No todos salen a protestar en Brasil, muchos deben ganarse el pan

No todos salen a protestar en Brasil, muchos deben ganarse el pan

Para algunos, salir a manifestar su descontento es un lujo, pues no pueden faltar a su trabajo.

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28 de junio 2013 , 06:00 p.m.

Trabajan desde temprano y sólo regresan en la noche, coinciden en que Brasil necesita mejores hospitales y escuelas, pero salir a manifestar no es una opción para los habitantes de las favelas de Rio cuando cada día hay que ganarse el pan.

En la Rocinha, enclavada en los barrios ricos de Rio y reconquistada hace año y medio por las autoridades de las manos del narcotráfico, unas 1.000 personas se congregaron esta semana para marchar hasta la casa del gobernador, días después de la masiva manifestación de 300.000 personas en el centro para exigir mejores servicios públicos y mano dura a la corrupción.

A Raimundo do Nascimento y Robson de Souza Cristina les hubiera gustado participar en la protesta, pero afirman que con una jornada laboral que llega a 12 horas simplemente "no da".

Raimundo tiene 40 años y vive hace 17 en Rocinha. "Llueva o relampaguee" monta todos los días su pequeña quincalla informal en la entrada de la favela en la que vende desde pasamontañas para niños --paradójico con el calor de Rio-- hasta controles de televisor, que "no tienen derecho a cambio", según dice un letrero ya amarillento escrito a mano. "Rocinha necesita de salud, de cloacas, faltan muchas obras, esto es un caos", dice. "Pero no puedo ir a una protesta y no trabajar, porque me perjudicaría", explica este hombre, padre de tres niños. "Si pudiera iría, pero necesito trabajar", coincide Robson (46), que es gerente de una tienda de chancletas.

Lo mismo Mary, que es doméstica, o Pamela, que cuida además de su hijo recién nacido. Perder un día de trabajo pone en riesgo el empleo, pero además el pago del alquiler o el dinero para el mercado.

¿Brasil despertó?

Bajo la consigna "Brasil despertó", más de un millón de personas se manifestaron la semana pasada en más de 100 ciudades de Brasil.

La imagen de manifestantes en el techo del Congreso en Brasilia y la represión policial impactaron al mundo. "Se dice que el brasileño es burro pero no lo es (...).

El pueblo despertó y va a exigir todo lo que sea necesario", subraya Robson. Un perfil del manifestante, elaborado por la encuestadora privada Ibope, indica que la mayoría son de clase media, casi la mitad de los consultados proviene de familias con ingresos mensuales de más de cinco salarios mínimos (unos 1.530 dólares) y 49% ya terminó la secundaria o comenzó la universidad.

No es el caso de Marcelo Mendes, un jardinero desempleado de 43 años, que hizo hasta el cuarto grado de primaria. "Brasil no despertó, Brasil está dormido aún", lanza este hombre que considera que el "movimiento social está mendigando pequeñeces". "Tienes a gente con títulos universitarios levantando banderitas para bajar 20 centavos" en el pasaje del autobús, critica Mendes. "Pido a Dios que los ilumine y sepan que pueden hacer mucho más", añade.

En otras favelas de Río se han realizado manifestaciones aunque con muy poca convocatoria. Nueve civiles murieron en una operación policial esta semana en el violento complejo de favelas de Maré, así como un sargento del temido Batallón de Operaciones Especiales (Bope) de la policía, después de una manifestación en un barrio cercano que degeneró en saqueos y robos.

Los habitantes de Maré salieron entonces a las calles de la favela y se sumaron a otras protestas en el centro de Río contra la represión policial, lo cual demuestra que "el hombre 'favelado' tiene una fuerte consciencia política", aunque no siempre tenga la posibilidad de manifestarse, dijo la antropóloga Alba Zaluar.

Dilma y los pobres

Entre las callejuelas de Rocinha, llenas de enjambres de cables eléctricos, hay estudios de yoga, comercios que aceptan tarjetas de crédito, se ofrecen cursos de inglés. Señales del crecimiento del poder adquisitivo como consecuencia de los programas sociales que sacaron a millones de la pobreza en Brasil en la última década.

Pero el decepcionante crecimiento económico en los últimos dos años y la inflación en alza comienzan a sentirse. La presidenta Dilma Rousseff "muchas veces se preocupa por la clase alta y se olvida de los pobres y clase media", considera Robson.

Marcelo sólo marchará cuando se exija una reducción de los salarios de los políticos. "Pero se trata de imponerlo y no pedirlo. El pueblo tiene ese poder y no lo aprovecha", concluye.

AFP

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