inflexible canciller.

Sobre la euforia tímida en el norte, dice un observador que la crisis europea está lejos de resolverse, porque el desempleo por lo menos corresponde a períodos de depresión que requieren bastante para reversarse. El debate se refiere ya a lo pertinente del rescate financiero: para unos, de haberse aplicado el mercantilismo tal cual, hubieran desaparecido los débiles en el sistema financiero, este se hubiera saneado solo y se habrían ahorrado recursos ingentes. Es más claro ahora, por otra parte, que normas europeas de la unidad monetaria han impedido que varios países se defendieran acudiendo a medidas locales, sin resolverse ni teórica ni prácticamente la divergencia entre comunitario y nacional. No lo dice nadie en voz alta, pero en la reactivación tienen que ver el ajuste en el costo del trabajo y el abaratamiento de la mano de obra consiguiente al desempleo.

En marcha, que la reactivación en el norte le quite atractivo a la inversión en el sur; se suman la inminencia de la reducción en la emisión de la FED y la desaceleración china. La expansión de los emergentes este año será la menor en la década, aunque ha representado más de la mitad de la demanda global, ayudando a mitigar la crisis arriba. La incertidumbre explica malestar creciente en todas partes. La Asamblea General de la ONU, este mes, debería aclarar en algo la situación mundial, por ejemplo el estado de los Objetivos del Milenio para el 2015, y formular nuevos en consonancia con sobre cómo el desarrollo mundial afecta puntos concretos como pobreza extrema, enfermedades epidémicas y utopías como sostenibilidad ambiental. Ahora pocos niegan que los Objetivos del 2000 hayan tenido algunos resultados, por ejemplo en África. Que tampoco disimula lo lejano de un compromiso mundial efectivo en urgencias al alcance, como la desaparición total de la miseria y la mortalidad infantil. Tienen que ver la atención excesiva a la guerra y lo que ella representa en la socioeconomía. Al respecto, la humanidad parece retroceder.

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