'No me interesa el poder': Carla Bruni

'No me interesa el poder': Carla Bruni

Charla en clave íntima con la ex primera dama francesa, quien volvió a su faceta de cantante.

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27 de julio 2013 , 08:26 p.m.

Es 3 de julio, pleno verano en Europa, pero mientras la mayoría de los franceses comienza sus vacaciones, Carla Bruni trabaja en la promoción de su último disco, Little French Songs, que marca su regreso a la música desde el final del mandato de su marido, el expresidente francés Nicolás Sarkozy, a quien acompañó en el Palacio del Elíseo durante cuatro años y medio. La ex primera dama lo ha dicho en varias ocasiones: alejarse del Elíseo “fue un alivio”, porque su verdadero trabajo –asegura– es la música.

–Yo nunca tuve poder –afirma con una voz alegre y liviana, pero a la vez elegante y sobria, al otro lado del teléfono–. El poder que tuvo mi marido nunca lo usé para nada, ni abusé de él. No me interesa, no es mi profesión. No me gusta. Creo que a los seres humanos les atrae el poder, pero cuando uno lo ve de cerca se da cuenta de que es algo artificial. Yo prefiero una posición más normal, al lado del común de la gente.

Little French Songs es un disco que Bruni quiso que fuera gracioso, entretenido, como la canción que inspiró su título y que ella entona mitad en francés, mitad en un inglés marcado por un acento galo exagerado. Pero no todos entendieron ese humor. Uno de los temas, titulado Mon Raymond, ha sido leído como una clara oda a su marido. Pero más resquemor causaron los versos de Le Pingouin, una canción en la que critica a la gente desagradable y descortés. Muchos vieron ahí un retrato impertinente del presidente socialista François Hollande, algo que ella ha negado una y otra vez.

–Usted dijo que era “una canción un poco agresiva, una respuesta a cada agresión a la cual no había sabido responder” y que encontraba que, pese a ser privilegiada, la vida era “feroz”. ¿En qué la encuentra feroz?

–Para mí la ferocidad de la vida está en todas las cosas esenciales a las que nadie escapa, sea cual sea su posición social, la suerte o los privilegios que pueda tener. Somos iguales frente al amor, frente a la soledad y frente a la enfermedad, por ejemplo. Para mí, la ferocidad de la vida se ubica ahí, en las cosas del destino o del azar que pueden pulverizar nuestras vidas. Tener a alguien enfermo, tener hijos que no están bien, son tragedias a las cuales muy poca gente escapa. Varias veces me tocó atravesar esos momentos, y son realmente malos ratos de la vida.

* * *

Bruni y Sarkozy se conocieron en el 2007 en una comida organizada por un amigo común para presentarlos. Una cita a ciegas “no tan a ciegas”, como ha dicho la cantante. El flechazo fue inmediato y tres meses después, en febrero del 2008, contrajeron matrimonio en una ceremonia privada en el Elíseo. Ella tenía un hijo, pero nunca se había casado. Él contaba con dos divorcios anteriores.

Atrás quedaron los años en que la modelo desfilaba para los grandes diseñadores, se codeaba con Claudia Schiffer, Naomi Campbell y Linda Evangelista. También los tiempos en que posaba para atrevidas fotos y coleccionaba relaciones con estrellas del cine y de la música. Al casarse con el entonces presidente de Francia asumió su rol de primera dama con sobriedad. Y también empezó a tener que contestar preguntas incómodas. “Se han escrito muchas cosas de usted: que es una cantante exitosa, una femme fatale, una adúltera”, le dijo entre otras cosas la periodista estadounidense Barbara Walters, poco después de su matrimonio. Por eso, Bruni reconoce que distanciarse de lo que se dice de ella fue un gran aprendizaje durante estos años.

–Me desapegué bastante rápido de mi imagen, justamente porque no podía controlarla. Y creo que esa es la solución: disociar tranquilamente. Imagínese que está delante de un espejo y que mira su reflejo. Y que yo llego por detrás y tiro una piedra sobre el espejo. O que tiro una flor. Ni la flor ni la piedra la tocan. Solo a su reflejo.

–Usted ha dicho estar en psicoanálisis y buscar más sabiduría...

–Es que me gustaría no adquirir solo arrugas con los años (risas). Quisiera que vinieran con algo más; con sabiduría. Siento que esa es la palabra para la edad adulta. El no interesarse tanto en la apariencia física porque, francamente, yo hice de la apariencia física mi trabajo durante años, pero ahí no está la clave de la existencia.

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Desde su matrimonio con Sarkozy, Bruni tiene la nacionalidad francesa, pero nació en Turín en una adinerada familia que se instaló en París en los 70. Creció en un ambiente culto en el que la música predominaba. Su padre era compositor; su madre, pianista.

