Claves de la calidad / Opinión

Claves de la calidad / Opinión

28 de junio 2013 , 06:07 p.m.

La calidad es una medida subjetiva del nivel de satisfacción de un individuo, o una sociedad, con respecto a un producto o servicio.

El énfasis en mejorar la calidad es el elemento que separa a los países desarrollados de los subdesarrollados; calidad en la prestación de los servicios públicos, en el sistema de salud, la educación, la infraestructura física, la producción industrial, etc. Una sociedad cuya meta no es la calidad es incapaz de dignificar la vida de sus ciudadanos.

En este caso particular de la infraestructura, la calidad no se mide únicamente en términos de pasajeros movilizados o kilómetros de vías, solo por mencionar dos casos. Se debe medir también en términos de eficiencia, seguridad, durabilidad, sostenibilidad y estética. La calidad de la infraestructura que crea un mejor ambiente para los negocios, atrae la inversión y mejora la competitividad.

No hay que ser un experto para reconocer que la calidad de la infraestructura de Bogotá es muy pobre. Nuestra infraestructura está diseñada para cumplir con necesidades de corto plazo, construida con estándares muy básicos, sin estética y desarticulada con respecto a una visión integral de ciudad.

Asunto marginal

Los problemas de calidad en Bogotá y, en general en la infraestructura colombiana, tienen varias causas. Primero, es el resultado de una sociedad que tiene niveles de exigencia muy bajos y no reconoce que las inversiones se hacen con sus recursos y que, por lo tanto, tiene derecho a exigir buena calidad. Segundo, es un aspecto que tiene un papel secundario en los diseños y la construcción de obras. Lo único importante es la funcionalidad, y con la excusa de que los recursos son limitados la calidad se vuelve un asunto marginal. Por último, las exigencias a los contratistas (estabilidad de obra) y la eficacia de las interventorías son extremadamente deficientes. La calidad es un insumo que debe planearse y exigirse como parte integral y prioritaria de un proyecto, y debería estar presente en todas las actividades del Estado.

Por último, existe la creencia de que la calidad es un resultado directo y natural del crecimiento económico y de la inversión. Esto, claramente, no es cierto.

Alcanzar altos niveles de calidad es una decisión de la sociedad y requiere el compromiso total del Estado. Vivimos, entonces, en una permanente contradicción: queremos alcanzar estándares de desarrollo internacionales, pero planeamos y construimos obras para países subdesarrollados.

MAURICIO SÁNCHEZ-SILVA
Profesor Uniandes

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