El hombre que revolucionó la radio en el país

El hombre que revolucionó la radio en el país

Formal, circunspecto y severo, palabras que se oyen cuando se habla de don Fernando Londoño Henao.

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07 de agosto 2013 , 08:46 p.m.

Así, con todo y ‘don’, porque no solo su temperamento infundía un enorme respeto, sino también el hecho de haber construido el emporio que es hoy Caracol Radio. Es que decir que fue fundador de esa cadena y pionero de la radiodifusión en Colombia ya es esencial, pero cuando se repasan los pasos que dio cada día para hacerlo realidad, desde las 8 de la mañana, en la oficina de la presidencia, sus actos se presentan como verdaderas hazañas.

“Conquistó los cerros de nuestra geografía, se inventó enlaces vía onda corta o FM para conectar un país como Colombia. Se arriesgó a transmitir las vueltas a Colombia con narradores flotando en postes de la luz”, cuenta Julio Sánchez Cristo, director de La W.

Por su parte el pionero locutor Jorge Antonio Vega, que trabajó más de 35 años en Caracol, recuerda que “cuando comenzó la cadena, que tenía tres emisoras a las que llamaban El triángulo de oro Caracol, que eran en Bogotá, Medellín y Cali, y después otras que adquirió en provincia, él se enfrentó con algo supremamente difícil en el aspecto técnico, que era enlazar todo el país. Eso exigió montar repetidores en sitios estratégicos de nuestra geografía tan quebrada y tan difícil”.

Igualmente, cuando ya tenía numerosas emisoras en el país, decidió cambiarles a todas el nombre y llamarlas Caracol, para dar una sensación de unidad de empresa.

Además, Sánchez Cristo recuerda que consiguió transmitir gratis ‘El derecho de nacer’, una radionovela que tuvo más rating que un programa de televisión de hoy, se inventó los radioteatros y las móviles para entregar premios puerta a puerta a los oyentes, la Escuelita de doña Rita y le dio vía libre a los humoristas. Y la lista de acciones con las que revolucionó e hizo moderna la radio en Colombia podrían seguir, pero el hecho que la marcó fue la creación del programa 6AM - 9AM.

“En ese proyecto demostró que tenía la humildad y la visión de desmontar todo lo que había consolidado, para darle vía libre a la idea de Yamid Amat de meterle periodismo a la radio. Porque Londoño había creado la gran estructura de la radio, que comenzaba con el programa agrario ‘Caracol en la tierra’. Luego le metió humor con ‘La escuelita de doña Rita’ y después, programas femeninos para el hogar. También estaba presente la lectura de periódicos, la Cabalgata Gillete y Contrapunto”, sostiene el periodista Juan Gossaín.

Todo sucedió después de que Yamid Amat ingresó a Caracol, hacia el año 76, y antes de que empezara la Semana Santa, le pidió a Londoño que le permitiera cambiar la programación de la mañana porque el jueves y viernes santo se transmitía solo música fúnebre.

“Le dije que me dejara hacer un programa informativo desde las 6 de la mañana, sobre la vida y la historia de Jesús y me dio el aval sin ningún reparo. Hicimos entrevistas en vivo con el padre Alberto Múnera, jesuita javeriano”, recuerda Yamid Amat.

La gente se estremeció, pero admitió sin mucho reclamo que se cambiara el luto por el periodismo. El lunes siguiente, Londoño le dijo que le había gustado y le preguntó si podría hacerlo con más frecuencia. Así, en la medida en que el programa fue aceptado por el país, Londoño le dio vía libre para hacerlo hasta las 9 de la mañana y para contratar periodistas.

“Yo quería nombres de prestigio para atraer la atención nacional. Periodistas como Antonio Pardo García, Alfonso Castellanos y Julio Nieto Bernal. Y el mismo Fernando se encargó de contratarlos y así nació 6AM 9AM, que rompió por completo la historia de la radio por iniciativa mía, pero yo no habría podido hacer absolutamente nada si don Fernando hubiera sido un hombre conservador, tradicionalista que no hubiera permitido cambiar la radio”, apunta Yamid.

“Y si por algo le debo rendir homenaje a su memoria es por el infinito respeto que tuvo a la libertad de prensa, pues por más de 20 años en que fui Director de noticias de Caracol, jamás me hizo una sola observación sobre qué decir o no, a quién entrevistar o a quién no, qué publicar o qué no publicar”, subraya Yamid.

En ese sentido, a pesar de que el periodista Gustavo Gómez nunca trabajó directamente con él, sí sostiene que “cuando se construía la radio moderna que hoy exhibe Colombia, él estaba ahí, en la trasescena, asegurándose de que lo que se pasaba por la cabeza de Yamid Amat, Antonio Pardo, Juan Gossaín, Jorge Antonio Vega, Julio Nieto Bernal y tantos otros pioneros, fuera viable. Él conocía la fórmula para armar una radio grata, amiga de la gente; sabía cuándo, por cuestión de horarios y tiempos, había que informar y cuándo entretener”.

