Secciones
Síguenos en:
La guerra de Obama

La guerra de Obama

notitle

Volverán a embarrarla, no aprenden. Y lo peor es que nos embarcan a todos en su locura. Occidente pagará la infinita soberbia de Washington, porque bombardear a Siria para castigar al dictador es una provocación inútil y peligrosa.

Ni detendrá la guerra que devasta a ese maravilloso país, ni socavará el poder del tirano. Incluso, si acabara con Asad por la fuerza, el futuro sería igual de oscuro porque los rebeldes, que son una heterodoxa amalgama de movimientos de distinto pelaje, prolongarían el caos y tampoco garantizarían una paz estable.

Que analice Obama el infierno en el que convirtieron a Irak, en contra de la opinión de miles de millones de ciudadanos de todo el mundo que tienen más sentido común que los incompetentes gobernantes que eligen. No era necesario ser un genio para saber que George Bush y sus aliados europeos cometían una atrocidad y una torpeza de consecuencias impredecibles. También entonces aseguraron que sería una operación quirúrgica de escasas semanas.

Los tribunales internacionales deberían juzgar al tejano como criminal de guerra por provocar destrucción y cientos de miles de muertes al inventar teorías conspiratorias y armas de destrucción masiva que nunca existieron.

Y ahora Obama, que recibió un inmerecido Nobel de Paz y que aún no ha cerrado Guantánamo, sigue sus pasos sin escuchar a incontables personas en toda la Tierra que advierten de los riesgos de una intervención militar gringa en un país árabe enclavado en una región muy conflictiva e inestable.

Las encuestas en el imperio muestran que más del sesenta por ciento de los estadounidenses está en contra del ataque contra Siria, pero una comisión de Relaciones Exteriores del Senado dio su visto bueno. En Gran Bretaña, el Parlamento rechazó las pretensiones bélicas del Primer Ministro conservador, mientras que el francés Hollande, del Partido Socialista, pretende lanzar a su nación, plagada de islamistas radicales, a una aventura condenada al fracaso.

Incontables expertos auguran el desastre, puesto que Washington puede saber cómo comienzan los bombardeos, pero no tienen ni idea de cómo acaban ni han calculado bien los terremotos colaterales que causan.

Obama jura que sólo atacarán dianas precisas en un periodo de tres meses máximo, y que el fin no es tumbar al régimen sino castigarlo por usar armas químicas en una masacre.

¿Creerá que un Estado como el sirio, acostumbrado a la guerra, se quedará de brazos cruzados aguardando que le lluevan misiles? ¿O que sus principales valedores, Rusia y China, se harán los pendejos?

Y es vomitiva la doble moral de Occidente. Por décadas, el egipcio Mubarak fue el amigo más adorado pero un día ayudan a tumbarlo por tirano. Luego les asusta el triunfo cantado de los Hermanos Musulmanes, los únicos con estructura social y política, y permiten que los saquen en un golpe de Estado.

Para ellos, unos dictadores son siempre buenos, así sean megacorruptos y bárbaros con las mujeres –Arabia Saudita y los Emiratos–, y otros pueden ser estupendos o detestables, según sople el viento. No olviden que Sadam Husein fue el gran aliado de Washington.

El sátrapa sirio, amigo de Irán y de Hezbolá, es fiel reflejo de su padre, un déspota despiadado. Pero la guerra de Obama solo expandirá el conflicto y no solucionará nada.

Salud Hernández-Mora

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.