Serguéi Prokófiev (1891-1953)/Opinión

Serguéi Prokófiev (1891-1953)/Opinión

Compositor neoclásico, glorificador del Comunismo Soviético.

22 de agosto 2013 , 02:58 p.m.

En los últimos años del Siglo XIX, en la música, ya distante el Clasisismo y bien avanzado, casi concluyendo, el Romantisismo, la influencia de Debussy y Schönberg significó un rompimiento, en un principio parcial, con el sistema armónico tradicional.

“Estaba así preparado el terreno para que, en otro plano pero en el mismo paréntesis del tiempo, la Escuela Nacionalista congregara a compositores de varias naciones europeas, los cuales buscaban expresar en su música características propias de su país de origen, sin desdeñar del todo las formas clásicas aunque provinieran de otros ámbitos de creación musical, (de Alemania, Francia e Italia, por ejemplo)”. “Rusia fue el líder de ese ‘regreso a los suelos’, en busca de los aires folclóricos. Mikhail Glinka, con el estreno en 1886 de su muy exitosa ópera ‘La vida por el Zar’, considerada como el punto de partida del nacionalismo musical ruso, y uno de los elementos de identidad cultural más importantes para el pueblo ruso”, logró entusiasmar al ‘Grupo de los cinco’, (Alexandr Borodin, César Cui, Mili Balákirev, Nikolai Rimsky-Korsakov, y Modest Mússorgsky) en San Petersburgo, “para quienes, ‘la libertad del folklor y su poder expresivo, era tan solo el pretexto para libertades superiores’, practicando así un pensamiento que habría de manifestarse, en diversas formas, en las obras de los compositores de la Escuela Nacionalista Rusa”.

Con el triunfo de la Revolución Bolchevique de Octubre de 1917, en la música, en Rusia, se presentó un hecho desconcertante: mientras los compositores conservadores Reinhold Glière y Nikolai Miaskovsky permanecieron en San Petersburgo (Leningrado) y Moscú, los dos representantes más calificados de las tendencias de vanguardia en Rusia, Igor Stravinsky y Serguéi Prokófiev viajaron al exterior, éste último “…nó por estar en desacuerdo con la revolución, sino por desear ponerse en contacto directo con el arte musical de la época”.

Serguéi Serguéievich Prokófiev, pianista, compositor y director de orquesta ruso, nació en 1891, en Sontsovka, una aislada provincia rural del este de Ucrania, que formaba parte del Yekaterinoslav Governorate del Imperio Ruso. Fue único hijo de una familia pudiente, su padre, un ingeniero agónomo y su madre, una talentosa pianista.

En su temprana formación musical e inspiración de niño prodigio, tuvieron notable influencia las lecciones de piano que su madre tomaba periódicamente en San Petersburgo y Moscú, con las que ella practicaba en el piano diariamente obras de Beethoven y de Chopin.

También, de sus proezas de niño superdotado, son memorables la composición, a los cinco años, de su primera obra, ‘Indian Gallop’, y a los nueve años, de su primera ópera, ‘El Gigante’. Se iniciaba, también en esos años, su aprendizaje y perfeccionamiento del ajedrez, “….disciplina, la cual, en él llegó a convertirse en pasión, que alternaba con su devoción por la música y que lo llevó también a tomar parte en eventos a nivel internacional, frente a campeones mundiales de ajedrez, como el cubano José Raúl Capablanca, ‘el Mozart del ajedrez’, (llamado así por su talento precoz en el JuegoCiencia), a quien venció durante una Exhibición de partidas simultáneas en 1914.

Verdaderamente impresionado con la música compuesta por el joven Prokofiev, el compositor Alexander Glazunov, profesor del Conservatorio de San Petersburgo, sugirió y recomendó a Prokófiev su ingreso al Conservatorio, en donde estuvo, desde 1904 hasta 1914, estudiando con Anatoly Lyadov, Nikolai Tcherepnin, Nikolai Rimsky-Korsakov, Boris Asafyev y Nikolai Myaskovsky.

A la muerte de su padre en 1910, con fama de compositor iconoclasta que adquirió en los años en el Conservatorio, “…sus composiciones ya causaban escándalo por su tendencia vanguardista. Así, en ‘Sarcasmos, para Piano’, obra compuesta en 1912, es evidente el extenso uso de la politonalidad, una multiforme estructuración de la figura melódica y el campo armónico tradicionales, al igual que en los ‘Estudios’ del Opus 2 y en las ‘Cuatro Piezas’, obras de 1909, en su composición son frecuentes las disonancias y el cromatismo”.

