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'El bullerengue me mantiene viva:' Banquez

'El bullerengue me mantiene viva:' Banquez

Ceferina Banquez fue premiada por su aporte a la cultura ancestral.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
23 de agosto 2013 , 03:20 p. m.

Tenía que cantar para espantar tantos demonios que la acechaban, y así ocurrió. Después de sufrir en su propia alma la desbocada violencia, primero en los Montes de María, después en el Magdalena, a Ceferina Banquez no le quedó otra opción que recurrir a la rica herencia musical que le dejaron tíos y abuelos.

La cantadora bolivarense, a quien el Ministerio de Cultura acaba de premiar por su aporte a la cultura ancestral, le contó a EL TIEMPO las razones que la llevaron a cantar cuando era abuela.

Dice que el destino se encargó de que se refugiara en el canto, porque de otra manera no se entendería ese infortunio de estar siempre en el corazón de la guerra y salir airosa. Fue dos veces desarraigada, dos veces bofeteada por el miedo, y justamente en las zonas más temidas, donde más sangre corrió.

“Salí de Guamanga (Montes de María), donde nací, porque vi morir mucha gente inocente, entre ellos familiares cercanos, y caí en otro infierno: en una finca entre Tucurinca y Guamanchito, en el Magdalena, reino de los ‘paracos’, y quiso Dios que de las dos saliera viva”.

Fueron casi diez años de miedo. Saltando, como los loros, de un lado al otro, con seis hijos sobre sus hombros (enviudó hace 32 años), sembrando con sus propias manos yuca, ñame y maíz, o recogiendo corozos en las fincas de los palmeros, hasta que dijo ¡ya no más!

Fue en el 2006 que ocurrió el prodigio. A María la Baja llegó en el 2005 desterrada del Magdalena. En las noches en su cabeza se metían los espíritus festivos de sus tías María de los Reyes Terán y María del Carmen Terán, y de Petrona Banquez, hermana de su padre. Todas eran cantadoras.

Fue en el 2006 que se decidió: dejó atrás el machete, el azadón y el garabato, para dedicarse a cantar. “Me metí a esto cuando ya era abuela. No para ganar plata, sino para quitarme ese sufrimiento que me había dejado la guerra, y lo he conseguido. Ahora soy feliz en una tarima viendo a la gente alegre y coreando mi nombre. El bullerengue me mantiene viva, si no fuera por él, ya estaría muerta”, dice.

En el 2010 empezó su primer disco Cantos Ancestrales de Guamanga, con el que acaba de recibir el Premio a la Dedicación del Enriquecimiento de la Cultura Ancestral de las Comunidades Negras, Raizales, Palenqueras y Afrocolombianas, del Ministerio de Cultura.

“Ya tengo 34 canciones inéditas, listas pa’l sancocho, y la garganta como el mochuelo: entre más viejo, más fino”, subraya la mujer que va a cumplir 70 años y que ya tiene 19 nietos y 4 bisnietos.

Juan Carlos Díaz M.
Corresponsal de EL TIEMPO

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