Para Santa Fe, una Copa sin final feliz

Para Santa Fe, una Copa sin final feliz

El conjunto cardenal luchó y ganó 1-0, pero no fue suficiente para clasificar a la final.

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09 de julio 2013 , 10:51 p. m.

Nunca antes el pitazo final pudo ser más triste para Santa Fe. Los jugadores, derrumbados en el suelo, despedidos con un aplauso imponente, lloraron la eliminación de la final de la Copa Libertadores. Lucharon, corrieron, sufrieron y ganaron 1-0 a Olimpia de Paraguay, pero ese resultado fue insuficiente tras la caída 2-0 en Asunción. Santa Fe se despidió de la Copa. (Galería: La celebración de los jugadores e hinchas de Olimpia en El Campín).

Era el partido de su vida. El más importante de su historia, ya que nunca ha clasificado a una final de la Libertadores. Pero el nefasto juego que hizo en Paraguay no pronosticaba una remontada fácil. Y el comienzo no fue esperanzador. Olimpia no se refugió. Fue atrevido. A los 3 minutos Vargas ya había tenido una acrobacia para desviar un remate de Enzo Prono que hubiera sido una fatalidad prematura.

Pero la posibilidad de gesta cardenal se mantenía intacta. Sin embargo, Santa Fe no reaccionaba. Soportó un arranque angustioso en el que, incluso, perdió a Molina por lesión. Iban solo siete minutos, pero el tiempo parecía correr más que los 22 jugadores. No habían segundos que perder. Se necesitaban mínimo dos goles.

Pero de a poco, como impulsado por el aliento incesante de su afición, Santa Fe comenzó su reacción. Pasó el susto inicial y se mandó al ataque, a su hazaña. Fue entonces cuando el gol comenzó a ser esquivo. Primero lo intentó Valdez con un cañón que pegó en un rival y se desvió; luego Borja con un cabezazo tan solitario como defectuoso; después una chalaca de Medina que mandó el balón a zumbar el palo derecho. Y luego, la más clara, Acosta lanzó un centro perfecto y Medina, en completa soledad, impactó la pelota que, pese al impulso de 37 mil gargantas, no entró.

La primera parte fue una exhalación y se fue sin los urgentes goles cardenales. La segunda, aumentó en angustia local, en desesperó. Cualquier jugada en el área se anhelaba como penalti; cualquier contragolpe de Olimpia presagiaba una catástrofe... y los goles no llegaban.

Pero a 15 del final, hubo una ilusión. Pérez cobró un tiro libre que no contuvo Silva y el balón, indócil, deambuló por el área; lo cazó Medina y su remate atropellado pareció traspasar la línea de gol, antes de ser despejado. El árbitro decretó que sí entró, los paraguayos protestaron y los santafereños se entusiasmaron con el 1-0.

Los minutos finales fueron infartantes. Sobre todo cuando el palo ahogó el grito de gol de Borja, en un remate solitario. Un milagro Paraguayo. Decepción cardenal.

La hinchada volvió a rugir y Santa Fe insistía, con el corazón, con su garra, con pelotazos, con lo que fuera... Un gol se requería para los penaltis, pero el milagroso Silva lo impedía en cada intento. Hasta que los minutos se agotaron, llegó el fatídico minuto final y la llama de fe cardenal se fundió. La final se le fue de las manos.

PABLO ROMERO
REDACTOR DE EL TIEMPO

 

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