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Aminata Touré, dama de hierro para acabar con la corrupción en Senegal

Aminata Touré, dama de hierro para acabar con la corrupción en Senegal

La nueva primera ministra de ese país africano que busca acabar con la impunidad.

La lucha contra la corrupción en Senegal lleva el nombre de Aminata Touré, la nueva primera ministra de ese país africano y hasta ahora titular de Justicia: una 'dama de hierro' que ha puesto en marcha todos los mecanismos a su alcance para acabar con la impunidad.

"En la actualidad, hemos recuperado unos 30.000 millones de francos CFA (unos 60 millones de dólares o 45 millones de euros) que han sido ingresados en las cajas del tesoro público", señaló Touré, en una declaración de intenciones de lo que está por llegar en Senegal. "Hay una nueva cultura (contra la corrupción) que ha cogido desprevenidos a algunos políticos, y que es también un mensaje para los que están ahora en el Gobierno", comentó primera ministra en un reciente encuentro con la prensa internacional en Dakar. El empeño en contra de la corrupción de esta economista de 50 años, la segunda mujer en llegar a jefa del Gobierno en Senegal, le ha costado numerosas enemistades, pero también infinitas simpatías.

Para Omar Ba, un técnico agrícola de 40 años, "Touré está desempeñando un papel muy relevante" y, durante su tiempo como responsable de Justicia, cumplió "las aspiraciones de los senegaleses a vivir en un estado de derecho que no garantice la impunidad a nadie". "La veo muy bien como primera ministra -agrega Ba- para impulsar los cambios anunciados por el presidente, Macky Sall (restablecer la autoridad del Estado, fortalecer el estado de derecho y garantizar los derechos humanos)". Pero no todo son parabienes, como demuestra la opinión -muy extendida entre los miembros y simpatizantes del anterior Gobierno- de Oumy Ndiaye, de 41 años y funcionaria del Ministerio de Finanzas. "Actúa como una señora de horca y cuchillo, y lo hace con una actitud soberbia e intransigente, que contrasta con la tradición de tolerancia y diálogo que siempre ha caracterizado al 'homo senegalensis'", señala.

En contra de lo que piensan sus detractores, Touré defiende que su cruzada no es una caza de brujas: Aminata advierte de que irá hasta el final para acabar con la corrupción, pero asegura que garantizará a los acusados "un juicio justo y equitativo". Con este pensamiento, la veterana activista a favor de los derechos humanos se enfrenta a los procesos contra el antiguo ministro Karim Wade, hijo del expresidente Abdoulaye Wade y detenido por supuesto desvío de fondos públicos, y también del exdictador chadiano Hissen Habré, quien se refugió el Senegal tras su derrocamiento en 1990.

El llamado "Pinochet africano" gozaba hasta ahora de una vida tranquila en la capital senegalesa, mientras organizaciones humanitarias reclamaban justicia para los cerca de 40.000 muertos que hubo bajo su régimen. Ahora, en cambio, Habré está detenido desde el pasado 30 de junio por supuestos crímenes de lesa humanidad, y un tribunal especial creado en Dakar le juzgará por los hechos acaecidos durante su mandato, entre 1982 y 1990. Ni él ni sus abogados parecen dispuestos a colaborar en el proceso, un hecho que no perturba a Touré: "No hay nada excepcional en la actitud de Habré y sus letrados. Lo más importante es que haya un proceso justo y equitativo, y el tribunal lo garantizará tanto al expresidente chadiano y como a quienes comparezcan".

Aminata Touré navega en una ola creciente de simpatía y popularidad entre la opinión pública, especialmente entre las senegalesas, quienes la consideran un modelo, un símbolo vivo de la nueva generación de mujeres. En Mbour, una localidad a unos 80 kilómetros al sur de Dakar, varios jóvenes han iniciado el llamado "Movimiento Aminata Touré, la Dama de hierro" para respaldar sus acciones. Nombrada para el cargo el pasado domingo, la flamante primera ministra, tiene tres hijos y está divorciada de Oumar Sarr, ministro bajo el corrupto régimen de Abdoulaye Wade. Licenciada, posgraduada y doctora por universidades francesas y estadounidenses, exmilitante de izquierdas y con una carrera de más de una década fuera de su país como funcionaria del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), Touré era apenas conocida en su país.

EFE

 

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