El caricaturista que contagia de arte a Ciudad Bolívar

El caricaturista que contagia de arte a Ciudad Bolívar

Rick Zuárez es un artista que dicta talleres en el barrio San Francisco, en el sur de Bogotá.

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28 de junio 2013 , 06:07 p.m.

“Dibujar me hace olvidar de mis problemas porque en el papel pongo lo que siento”, dice Freiden Ríos, de 10 años, el alumno ‘estrella’ de los talleres de caricatura que dicta el artista Rick Zuárez desde hace diez meses en el barrio San Francisco, Ciudad Bolívar.

Para el pequeño Freiden, la caricatura se ha convertido en su pasión desde que empezó a dibujar los muñecos animados que veía en televisión. “Nos han enseñado que también debemos tener nuestro estilo propio y no solo debemos copiar lo que vemos, por eso es que tengo varios autorretratos porque hay que probar nuevas cosas”, dice.

En agosto de 2012, el grupo comenzó con 20 niños entre los 3 y 14 años. Se reunían una o dos veces por semana en la casa de una vecina. Hoy permanece la mitad, pero según el ‘profe’, como le dicen sus alumnos, “con un solo niño que cambie su rumbo de vida por dedicarse al arte, para mí es suficiente”.

Este bogotano estudió, becado, diseño gráfico y hace poco terminó una licenciatura en educación artística porque, según él, “enseñar de lo que sé es mi gran pasión”.

Como caricaturista trabaja desde hace 16 años en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBO) y ha ganado varios reconocimientos por sus obras.

Uno de ellos fue en el 2010 en el festival Laque Parque, en Monterrey, México, como retratista.

“De niño mi sueño era ser atleta y solo dibujaba por pasar el tiempo. Cuando crecí y vi el potencial que tenía para descifrar a la gente y plasmarla en un papel, decidí que dedicaría mi vida entera a pintar personas, esa es mi cultura”, anota Rick.

Esa misma estrategia es la que le enseña a sus alumnos de los empinados cerros de Ciudad Bolívar, donde pintar y hacer arte es un estilo de vida.

Cada mes, dispone de hasta la mitad de su sueldo –vendiendo caricaturas en ferias artesanales o haciendo ilustraciones esporádicas– para adquirir los materiales que usarán los niños en cada clase.

Los talleres han tenido varios módulos de aprendizaje, han pasado por el ‘Madonarie’ –pintar con tiza en las calles–, dibujo manga, comics, escultura en plastilina, porcelanicrón y, el principal: caricatura.

“Ha sido un gran impacto para los niños porque en vez de estar en la calle delinquiendo, ejercitan su mente haciendo obras con lo que aprenden”, dice el ‘profe’.

Rick busca algún patrocinio para ampliar el trabajo en otras localidades de Bogotá y continuar contagiando a más niños en la ciudad a punta de lápiz, papel, plastilina... etc.

ANA MARÍA ESCOBAR
Especial para EL TIEMPO

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