De sus dos primeros conciertos para Piano, también de aquellos años, “…es célebre el incidente escandaloso de la première del Segundo concierto, el 23 de Agosto de 1913 en Pablosk, durante la cual, la audiencia abandonó el Auditorio visiblemente alterada, con expresiones como: ‘…Al infierno con ésta música futurista!! …los gatos en el techo, hacen mejor música que ésta’”.

En el panorama musical de San Petersburgo, el nombre de Prokofiev comenzó a ser conocido, tanto por la originalidad de sus composiciones, como por el carácter revolucionario de sus ideas. Con todo, aquellas no eran tan consistentes en algunos aspectos. “Por ejemplo, en los años de la primera década del Siglo XX, en pleno entusiasmo de los compositores avant garde por obras como ‘Pelléas et Mélisande’ de Debussy, o por ‘Pierrot Lunaire’ de Schönberg, Prokofiev manifestaba que su predilección, en materia de compositores, seguía siendo por Tchaikovsky, Grieg y Wagner”.

El encuentro inicial de Prokofiev con Sergei Diaghilev , empresario de los famosos Ballet Rusos, fue en 1913, durante su primer viaje al exterior, viaje que incluyó visitas a Londres y a París. En aquella ocasión, Diaghilev le sugirió componer un ballet, en colaboración con el poeta simbolista Gorodetzki, basado en temas de las viejas leyendas rusas. “El ballet, con el nombre de ‘Suite Escita’ para Orquesta, tuvo relativo éxito, no obstante ser criticado por algunos por no corresponder con la línea nacionalista rusa”.

En 1914, Prokofiev, interpretando su propio Concierto Nº 1 para Piano, ganó el primer premio en un concurso, dentro de la que se llamó ‘Batalla de los pianos’, en el cual compitieron los cinco mejores estudiantes de piano del Conservatorio, al término de su permanencia en esa institución.

Cuando en 1914 estalló La Primera Guerra Mundial, Prokofiev regresó al Conservatorio e inició estudios en la ejecución del órgano, principalmente para evitar ser reclutado.

Entonces, compuso ‘El Jugador’, ópera basada en la novela del mismo nombre de Fedor Dostoievski, para su estreno en 1917. “La obra es una comedia y un estudio de la obsesión, que revela el lirismo de Prokofiev y su fascinación por los estados anormales de la mente”. Sin embargo, la première de la obra se canceló, debido al estallido de la Revolución Bolchevique.

También, durante el verano de ese año de 1917, Prokofiev compuso su primera sinfonía, la Sinfonía ‘Clásica’, cuyo nombre, de la autoría del propio compositor, corresponde, según sus palabras, al hecho de que su estilo es el que, “…hubiera usado Franz Joseph Haydn para componerla, si estuviera vivo en esos días”. “Si bien el estilo de la obra sí es más o menos ‘clásico’, igualmente en ella se aprecian elementos musicales modernos, propios del Neoclasisismo”. La Sinfonía Clásica es contemporánea del Concierto para Violín Nº1, pero los estrenos de ambas obras debieron ser aplazados para 1918 y 1923, respectivamente.

Después de permanecer algún tiempo en San Petersburgo, “…aún en el fragor de la lucha con las fuerzas de la Rusia Blanca, en 1918 Prokofiev tomó la determinación de salir temporalmente de Rusia para ir a los Estados Unidos, pues consideraba que no era la casa para su música experimental”. “Antes de la salida de su patria, Prokofiev rindió sus ‘descargos’, a manera de ‘justificación’ ante funcionarios de la nueva dirigencia bolchevique, incluyendo a Anatoly Lunacharsky, Comisario para la Educación del Pueblo, quien le manifestó: ‘Usted es revolucionario en su música, y nosotros somos revolucionarios en la vida. Debiéramos trabajar juntos. Pero si usted desea ir a América, nosotros no se lo impediremos’ “.

Siguieron entonces 15 años de vida errante, viajando por Francia, Inglaterra, y otras ciudades europeas, así como también por los Estados Unidos., cosechando durante aquellos años, grandes éxitos como pianista.

Siempre se reafirmó en Prokofiev su admiración por los clásicos, con expresiones como “…quedan muchas cosas por decir en do mayor”, o también como “…la disonancia constituía, para Bach, la sal de la música. Otros han añadido pimienta y especias cada vez más abundantes,….y toda la música se ha convertido en pimienta. Yo creo que la gente se ha cansado de ello. Nosotros queremos un estilo musical más simple, más melódico, una calidad de emoción más directa, menos compleja”.

A su llegada a los Estados Unidos, el debut de Prokofiev fue un recital de Piano muy exitoso en Nueva York y, por su relación con ilustres exiliados como Sergei Rachmaninof, estableció importantes contactos para futuros contratos, entre aquellos el encargo, para la Ópera de Chicago, relacionado con la producción de su nueva ópera ‘El amor de las tres naranjas’, cuya première fue en Chicago en Septiembre de 1921, dirigida por el propio compositor.

