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Editorial: Eficiencia antes que elocuencia

Editorial: Eficiencia antes que elocuencia

Si algo ha generado consenso, luego de las jornadas de protesta que ha vivido el país en los últimos días, es lo inaceptable que resulta el vandalismo que las ha acompañado y que tanto ha perjudicado las reivindicaciones de quienes protestan movidos por causas en su mayoría legítimas.

En el caso de Bogotá, no solo fueron los daños de estaciones de TransMilenio, locales y mobiliario urbano del centro de la ciudad. Habitantes de localidades como Engativá, Bosa y Suba presenciaron horas nocturnas de terror en las que turbas de maleantes saquearon y destrozaron decenas de establecimientos. El saldo trágico fue de dos jóvenes muertos y más de 200 heridos, entre civiles y policías. Según Fenalco, hubo, además, 1.500 negocios afectados y pérdidas por 3.000 millones de pesos.

No es la primera vez que algo así ocurre. Y hay motivos para afirmar que no se trató de una movilización espontánea, sino de una bien calculada movida de personas interesadas en pescar en río revuelto. Es necesario, por lo tanto, que las autoridades no solo sancionen severamente a los responsables, sino que develen quiénes manejaron los hilos. Y es aquí donde no se ven buenas señales.

Por un lado, el Gobierno Nacional, a través del Ministro de Defensa, ha señalado a las Farc. No coinciden con esta lectura el alcalde Gustavo Petro, quien, a través de Twitter, ha sugerido que bandas criminales, en particular ‘los Paisas’, contactaron a los capos del microtráfico en los barrios para que promovieran los desmanes.

Sea quien sea el responsable, lo cierto es que la ciudadanía espera ahora más eficiencia que elocuencia. Lo deseable aquí sería tener a las instancias locales y nacionales trabajando de forma coordinada.

Bogotá no resiste una nueva arremetida de este tipo. Ahora, el reto es explorar todas las hipótesis para pronto saber, con evidencia suficiente, quiénes se esconden tras las capuchas. Y para esto el mejor camino es el de la discreción y la cautela, evitar tanto los protagonismos como la tentación de aferrarse a una sola lectura de los hechos. De lo contrario, el río se hará más turbio, y más difícil será averiguar quiénes son los pescadores en busca de ganancias.

editorial@eltiempo.com.co

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