–Era un universo musical muy fuerte, porque mis padres trabajaban en casa. Mi padre componía en la mañana y mi madre tocaba su piano toda la tarde. La música era un miembro más de la familia.

Alrededor de los 9 años, recibió su primera guitarra. Y empezó entonces a cantar.

–Cantaba las canciones que he escuchado desde siempre: las de los Beatles, las de Brassens... Mi guitarra fue realmente el detonante. Durante mucho tiempo también compuse, sin hacer nada con esos trabajos. Fue al querer editar mi primer álbum cuando las cosas se precisaron.

La muerte de su padre, en 1996, y luego la de su hermano, quien falleció en el 2006 tras años de lucha contra el sida, fueron quiebres que la marcaron.

–¿En qué se ha apoyado durante los momentos difíciles?

–Uno se apoya en los demás y en su propia fuerza. Uno intenta enfrentar la situación. Tengo bastante fuerza, pero veo que todos nos sentimos un poco desprovistos frente a situaciones como esas.

–En ese sentido, ¿la música es un refugio?

–Un gran refugio, una solución, una respuesta, un alivio...

–¿Qué siente cuando compone?

–Algo misterioso, y creo que esa sensación es lo que más me gusta en el mundo. Cuando canto siento algo que no tiene nada que ver con la vida común y corriente. Cantar es un una especie de rezo.

Por estos días, también canta canciones de cuna. Lo hace para su hija, Giulia, quien nació en octubre del 2011, tras un embarazo que ella califica de “milagroso” por haber ocurrido a sus 43 años.

–Usted ya tenía un hijo. ¿Cómo fue la llegada de una niña?

–Siento una gran diferencia. Tengo la impresión de que los hombres son más frágiles que nosotras. Entonces, desde el nacimiento de mi hija, tengo mucha confianza en ella. Confío mucho en mi hijo también, pero a él lo protegí más. Es muy sorprendente porque los hombres son fuertes, pero tienen una fragilidad profunda, quizás un orgullo profundo.

* * *

Al salir del colegio, en París, Bruni entró a estudiar arquitectura, carrera que abandonó rápidamente para dedicarse al modelaje. Ganó fortunas, recorrió el mundo y entró a la liga de las supermodelos de los 90.

–Usted fue independiente desde muy joven, ¿se le hizo difícil mantener esa independencia durante la presidencia de su marido?

–La verdad es que no. Cuando uno es independiente no necesita afirmarlo. La independencia es un hecho. Y está, sobre todo, relacionada con el tener un trabajo y no depender de nadie para subsistir. Eso es indiscutible, no es algo psicológico. Yo trabajo desde que tengo 18 años, estoy acostumbrada a la independencia más profunda.

–¿Pero no siente que sacrificó parte de su espontaneidad?

–No. En la intimidad conservé exactamente el mismo carácter. Las apariciones públicas no dejan espacio para la psicología personal. Ser primera dama es una posición mucho más importante que la persona en sí, está vinculada a todo un país. En esas situaciones no hay que pensar en sí misma, solo hay que ser reservada y no llamar la atención. Pero soy muy espontánea, muy conversadora, mis amigos pueden decirlo.

* * *

Bruni ha escuchado y escucha mucha música: los cantantes franceses e italianos que poblaron su infancia, pero también pop; intérpretes como Leonard Cohen y Bob Dylan; divas del jazz como Billie Holiday y Ella Fitzgerald; y country girls como Dolly Parton.

–Me he inspirado en muchas mezclas distintas, aunque yo haga música folk, es decir, una guitarra, una voz y poco más.

Cuenta que escribe sus canciones en cuadernitos de notas, casi siempre de noche, y registra las melodías que se le ocurren en una grabadora o en su celular.

–Luego, cuando empiezo a trabajar en un álbum, trato de unir ciertos versos con algunas melodías o, si tengo letras, les busco una melodía o viceversa.

Aunque está estrenando álbum, dice tener varias canciones más en sus cuadernos de notas. Pero aún no empieza a trabajar en otro disco porque está empeñada en preparar la gira que hará por Francia y Europa a partir de octubre. El próximo año espera presentarse en Latinoamérica.

–En su opinión, ¿a cuál de sus talentos se debe su éxito?

–Creo que el éxito viene de la suerte. No tengo la impresión de tener un talento especial, o quizás tengo el talento de saber tomar una oportunidad cuando la veo. Hay tantos genios que no han sido exitosos y tantos mediocres que lo son, que no creo que sea un asunto de talento.

Su cuarto álbum

‘Little French Songs’ es el cuarto álbum de estudio de Bruni, después de ‘Comme si de rien n’était’ (2008), ‘No Promises’ (2007) y ‘Quelqu’un m’a dit’ (2002). De sus 13 canciones, 12 fueron compuestas por ella.

DANIELA MOHOR W.
El Mercurio (Chile)

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