Cárcel en desierto de Perú: el final de europeas que trafican droga

Cárcel en desierto de Perú: el final de europeas que trafican droga

Las extranjeras permanecen en celdas separadas a las peruanas.

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05 de septiembre 2013 , 02:04 p.m.

La cárcel más nueva de Perú, en Ancón, a 40 kilómetros de Lima, está rodeada de dunas de arena, en un desierto neblinoso que hace más profunda la soledad de jóvenes europeas presas por tráfico de cocaína. Hace dos años que Karen, una holandesa de 21 años, vive junto a otras siete reclusas en un celda sin ventanas. Casi todas están en sus veinte años. Y cambiaron abruptamente las luces de ciudades de Europa por la oscuridad de una prisión peruana.

"Era la primera vez que traficaba. Me atraparon con cinco kilos de cocaína que llevaba para Amsterdam", cuenta. En las paredes de la celda hay fotos de modelos, hombres y mujeres. Y una leyenda con grandes letras sobre su cama dice ‘Libertad’. "Después de un tiempo uno se acostumbra a esta vida", dice Karen. Pero no todas sus compañeras piensan lo mismo. Isabel, una madrileña de 25 años, no soporta el encierro. "Me siento como un caballo que necesita salir a correr", se queja. A la española aún le cuesta creer que esté allí. "Nunca imaginé que podía caer en esto. Cuando venía en el avión hacia Perú me decía a mí misma: '¿Qué estoy haciendo?', pero ya no podía ir atrás", dice. Cuenta que se convirtió en ‘mula’ porque no tenía trabajo y necesitaba dinero. Una situación que se repite entre jóvenes de toda Europa, los más golpeados por la desocupación.

"Me iban a pagar 10.000 euros. Y como a todas las que estamos aquí me dijeron que en Perú no había control, que era muy fácil salir con la droga, y que si había algún problema se pagaba a la policía y listo". Llevaba dos kilos de cocaína en un doble fondo de su mochila cuando fue detenida en el aeropuerto de Lima. "Conocía a otros que lo habían hecho y les fue bien", se lamenta. Isabel está a cargo de la biblioteca de la prisión junto a su amiga Paola, una italiana de 25 años. "Aquí hay mucho criminal, así que lo que más les interesa leer a todos son las novelas policiales. Se ven reflejados", cuentan las dos riendo.

"O trabajas o estudias"

El pabellón de mujeres de la cárcel Ancon II, a 40 kilómetros de Lima, fue inaugurado en 2011. Las extranjeras, casi todas presas por tráfico de droga, están separadas de las presas peruanas, pero se juntan en talleres de formación.

"Es una prisión que busca aplicar un nuevo modelo: 'O trabajas o estudias', explicó a Marisa Salvador, directora de talleres del penal. Por ello para las mujeres se ofrecen distintas actividades como peluquería, textil, gastronomía y bisutería. "Hay un buen clima en general. Quienes vienen aquí ya estuvieron en otros penales. Y de aquí ya saben que salen en libertad", comentó la agente penitenciaria Dennise Falconi Rivera.

El último caso de traficantes europeas en Perú que captó la atención de la prensa mundial involucró en agosto a una irlandesa de 20 años y una británica de 19, detenidas cuando intentaban viajar con 11 kilos de cocaína hacia España, país del que proviene el mayor número de ‘mulas’ que llegan a Perú.

Al menos 248 extranjeros, en su mayoría españoles (62), fueron detenidos en 2012 en el aeropuerto internacional de Lima por intento de tráfico de cocaína a Estados Unidos, Europa y Asia, según la Dirección Antidrogas peruana (Dirandro).

El principal destino de la cocaína peruana es Estados Unidos Unidos, donde el kilo de cocaína se comercializa a más de 30.000 dólares. En Europa asciende a 45.000 dólares y en Asia a 110.000 dólares, según la Dirandro.

A Perú de fiesta

"Vine a Perú de fiesta. Para consumir droga y pasarla bien. Me encontraron con cocaína en un hotel y me detuvieron", cuenta la italiana Paola, y se queja de que está presa desde hace casi un año y medio, aún sin condena. Relata que a los 18 años vivía sola, trabajaba como barman en Bologna y se drogaba.

"Este tiempo al menos me ha servido para terminar con eso. Lo intenté muchas veces y no pude". Y admite que no tiene claro su futuro. "No quisiera volver a Italia. Quiero ir a otro sitio cuando salga, no sé adónde. Quizás Australia. Los sueños son tantos y tan grandes, pero la realidad es pequeña", dice. Las jóvenes presas comparten un baño que está en el medio de la celda, donde hay un grifo para bañarse con agua fría. Cuentan que en ese desierto las noches son húmedas y heladas. La mayor parte de las reclusas europeas enfrenta condenas por tráfico de droga de más de seis años.

A muchas les restan entre tres y cuatro años de cárcel. "No sabemos si podremos lograr una reducción de penas. Aquí nadie sigue nuestros casos, nadie se ocupa de nosotras. Cada una tiene que arreglarse como puede", dijo Karen, con la esperanza de que los 36 meses que le quedan puedan ser menos. Cuando llega el día en que una sale en libertad, la despiden con una pequeña celebración. Bailan y entonan una canción que repite: "y esas rejas se abrirán, esas rejas se abrirán".

AFP

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