“Fue la dupla que hicieron Londoño y Yamid la que permitió lograr semejante éxito, semejante innovación —dice Gossaín—. Y no era dupla de amigotes, porque con Londoño no se podía ser amigote para parrandear y para tener ideas mientras se tomaba un whisky, Londoño no era hombre de eso, pero entendía la radio mejor que nadie”.

En ese sentido, Gossaín confiesa que al principio le sentía cierto temor a Londoño, pues él tenía fama de ser un hombre con un carácter muy fuerte y cuando Gossaín entró a Caracol, Londoño con su investidura de presidente lograba intimidarlo a tal punto que si lo veía dentro del ascensor, Gossaín prefería esperar al siguiente y no subir ni bajar en el que iba él. Con el tiempo se hicieron muy buenos amigos y Gossaín entendió que Londoño “no necesitaba ser más simpático, porque la encantadora era doña Inés Reyes, su esposa, que era una completa caja de música. Entonces, los pocos sitios a los que Londoño iba en plan de diversión era porque Inés lo arrastraba. Él lo que adoraba era la vida de su casa”, añade Gossaín.

En su hogar, ese lugar que Londoño privilegiaba por encima de cualquier otra cosa, Sánchez Cristo recuerda que había “política, golf, anécdotas de radio, pero lo más fascinante en él era que todo giraba alrededor de la cocina. Creo que era su gran pasión, estudiaba muchos días antes lo que iba a preparar, se preocupaba por conseguir ingredientes insólitos y pasábamos horas a su lado, probando las delicias que preparaba. Como en la radio, no tuvo competencia. Descubrí que su verdadera competencia era con su club de amigos chefs, caballeros de la buena mesa, en donde realmente se enfrentaba por rellenar un tomate o llevar al punto una costilla de una ternera australiana. Su hijo y nieto heredaron también esa magia”.

Ahora bien, todos los que lo conocieron no dudan en aclarar que su seriedad no equivalía a frialdad. “Nunca negaba ayuda a ningún periodista que recurría a él. Estaba ahí si lo necesitaban”, dice Yamid. Por su parte, Gossaín cuenta que “lo curioso y lo emocionante es que en estos últimos años, ya enfermo y recluido, se volvió el hombre más tierno y cariñoso del mundo. Hace un año y medio, en diciembre del 2011, estaba pasando el año nuevo con mi mujer y mi familia en una isla cerca de Cartagena y a las 12 de la noche sonó mi celular. Pensé que eran mis hermanos y oigo una vocecita muy apagada al otro lado de la línea. Era Fernando Londoño Henao, que me dijo: ‘Perdone, Juan, no puedo hablar bien. Tengo tanque de oxígeno, los achaques de la salud, pero no quería dejar pasar la noche de año nuevo sin desearles feliz año a usted y a la familia’. Eso es de los actos de cariño y de amor más bellos que yo había visto, por la razón fundamental de que ese no era el estilo de Londoño”.

Cuentan que Londoño era un hombre severo, con una vida rigurosa, que madrugaba todos los días. “Además, era un crítico implacable con nosotros, que éramos los trabajadores de su empresa, pero también nos tranquilizó que era igual con su hijo Diego Fernando, que era el gerente”, indica Gossaín.

A propósito, Yamid recuerda que en una ocasión se produjo una noticia internacional muy importante. “Y ocurrió lo que nunca había ocurrido, me llamó y me dijo: ‘¿Usted dónde está?’ Le dije que en Miami. Me preguntó que haciendo qué y le respondí que estaba en vacaciones. Y me dijo: ‘¿Y qué está oyendo?’ Le dije que estaba oyendo música y me regañó. Me acuerdo que me dijo: ‘¿Y usted es un periodista que oye música y no noticias? No sabe lo que pasó por oír música. ¡Un periodista no puede oír música, tiene que oír noticias!”.

De esa estricta escuela salieron nombres muy brillantes de la radio, como Pablo Emilio Becerra, Fernando Gutiérrez Riaño, Teresa Gutiérrez, Gabriel Muñoz López, Julio Nieto Bernal y Francisco José Restrepo, entre muchos otros. Y se rodeó también de sus vicepresidentes: Jesús Álvarez Botero, que fue su consejero para hacer la radio, y de Gustavo Cárdenas, quien ejerció como consejero para administrar la radio.

Cuenta Sánchez Cristo que Londoño oía los programas en la mañana. “Me llamaba durante el programa muchas veces. En sus buenos tiempos, desde las 4 ya estaba monitoreando todo (…) Hablábamos mucho, siempre me atendía. Decisiones importantes de mi vida fueron siempre consultadas a él. Críticas sobre la evolución de mi trabajo siempre fueron bien recibidas, las hizo con mucho amor, lo sentía muy paternal y creo que como alumno suyo se fue tranquilo de que no le fallé”.

Gossaín explica que a Londoño le dio muy duro la partida de su esposa y que más que morirse, Londoño se fue apagando poco a poco, hasta los 92 años. “Murió de muerte, lo mató la vida, como dice el verso”, remata.

REDACCIÓN CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

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