Editorial: En busca de un nuevo aire

Editorial: En busca de un nuevo aire

07 de septiembre 2013 , 07:19 p.m.

La semana que termina marca el fin del que, sin duda, ha sido el periodo más difícil de Juan Manuel Santos en su labor como Presidente de la República. Los vientos en contra que se habían levantado desde mediados de agosto, a raíz de los paros y las movilizaciones conocidas, le acabaron pasando al mandatario una costosa factura, tal como quedó expresado en las encuestas, que muestran una fuerte descolgada de sus índices de favorabilidad.

Aunque en los últimos días se lograron acuerdos con los representantes de diversos sectores y la normalidad ha regresado a buena parte del territorio, el balance de los daños es elevado. Aparte de las pérdidas de todo tipo, el descontento popular puso al Gobierno a la defensiva y precipitó, de paso, una crisis de gabinete que llevó a que fueran remplazados los ministros de cinco carteras claves, además del jefe de Planeación Nacional.

El nuevo equipo incluye a personas que cumplen la doble condición de conocer los temas a su cargo y representar a regiones en las que se siente cierta orfandad con respecto a Bogotá. No obstante, es innegable que solo hasta que cese la interinidad actual y se ajusten tuercas aquí y allá no será posible calificar con más elementos de juicio el talante de quienes deberían acompañar al jefe del Estado hasta el final de su gestión, en agosto del 2014. Pero los recién llegados –al igual que quienes fueron ratificados– deben tener claro que la ciudadanía espera de ellos dedicación, trabajo y más resultados que promesas.

La importancia de que las cosas le funcionen al Ejecutivo va mucho más allá de las posibilidades de reelección de Santos o la redistribución de fuerzas en la arena política. El desafío central consiste en devolverle la confianza en el futuro a un país que considera en forma mayoritaria que las cosas no van por el camino correcto.

Si la nube oscura que ensombreció el devenir nacional a finales del siglo pasado vuelve a posarse sobre Colombia, será muy difícil continuar por la senda de las transformaciones que han permitido un rápido descenso de las tasas de pobreza y una expansión sin precedentes de la clase media. Para ello es necesario que regrese la fe en las instituciones, condición indispensable a la hora de conseguir que la inversión productiva crezca y florezcan las oportunidades y el empleo.

En este objetivo es indudable que el Presidente debe jugar un papel crucial, lo que implica conservar su capacidad de hacer propuestas e impulsar cambios. Sin embargo, tal habilidad se ve limitada cuando la Administración pierde margen de maniobra y queda obligada a reaccionar en forma defensiva.

Aunque en casos de caída de imagen no falta quien recuerde aquel adagio según el cual “la popularidad es para gastarla”, hay formas de formas a la hora de girar contra el capital político. En lo que atañe a Santos, sus problemas recientes tienen mucho que ver con la incapacidad gubernamental de interpretar las señales de alarma que se encendieron en múltiples áreas, a la cual deben agregarse declaraciones desafortunadas, que sirvieron para echarle gasolina al fuego.

En sus intervenciones recientes, el mandatario sostuvo que el chaparrón de los últimos días servirá para que el Ejecutivo aprenda de los errores cometidos y pueda enmendar la plana. Ojalá así sea, pues la Casa de Nariño necesita tomar aire con el fin de enfrentar una recta final en la cual no solo la campaña promete ser particularmente intensa. Es incuestionable que la marcha de las conversaciones con las Farc y la eventual ratificación de los acuerdos que se firmen serán fuente de polarización e intensos debates.

Ante lo que se viene, el gabinete tendrá que estar a la altura de las circunstancias. Esto quiere decir que hay que oír más las voces que se levantan en las regiones, pero también explicar mejor el motivo de ciertas determinaciones y lo que se espera conseguir con tal o cual estrategia. Sea entonces este el momento de pedirle a Santos que acorte un poco la rienda que tradicionalmente les da a sus colaboradores y que, junto con el estilo de delegar responsabilidades, se imponga el de la rendición periódica de cuentas.

De manera paralela, la Presidencia debe aprender a comunicarse mejor con la gente. Es verdad que en el Ejecutivo hay cierta frustración porque el público no reconoce algunos de los cambios que para mejor ha experimentado el país, pero tal vez eso tiene que ver con un discurso oficial que a veces pinta ‘pajaritos de oro’ en exceso, cuando la realidad es mucho más desafiante. Sin desconocer las realizaciones, también hay que reconocer las carencias, que son muchas en una sociedad aún violenta y desigual.

En consecuencia, es de esperar que el ‘palo’ recibido en las encuestas les sirva a Juan Manuel Santos para ser un poco más humilde en ciertas actitudes y al Gobierno para reconocer que no tiene todas las respuestas. En la medida en que eso ocurra, el bache actual será temporal y el ánimo colectivo podrá mejorar, junto con la convicción de que a todos nos va mejor cuando jugamos en equipo, como lo hace la selección de fútbol. Ahora el reto es llevar esa actitud del campo de juego a la realidad nacional, para ganarle la partida a un desánimo que no conviene a nadie.

editorial@eltiempo.com.co

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