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Las víctimas que han dejado los conductores ebrios

Las víctimas que han dejado los conductores ebrios

Este año, choferes borrachos han causado 975 accidentes.

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‘Mi hija murió con el diploma en la mano’

Diana Milena Bastidas Cubillos pensaba celebrar su cumpleaños número 27 el próximo martes. Y quería hacerlo en Cartagena, pues ese viernes trágico del 12 de julio –en el que perdió la vida junto a su compañera de trabajo Ana Torres– había salido de vacaciones.

“Le teníamos una sorpresa: la hermana menor la iba a acompañar al viaje. Al regresar iba a trabajar directamente para el Banco BBVA, porque había ganado una convocatoria. Antes laboraba allí a través de otra empresa”, recuerda su padre Roberto Bastidas.

La mamá de la joven, Doris Cubillos, cuenta que horas antes del percance, Diana había llevado varios papeles que le exigieron en el banco para su nuevo vínculo laboral. “Mi hija murió con el diploma (de la universidad) en las manos. Ese día lo llevaba cuando ese joven irresponsable (Fabio Salamanca) chocó al taxi”, cuenta Doris.

La ingeniera de sistemas, graduada en el 2008 de la Universidad Autónoma, era la segunda de tres hermanos. Vivía con sus padres en una casa del barrio Fátima de Tunjuelito, en el sur de Bogotá, la misma donde funciona la fábrica de muebles de su familia. “Mi hija ‘Nana’ –apodo familiar– era jocosa, sonriente y amiguera. Era muy inteligente y responsable. Siempre que íbamos a una reunión, ella era la conductora elegida”, dice Roberto. Su anhelo era conocer Aruba y Argentina, le gustaba ver películas infantiles, su cantante favorito era Bruno Mars, no tenía novio y pensaba hacer una especialización en gerencia de la administración. “Un conductor ebrio truncó todos estos sueños”, concluye Doris Cubillos.

‘Hollman nos dice que no siente sus piernas’

Cuando el taxi de Hollman Cangrejo fue embestido por la camioneta conducida por Fabio Salamanca, este hombre, de 30 años, llevaba siete horas trabajando y había reunido 110.000 pesos. El dinero ganado en los siete años que llevaba como taxista lo había destinado para terminar de pagar su casa, mantener a sus dos hijos de 4 y 8 años y a ayudar a su mamá y a su hermana, con quienes vive en el barrio Aures II, en Bogotá, tras su divorcio. (Lea también: Cali preocupa a la Policía en materia de conductores ebrios).

Ahora, su destino es incierto. “Dice que no siente las piernas, y los médicos comentan que es probable que no vuelva a caminar porque se fracturó la tercera y cuarta vértebra”, dijo Daniel Sánchez, su mejor amigo y la única persona que, además de la familia, ha conversado con él en el hospital Méderi. “Su sueño era ser ingeniero de petróleos”, agregó. De otro lado, José Cangrejo, padre de Hollman, aseguró que los costos médicos los están pagando con donaciones y que la familia de Salamanca aún no se ha comunicado con ellos.

Ana no logró publicar sus poemas

Cuando María Morales se levantó, sintió un vacío, soledad. El día era triste en Pasca (Cundinamarca). Horas después se enteró: su hija, la ‘poeta’, había muerto en Bogotá por culpa de un conductor ebrio. Una familia de cuatro mujeres y dos hombres quedó sumida en la tristeza.

La infancia de Ana Eduvina Torres transcurrió en la vereda Altagracia Baja, junto a sus padres, dos campesinos que cultivaban mora y tomate de árbol.

En la escuela de San Pedro hizo su primaria y en la Normal Superior de Pasca, el bachillerato. Allí estudió para ser docente de matemáticas, y gracias a eso pudo trabajar en colegios de Fusagasugá. Era una mujer alegre y temperamental.

Tomaba decisiones con la cabeza fría. Las montañas, los viejos caseríos, los libros de Jorge Luis Borges y la música clásica la inspiraban. En su cuarto aún revolotean sus poemas. A Fusagasugá llegó decidida a terminar ingeniería de sistemas. Trabajó hasta en un café Internet. Tardó poco en hacerse conocer de la casa de la cultura del municipio, la misma que colgó en Internet los poemas que Ana Eduvina escribió. “He heredado las palabras de los muertos, son mi único tesoro. Duermen calladas entre libros que perdonó el tiempo y el olvido”, dice una de sus creaciones.

En esa tierra también conoció a su amor, Juan Carlos Montoya, con quien soñó una vida juntos, incluso cuando viajó a Bogotá, una ciudad que no le gustaba por los tumultos, por el ruido, por todo eso que se alejaba de sus orígenes. Lo hizo atraída por un empleo prometedor. Era en el banco BBVA, el primer peldaño para ejercer su carrera. Allí trabajó en lo suyo y hasta logró que le asignaran proyectos de gran responsabilidad.

Por fin podía soñar con una casa para ‘los viejos’ y quizás, llevarlos a ese viaje por tierras desconocidas que siempre les prometió. Decía que tenía que agradecerles por haberle enseñado a trabajar. Nada de eso pasó. En cambio, sonó el teléfono en Pasca: Ana había muerto.

REDACCIÓN JUSTICIA

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