El argumento de la ópera se basó en una fábula escénica del escritor italiano del Siglo XVIII Carlo Gozzi. La obra, concebida cuando Prokofiev aún vivía en Rusia, “…iba dirigida contra el naturalismo y la rutina de los grandes epígonos del teatro antes de la Revolución. Alineado, por tanto, en posiciones vecinas al espíritu de la vanguardia rusa en los primeros decenios del siglo, Prokofiev, casi a la manera de Rossini, aceptó las convenciones teatrales y las situaciones inverosímiles, para dar paso a su agudo espíritu irónico, al gusto genuino por la parodia sutil y a su interminable capacidad humorística”.

Después de serias dificultades económicas en los Estados Unidos, Prokofiev regresó a París, en donde reanudó sus contactos con Los Ballets Rusos de Sergei Diaghilev. En la ópera ‘El ángel de fuego’, compuesta entre 1919 y 1923, recurre nuevamente a las fuentes de lo inverosímil, pues en ella “…su teatralidad realista es el aspecto más sobresaliente, con acontecimientos mágicos, la histeria colectiva, las obsesiones diabólicas , etc., que se concentran en gestos de fuerte y elemental dramatismo”. También, en ella “..las densas marañas de tipo expresionista se alternan con páginas de hiriente ironía, y es allí, donde Prokofiev acepta las convenciones de la literatura decadente, para parodiarla mejor”.

Permaneciendo en Europa, pero antes de regresar a París en 1923, contrajo matrimonio con la cantante española Carolina Codina (su nombre, en los escenarios, Lina Llubera). En aquellos años, su producción sinfónica había avanzado notablemente con su Sinfonía Nº2 y su Concierto Nº3 para Piano. Finalizando la tercera década del siglo, en 1927, por encargo de Diaghilev realizó presentaciones muy exitosas de sus óperas ‘El Jugador’ y ‘El amor de las tres naranjas’ en Leningrado (anterior San Petersburgo), así como también la composición de su Tercera Sinfonía, en aquellos días considerada por el director Serge Koussevitzky como “…la más grande sinfonía, después de la Sexta de Tchaikovsky”. El último de los ballets que le encargara Diaghilev, ‘El Hijo Pródigo’, lo compuso en 1929, y su estreno se realizó en París en Mayo de ese año, pocos meses antes de la muerte de Diaghilev.

A principios de la década del 30, los viajes de Prokofiev a la Unión Soviética fueron muy frecuentes y con importantes encargos. Allí le fue encomendada la composición de ‘El Teniente Kijé’, la música para una famosa película soviética. Para el Teatro Kirov de Leningrado, le fue comisionado el Ballet ‘Romeo y Julieta’, acaso la obra maestra de Prokofiev, y la más conocida hoy en día. En la obra, la sucesión de las escenas se articula siguiendo fielmente el modelo de Shakespeare y “…la ironía, ingrediente fundamental de la ‘receta’ de Prokofiev, tan útil para mantener la inspiración fuera de los excesos retóricos, se acompaña con el idilio sentimental contenido pero auténtico, tiernamente efusivo. La belleza de las ideas melódicas, se complementa con la mesura de la composición, la elegancia de los ritmos y de las amalgamas instrumentales”.

Cuando, en 1936, Prokofiev regresó con su familia a vivir en su patria, la política soviética hacia la música había cambiado radicalmente, y se regía por un organismo especial, el Sindicato de Compositores Soviéticos, establecido para controlar las obras de los artistas.

“Los resultados no se hicieron esperar y las nuevas políticas, al limitar las influencias externas, ocasionaron el aislamiento completo de los compositores soviéticos, del resto del mundo. Serguéi Prokofiev y Dimitri Shostakovich fueron sometidos a vigilancia especial por sus ideas. Forzado por las nuevas circunstancias, Prokofiev compuso una serie de obras cortas, basadas en la lírica de poetas soviéticos ‘oficialmente aprobados’ ”. Dentro de esquemas de control aún más rígidos, de aquellos años es también la gigantesca ‘Cantata para el 20 Aniversario de la Revolución de Octubre’, “…inicialmente prohibida, al punto de que la premiére sólo pudo realizarse, parcialmente, en 1966”.

“De mediados de la década del 30, es el Divertimento Pedagógico ‘Pedro y el lobo’, obra propuesta para que los niños aprendiesen a distinguir los instrumentos de una orquesta sinfónica. La que desde entonces fuera archi-famosa composición, hoy en día es un verdadero clásico del género, en todas partes del mundo”.

