Dionisio Vélez, cuatro generaciones de servicio a Cartagena

Dionisio Vélez, cuatro generaciones de servicio a Cartagena

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07 de julio 2013 , 08:32 p. m.

En un reciente viaje a Cartagena, con motivo de un evento social familiar, surgió el tema de la próxima elección atípica de alcalde, en atención al sensible fallecimiento del alcalde titular Campo Elías Teherán.

Al analizar el nombre de Dionisio Vélez Trujillo, me enteré de que se trataba del bisnieto de don Dionisio Vélez Torres, un personaje de la alta aristocracia Cartagenera pero de alma noble muy próximo a las buenas gentes campesinas vinculadas a sus actividades agrícolas e industriales, de las cuales fue pionero en toda la región de los pueblos aledaños al tramo final del canal del dique, especialmente en los municipios de Sincerín, Arjona, María la Baja, Mahates, y corregimientos como Malagana, Palenque y otros.

Fue don Dionisio un hombre visionario que, en asocio con inversionistas cubanos, creó el primer gran ingenio azucarero del país, el Colombia Sugar, que luego de algunos problemas fracasó; sin embargo, por su cuenta y como empresa familiar, mantuvo durante mucho tiempo el ingenio de Sincerín, de un tamaño más pequeño que el anterior, pero que sin embargo era una importante fuente de empleo en la zona norte de Bolívar casi hasta los años setenta.

Casado con doña Magdalena González de Vélez, tuvieron una numerosa prole y poseían, creo yo, la mansión más amplia y extensa de la Cartagena de la época, en el barrio de manga, en cuyos terrenos existe hoy una urbanización de aproximadamente 40 casas.

El nombre de don Dionisio era muy familiar en mi casa, pues tanto mi abuelo como mi padre, Tomás Rodríguez, quien todavía lo recuerda a sus 99 años, fueron trabajadores de su entorno y gozaron de su aprecio y apoyo.

Sus hijos formaron hogares ejemplares con personajes de la política y del mundo empresarial, de los cuales se desprendieron ramas familiares como los Araújo Vélez, Vélez Emiliani, Vélez Lemaitre, Vélez Pombo, Vélez Daníes, Trujillo Vélez, Vélez Botet, Cavelier Vélez y otras, todas con la vocación de servicio bien desde el lado empresarial privado, artes, letras y otras desde posiciones públicas, bien fuera en el legislativo o el ejecutivo.

Con Dionisio Vélez White, nieto de don Dionisio y padre del hoy aspirante a la alcaldía, coincidimos, en los años 64 y 65, como estudiantes de derecho en su caso y de economía en el mío de la Universidad de Cartagena, época en que su alta calidad académica la hacía una institución policlasista que acogía por igual a ricos y pobres. Conjuntamente participamos en una agrupación de estudiantes católicos que, con la orientación del jesuita Jaime Vélez Correa (de la U. Javeriana de Bogotá), trataba de no dejar en las exclusivas manos de los marxistas el activismo político contestatario de la época; “la revolución no se hace por odio a los que tienen sino por amor a los que no tienen” era una de las ideas fuerza que servía de orientación a nuestro activismo político.

Pero para no quedarnos en el plano puramente afectivo y anecdótico, me he tomado el tiempo de leer declaraciones y propuestas programáticas del novel candidato Dionisio Vélez Trujillo (a quien personalmente no conozco) y he encontrado una simbiosis virtuosa del hombre de acción con logros importantes en el mundo empresarial con el académico que postula la gestión del conocimiento como palanca impulsora del desarrollo para una ciudad que, como Cartagena, se merece una suerte bien distinta a la de la “caterva de vencejos” de la que hablaba su poeta insigne Luis Carlos López. Esas ideas me han hecho recordar la disertación central de Melinda Gates, esposa de Bill Gates y presidente de su fundación, en la reciente sesión de graduación de los estudiantes de MBA de la escuela de negocios Fuqua, de la Universidad de Duke, Carolina del Norte, a la cual tuve el honor de asistir acompañando a mi hija María Angélica, una de las graduandas.

Cartagena no ha tenido suerte con la elección popular de alcaldes, por lo que, el próximo catorce de julio, tiene la oportunidad de volver por sus fueros de tener buenos alcaldes, como lo fueron el capitán de navío Cervantes Zamora, Ernesto Carlos el ‘bebé’ Martelo; Vicente Martínez Martelo, el inolvidable ‘don Vizo’; Hernando Lemaitre Román y Álvaro de Zubiría, entre otros, todos ellos nombrados por la vía ejecutiva. Ojalá que los astros estén alineados ese día a favor de la sensatez, la dignidad y la grandeza. Buena suerte Cartagena.

Amadeo Rodríguez

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