Eso que antes se llamaba imperialismo

Eso que antes se llamaba imperialismo

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27 de julio 2013 , 07:46 p.m.

Si ahora se denomina “terrorista” al que protesta, “propiciador de violencia” al que disiente y “mercado” al capitalismo sin freno, ¿cómo se designará a lo que en los años 60 llamábamos “imperialismo”? ¿“País líder”?, ¿“potencia tecnomilitar”?, ¿“hipereconomía”?

Lo ignoro. Pero está claro que afrontamos una nueva fase imperialista cuya esencia sigue siendo el poder desmesurado y abusivo de un Estado en desmedro de otros. Solo que ya no domina territorios específicos, como en tiempos coloniales, sino áreas globales de actividad.

Justo cuando se hablaba del ocaso de los Estados Unidos, la tecnología permite a este país consolidar su hegemonía y multiplicar su capacidad de intimidación y de control. Los drones –aviones no tripulados– e Internet son las nuevas armas que marcan el desequilibrio de fuerzas a su favor. El episodio del avión de Evo Morales –la metida de pata más bochornosa de la reciente historia diplomática– no es más que una secuela del penoso sometimiento de otras naciones a los deseos e intereses de Washington.

Es pintoresca la pequeña crónica de tan formidable equivocación. El tipo que desató la crisis fue el embajador gringo William C. Eacho, magnate de la alimentación industrial y benefactor económico de Barack Obama, que, pese a carecer de experiencia diplomática, fue nombrado embajador en Austria en el 2009. Ya estaba a punto de regresar a sus empresas el pasado 3 de julio cuando creyó, supuso o alguien le dijo y él actuó sin confirmarlo que en el vuelo presidencial boliviano de Moscú a La Paz viajaba el filtrador de documentos Edward Snowden.

Ese fue el primer error. Snowden no iba en el avión. Y, si hubiera viajado en él, detener, inspeccionar o acosar la nave habría constituido flagrante violación de las normas internacionales. Sin embargo, alertado por la falsa alarma de Eacho y mostrando total desprecio por las leyes, Washington exigió a varios de sus aliados europeos que cercaran el avión. En una actitud que los avergonzará durante años, Francia, España, Portugal e Italia cerraron sus cielos al presidente de Bolivia. El gobierno estadounidense acepta que “estuvo en contacto con un número de países a través de los cuales Snowden podría viajar o sobrevolar”.

Esta es apenas una prueba de la arrogancia del renovado imperio... y la pusilanimidad de las “potencias” europeas. Hay otra más preocupante, y es la presión que ejercen Estados Unidos y las grandes proveedoras de Internet para que la Unión Europea les entregue la intimidad de sus ciudadanos. A fin de espiarlos mejor, Obama pretende que Europa rebaje el actual nivel legal de protección de datos. “Nunca había visto un lobby tan potente”, dice, acosada y harta, la vicepresidenta de la Comisión Europea, Viviane Reding.

De presiones sabemos los colombianos, pues una ministra de las negritudes llegó al gabinete de Álvaro Uribe por exigencia del grupo afroamericano del Congreso de Washington. De otro modo, se habría atascado el TLC. (Tratado que, digo de paso, está acabando con la industria del Valle, pues, según el economista Mauricio Cabrera, se cerraron 660 empresas manufactureras, y otras que fabricaban artículos nacionales hoy los importan. Fuera del TLC, en Andalucía se pudre la fruta por la avalancha de cítricos extranjeros.) Desde Egipto hasta la Unión Soviética, el mundo ha padecido imperios de toda pelambre. Pero solo ahora empieza a saber lo que es el imperialismo informático del siglo XXI: aquel que recoge, archiva, clasifica y utiliza datos del planeta entero, lo cual le confiere poder de amenaza, tramposa ventaja comercial y capacidad de dominio político y económico sobre los demás países.

ESQUIRLAS. 1) Dos dolorosas noticias: acaban de morir José Salgar, corazón de El Espectador, y Patricia, hija del maestro Álvaro Cepeda e intérprete oficial de GGM en USA. 2) Apenas obvia la renuncia del embajador en Washington por culpa de su barroca imaginación jurídica.

Daniel Samper Pizano
cambalachetiempo@gmail.com

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