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40 años después del golpe, Chile aún está lejos de la reconciliación

40 años después del golpe, Chile aún está lejos de la reconciliación

Este miércoles se conmemoran cuatro décadas del golpe militar que derrocó a Salvador Allende.

A 40 años del golpe en Chile, las heridas siguen abiertas y la reconciliación se plantea como una decisión más personal que colectiva, con una derecha dividida entre el mea culpa y la justificación de la dictadura y una izquierda que, en algunos casos, perdona, pero no olvida.

Han pasado 23 años desde que Augusto Pinochet abandonó el poder y siete desde su muerte, pero siguen vivos en la memoria los 3.200 muertos, de los que 1.200 siguen desaparecidos, y las 38.000 víctimas de prisión política o tortura durante su régimen. Sin olvidar a los miles y miles de exiliados, muchos de los cuales se refugiaron en Colombia.

La mayoría de los 800 procesados o condenados no han colaborado en esclarecer los crímenes ni en localizar a los desaparecidos y apenas unos 60 exmilitares están recluidos en Santiago en dos cárceles especiales con numerosos privilegios.

“La reconciliación entendida como un reencuentro de los chilenos es imposible, porque subsisten dos visiones respecto de lo que sucedió”, dice Mireya García, vicepresidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD). García considera que “para que haya perdón tiene que haber justicia, sanción a los responsables, saber qué pasó con los detenidos desaparecidos y, sobre todo, una toma de conciencia que impida cualquier justificación de los crímenes cometidos”. Y eso último parece difícil porque todavía hay personas que justifican el golpe sobre la base de los problemas económicos que había en el gobierno de Salvador Allende (1970-1973) y la supuesta amenaza de que el país cayera en manos de un modelo totalitario de izquierda.

El perdón para las víctimas directas es más difícil. Fernando Caro, que hoy tiene 54 años y que con solo 14 estuvo detenido en varios centros de tortura por su militancia izquierdista, comenta: “La versión oficial es que aquí ya se superó todo y nos dimos un abrazo de perdón, pero yo no he perdonado ni perdonaré nunca a los que mataron a mis compañeros”. Aunque hay excepciones. Mario Aguilera, periodista de profesión y víctima de la dictadura, dice que se siente “reconciliado” y cuenta cuando le tocó entrevistar a uno de sus torturadores, Basclay Zapata Reyes, entonces libre y ahora preso. “Nos dijimos de todo. Me pidió perdón. También al resto de las víctimas. Él era uno de los peores, uno de los violadores de la Dina (policía secreta). Muchas mujeres pasaron por sus manos”.

A pesar del amplio y documentado expediente de violaciones de los derechos humanos, la mayoría de los exuniformados vinculados al golpe defienden su legado. Es el caso del general retirado Eduardo Iturriaga Neumann, que en una carta aseguró recientemente que no habrá una “verdadera reconciliación” mientras 60 militares sigan encarcelados.

Señales positivas

Esta semana, la principal asociación de jueces de Chile pidió perdón por sus “acciones y omisiones” en ese periodo, mientras que la Corte Suprema ha reconocido “que no hizo lo suficiente en la dictadura”, pero evitó hablar de perdón.

Por primera vez desde el final de la dictadura, el Gobierno está encabezado por un presidente de derecha. Y aunque en el plebiscito de 1988 Sebastián Piñera votó por el ‘no’ a la continuidad de Pinochet, su sector político se divide entre el perdón y la defensa del legado del dictador.

El ministro del Interior, Andrés Chadwick, primo hermano de Piñera y miembro de la ultraconservadora Unión Demócrata Independiente (UDI), ha declarado que siente un “profundo arrepentimiento” por haber sido partidario de un gobierno en el que se violaron los derechos humanos.

“A veces es fácil hablar de reconciliación para aquellos que no han vivido el dolor, pero para quienes viven el dolor diario, que no tienen la posibilidad de saber qué pasó con sus seres queridos, creo que es algo difícil, por no decir imposible”, señaló, por su parte, la portavoz del Ejecutivo, Cecilia Pérez, nacida en 1974.

Pero la voz más llamativa fue la del senador de la UDI Hernán Larraín, que hizo un mea culpa al presentar un libro titulado Voces para la reconciliación. “Yo pido perdón por lo que haya hecho o por omitir lo que debía hacer”, dijo.

En cambio, Evelyn Matthei, candidata presidencial de la derecha, militante de la UDI e hija de un general que integró la junta militar, afirmó que en 1973 ella tenía 20 años y que, por lo tanto, no tiene por qué pedir perdón.

Más radical, el diputado de la UDI Iván Moreira, voz del pinochetismo militante, sentenció: “Pinochet nos salvó la vida. (...) El tema de los derechos humanos es hoy día un botín electoral para la izquierda y no deberíamos aceptar que nos estén llamando a pedir perdón”.

En síntesis, el mismo Chile que está a punto de alcanzar un ingreso per cápita de 20.000 dólares, el más alto de la región, y que en democracia ha logrado reducir la pobreza a un 14 por ciento, sigue sin reconciliarse.

EFE

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