¿Frutas bellas: 90-60-90?

¿Frutas bellas: 90-60-90?

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26 de julio 2013 , 06:22 p. m.

¿Le ocurre a una manzana o un durazno lo mismo que a una modelo a la que se le exige una medida corporal de 90-60-90? Trato en vano de encontrar, imperfecta como es, una manzana boyacense, pero no aparece; cada día son menos. Al contrario, en los supermercados o en las calles brillan coquetas y altaneras las manzanas de Chile o California, puras rojas, todas iguales en su belleza repetida, con el mismo peso y forma; claro, son menos nutritivas y llegan forradas en químicos que ayudan a su cultivo industrial y luego de un viaje de quizá meses.

¿Vivimos en las ciudades una tendencia en ascenso de alimentos de pasarela? La carnes o lácteos que se venden en bandeja con avisos sobre el valor nutricional del producto y fechas de vencimiento estrictas excluyen al pequeño productor, que no tiene capacidad ni gusto para adquirir esos empaques y entonces va quedando por fuera del mercado. A medida que el mundo avanza hacia la urbanización, la perfección se impone, y está bien que haya exigencias de higiene y calidad de lo que consumimos. Pero estos valores no pueden ser la base para excluir a los chicos e imponerse monopolios que deciden precios y modos de mercadeo y de alimentarnos. Detrás del empaque perfecto ronda la idea de que cultivar alimentos es asunto de especialistas y de empresas poderosas, en desmedro del cultivo originario.

Las frutas y alimentos imperfectos son, las más de las veces, los productos más sanos, que traen consigo su belleza natural por ser expresión de lo apenas necesario para ser bueno. Pero carecen de estilo y seducción inmediata. Hay que pensarlo y a veces aprenderlo. Por ejemplo, se demora uno en aprender que no se necesita sal, y una vez que ello se logra emerge la exquisitez del sabor de un pescado o una ensalada. Y los que aprenden esto son, por lo general, capas élite de la sociedad, mientras otros sectores no sofisticados se van quedando con lo más industrial, insaboro e insípido de los alimentos, camuflados con saborizantes, dulces, sales y, ahora, bellos empaques.

Esta nueva conciencia de la belleza de los alimentos tratados e intervenidos como reinas de belleza en pasarela va a la par con las denuncias de la FAO sobre el 35 por ciento de desperdicio anual de alimentos. La metáfora es espeluznante: una manzana bella te alimenta cada vez menos.

ciudadesimaginadas@gmail.com

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