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Tercerías, ¿con quiénes?

Tercerías, ¿con quiénes?

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Antonio Navarro –el más astuto y centrado de los políticos salidos de la izquierda colombiana– anda buscando figuras que se midan a una tercería, pensada para las elecciones del 2014. Para conseguirlo, el exconstituyente tendrá que hacer un barrido por las disidencias que no han sido untadas con la “mermelada” del Gobierno ni encandiladas por los relámpagos del uribismo, que reclama su tercera oportunidad sobre la Tierra.

La coalición que se enfrente a la reelección de Juan Manuel Santos tendrá que disputarle electores al candidato de la derecha vergonzante que se hace llamar centro. Y lo más antipático de todo para un izquierdista: sonsacarle militancia a la izquierda del Polo cuidándose de rescatar lo que queda de los ‘verdes’ y socialdemócratas fugados de las toldas liberales.

La tercería propuesta por Navarro tendría mucho de ensalada nacional de disidentes. Recogería a quienes se resistieron al canto de sirenas de la Unidad Nacional y trataría de seducir a una franja cada día más consistente de ciudadanos que rechazan el oportunismo de los partidos, tanto su reciclaje burocrático como su enmohecimiento ideológico.

Una de las cosas que despiertan sospechas en el ejercicio de Navarro es el reciclaje de viejas aunque importantes figuras del establecimiento liberal, como José Antonio Ocampo; la otra, el carácter coyuntural de una coalición pensada para entrar por la tronera que abriría el descrédito del presidente Santos.

A diferencia de los uribistas, la tercería de Navarro y sus aliados no dispararía contra el proceso de paz de La Habana. Por el contrario, buscaría fortalecerlo, como fortalecería el clima político de una futura y acaso cercana participación política de los antiguos guerrilleros. Incluso, si se diera la reelección de Santos, la tercería tendría que ir más allá de su segundo gobierno.

El mayor rival que encontraría esta tercería no estaría a la derecha, sino a la izquierda. Al constituirse en verdadero centro democrático, empujaría hacia su derecha natural al uribismo, pero, al pellizcar espacios progresistas a la izquierda, tendría en ella a su rival más combativo. Y estaría bien: la izquierda necesita el contrapunteo programático del centro. Sería una bisagra indispensable en la recomposición del mapa político posterior al 2014.

Las disidencias de centro izquierda no han podido conquistar aún en Colombia un espacio duradero, con posibilidades de formar un partido moderno, como los existentes en Brasil y Chile, por ejemplo. Somos un país bipartidista, con miedo a romperle el espinazo a la polarización, pero con más miedo si se trata de ensanchar la democracia desde el centro hacia la izquierda.

Cada cierto tiempo, sin embargo, se asoma una robusta franja de ciudadanos desencantados de los partidos políticos tradicionales. Se trata de una franja volátil: acompaña con su entusiasmo las alternativas que aparecen en el horizonte y se apagan cuando esas alternativas hacen mutis de un día a otro por el foro, como los ‘verdes’, una de las grandes decepciones del 2010.

Si la tercería que se asoma en el panorama no es concebida con el único propósito de rivalizar con la reelección de Santos o impedir el regreso de Álvaro Uribe en cuerpo ajeno; mejor dicho, si no es una simple pesca de votos disidentes, debería buscar aquello que no se ha encontrado aún: la constitución de un partido fuerte de centro izquierda, más cerca de los pactos ciudadanos que de las hipotecas del clientelismo electoral.

collazos_oscar@yahoo.es

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