El oro azul es invendible

El oro azul es invendible

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12 de septiembre 2013 , 06:42 p.m.

 

Lo que está proponiendo el Estado de vender a Isagén debe ser detenido ahora mismo por la Corte Constitucional, el único organismo de este país que ha dado muestras de haber comprendido las dinámicas geopolíticas, culturales, históricas y ambientales que enfrenta Colombia; el único que ha tomado decisiones históricas y redentoras desde cuando el Congreso y los organismos de justicia, politizados al máximo, no han sido capaces de poner los intereses públicos por encima de los particulares.

Las acciones que tenga el Gobierno en Isagén y en todas las empresas públicas que tengan que ver con el suministro de agua y energía deben ser declaradas invendibles y estas organizaciones, en lugar de privatizarse, deben volver totalmente a manos del Estado por una razón explosiva y vital: el agua y la energía se enfrentan a escenarios de coyuntura en este siglo, por motivos de escasez, contaminación y exceso de consumo ante una población que, a mediados del siglo llegará a ser superior numéricamente a las posibilidades del planeta.

El agua es un bien público. Es un recurso precioso y finito y solamente en manos del Estado se puede garantizar el suministro de ella a todas las poblaciones en condiciones equitativas y justas. Hay que frenar ya esta ola privatizadora, que se volverá un tsunami a medida que los empresarios privados y los países en desarrollo comprendan que están comprando oro azul y que los propietarios de estas minas serán los que pongan las condiciones en un futuro.

Con el agua se avizora un “futuro conflictivo” como lo dice Philip Ball en su libro H2O, una biografía del agua. Él dice sabiamente: “Al intentar aplicar nuestro concepto de propiedad a un recurso cuya naturaleza se opone a la idea misma de propiedad, hemos generado una receta perfecta para generar conflictos”. Y cita a Karl Wittfogel: “Las tiranías se legitiman erigiéndose en árbitros del agua”.

Cuando Federico Restrepo Posada –hoy a la cabeza de las Autopistas de la Prosperidad– era gerente de EPM, me correspondió hacer un libro que respondiera a la pregunta de propios y extraños: ¿cuál es la clave del éxito de esta empresa? En esta obra, después de una profunda investigación, quedó claro que la primera clave del éxito de EPM fue la visión de sus fundadores de crear una empresa autónoma y de propiedad pública. Mantenerla de esta manera ha permitido que hoy EPM sea una salvación para el país en materia de suministro de agua y energía.

En el mencionado libro de EPM se plantearon los escenarios críticos para la empresa en el presente y hacia el futuro y allí quedó plasmado el peligro de las tendencias privatizadoras del agua, recurso que provee más del 90 por ciento de sus ingresos. Me parece imposible que un gobernante como el presidente Santos, que el día de su posesión fue a la sierra nevada de Santa Marta a prometer ante los indígenas el respeto a la naturaleza en su mandato, esté decidido a vender a Isagén, empresa mayoritariamente pública, que también como EPM tiene en su esencia el agua como recurso. Esta salida en falso le puede costar su reelección mucho más que cualquiera otra equivocación. Aquí se está jugando con el futuro y la vida.

EPM no ha dicho qué hará con sus acciones en Isagén. ¿Se le ocurrirá venderlas como hizo recientemente con UNE? La coherencia de los gobernantes de Antioquia quedó en entredicho con esta decisión y se jugaron su prestigio político. Antioquia tiene un museo del agua, tiene el parque Explora donde hoy exhibe la exposición del Museo de Historia Natural de Nueva York llamada Aguay para inaugurarla realizó un soberbio concierto llamado Agua y Tango, en homenaje a este líquido vital. Antioquia es agua y le corresponde jalonar una nueva cultura y una legislación coherente sobre la forma como el país y su gente va a seguir concibiendo, utilizando y administrando el agua.

El agua es un oro azul invendible. Un gobernante se puede equivocar en muchas cosas, pero en esta no, porque es la vida de todos la que está en juego.

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