En 1938, por encargo del director de cine soviético Sergei Eisenstein, Prokofiev compuso la música para la película ‘Alexander Nevski’, la Cantata ‘Alexander Nevski para mezzo-soprano, coros y orquesta' en la cual, algunas de sus escenas de masas se construyen como en ballet, “…siguiendo la dinámica interna de la partitura”. Y en la película, “…exitosa como fue y sigue siendo, el mérito fundamental de la partitura de Prokofiev es la perentoria originalidad de los temas e ideas musicales, enriquecidos con ocasión de la lucha contra los nazis, con evidentes significados propagandísticos, pero presente con la profundidad de los genuinos cantos del pueblo ruso”.

Las sonatas Nº6, Nº7 y Nº8 para Piano, compuestas a finales de 1939 y conocidas con el nombre de ‘Sonatas de Guerra’, “…fueron estrenadas por íconos del Piano como Sviatoslav Richter y Emil Gilels a principios de la década del 40. Como éxitos que aquellas siempre han sido, por muchos se han considerado, especialmente la Nº8, como expresión, ‘in pectore’, del disgusto y frustración de Prokofiev con el régimen de Stalin”.

Prokofiev había considerado la composición de una ópera, basada en la novela épica ‘Guerra y Paz’ de León Tolstoy, cuando, durante la Segunda Guerra Mundial, comenzaron a llegar las noticias acerca de la invasión nazi a Rusia, en Junio de 1941. Durante dos años, Prokofiev compuso la versión original de su ópera ‘Guerra y Paz’, aunque la interrumpió durante el tiempo que fue evacuado al Cáucaso en la guerra. “En la obra definitiva, ‘Guerra y Paz’, una gran ópera épica en cinco Actos, con libreto de Prokofiev y de Mira Mendelson (posteriormente, su segunda esposa), por referirse al tiempo de la invasión napoleónica, se exalta la resistencia contra el invasor francés, pero con alusiones directas y precisas a la invasión de los ejércitos nazis en esos días. Su música, contiene material temático de fuerte resonancia folklórica”.

Durante los años de la guerra, hubo permanentes restricciones y una fuerte exigencia para componer en un estilo ‘socialista, realista’, si bien Prokofiev gozó de cierta elasticidad para componer en su propio estilo. Así, obras emblemáticas como el Ballet ‘Cinderella’ (‘La Cenicienta’) y la Música para la película ‘Iván El Terrible’ lograron superar ese ambiente. Con todo, “…muchas de las últimas composiciones de Prokofiev, (corales y operísticas) más que anti bélicas, deben considerarse anti stalinistas, pues tan frecuentes y sombrías ironías que aquellas contienen, solo pueden interpretarse como fuertes críticas a las represiones del régimen de Stalin”.

Ya en la post guerra, 1944, Prokofiev se trasladó a su nueva residencia en las afueras de Moscú, y allí compuso la más popular de sus siete sinfonías, la Quinta Sinfonía, iniciando así el último período de su vida, con una salud precaria, que limitó considerablemente sus capacidades. En 1949, compuso una Sonata para Violoncelo que le dedicó al famoso violoncelista ruso Mstislav Rostropovich, para quien también reformó y dedicó su Concierto para Cello, transformándolo en el ‘ Concierto Sinfónico para Cello y Orquesta’, su última obra maestra, hoy en día composición emblemática en el repertorio para Cello y Orquesta.

El gran compositor francés Arthur Honegger considera que Prokofiev “…seguirá siendo la más grande figura de la música contemporánea”. Igualmente, es mundialmente catalogado como “…el compositor más popular del Siglo XX”.

Serguéi Prokófiev falleció a la edad de 61 años en Moscú, a causa de una hemorragia cerebral, el 5 de Marzo de 1953, el mismo día del fallecimiento de José Stalin, hace 60 años. Fue sepultado en el Cementerio Novodevichy de Moscú.

Augusto Sorzano Puyana

Bucaramanga, Agosto de 2013

Bibliografía:

ROSENTHAL, Harold, WARRACK, John. ‘The Concise Oxford Dictionary of Opera’, Oxford

University Press, London, 1975

COOPER, Martin, Notes. Deutsche Grammophon, LP 2530783

SCHONBERG, Harold C. ‘The Great Conductors’. Victor Gollancs Ltd., London

SÁNCHEZ R. Julio. ‘El Concierto’. Instituto Colombiano de Cultura

PÉREZ, A., Enrique. ‘Una obra dedicada a Rusia’

STEVENSON, Victor, Editor. ‘The Music Makers’, Paddinton Press, London

BUCARAMANGA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.