El nuevo tango de Francisco

El nuevo tango de Francisco

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12 de julio 2013 , 06:00 p.m.

 Hace unas semanas tuve el placer de compartir un café con un empresario iluminado, amante de las buenas lecturas, a quien conocía de nombre pero no en persona. A quemarropa me preguntó sobre mis convicciones religiosas y, como se trata de una pregunta indiscreta que ya nadie hace, titubeando le contesté que era un agnóstico y que todavía, al cabo de 54 años, seguía esperando la iluminación por el camino de Damasco.

Me rebatió: “¿Sabes lo que es un agnóstico?... Un ateo que no ha salido del clóset”. Su respuesta divertida me puso a pensar en la Ciudad Eterna.

En el humo blanco que salió hace unos meses del buitrón del Vaticano y que resultó con la elección del primer papa de nombre Francisco se está revelando un regalo inesperado para todos los creyentes, pero también para todos los que –como mi contertulio– tenemos la convicción de que quizás lo único realmente sobrenatural en este mundo es la ignorancia humana.

Enhorabuena, comenzando por Italia, el pontífice venido de La Plata está revolucionando las relaciones entre la Iglesia y el Estado.

El papa Francisco recibió en visita privada al nuevo alcalde de Roma, Ignacio Marino, un médico del Partido Democrático que apoya el aborto, el matrimonio entre homosexuales y el derecho a la eutanasia por omisión, temas que son tabú para la Iglesia católica.

Pues bien, Francisco y Marino dialogaron sobre “el derecho de todos, ricos y pobres, a una educación pública digna”, o sobre cómo la crisis económica está afectando la situación de “los barrios periféricos de la Ciudad Eterna”. Atrás quedaron los argumentos espinosos que suscitaban las reprimendas de Wojtyla y de Ratzinger.

Esta revolución copernicana del otro lado del Tíber va para largo, y ojalá sus benéficas consecuencias lleguen a sentirse pronto en este lado del Atlántico.

Tenemos –como es sabido– el problema de funcionarios públicos que confunden su cargo con el púlpito de Savonarola, y sus decisiones, con las de los alguaciles del Santo Oficio. El pontífice y el alcalde Marino se despidieron de abrazo. Para la prensa, ese encuentro trae un mensaje inequívoco: el nuevo curso de la Iglesia del papa Francisco es “a César lo que es de César y al papa lo que es del papa”.

Con Francisco en las orillas del Tíber se baila un nuevo tango. Los avatares de los gobiernos políticos de Roma tendrán que salir de la agenda del episcopado romano.

Ahora la Iglesia tendrá que concentrarse en limpiar la casa y acabar con las ratoneras que infestaron los corredores del Vaticano con la complicidad de los seculares del otro lado del río.

En su primera visita extramuros, Francisco viajó a Lampedusa, la isla siciliana convertida casi en un lager, donde el gobierno italiano hacina a los miles de migrantes africanos que cruzan el Mediterráneo escapando de hambrunas y guerras. Hace unas semanas, la tragedia de siempre: varios se ahogaron en el intento, ante la indiferencia de todos los estamentos políticos y de la Iglesia tradicional... Con su visita y sus lágrimas, el papa quiso marcar la diferencia. Un gesto que vale más que mil palabras.

Que esta nueva música la esté componiendo un prelado latinoamericano es una fortuna para todo el continente y especialmente para nuestro país.

Todavía es temprano para decirlo, pero quizás las cancillerías del mundo occidental deberían reforzar su presencia en la Ciudad Eterna, pues muchas páginas del futuro serán escritas por este argentino muy especial.

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