¡Ay, Colciencias!

¡Ay, Colciencias!

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27 de junio 2013 , 08:33 p.m.

 Para empezar a construir un país de verdad, ahora que estamos pensando en recuperar los cuatro puntos del PIB destinados para la guerra. Para poner esa plata donde tocaba: educación, ciencia y cultura. Para pensar en un desarrollo humano verdaderamente sostenible, que nos devuelva la esperanza colectiva y concilie el crecimiento con el bienestar, la ciencia es esencial. No existe una locomotora más importante que esta. Todo lo demás son vagones subsidiarios, que necesitan una construcción teórica de base para aplicar sus rumbos y avanzar con seguridad, armonía y competencia. Colciencias, nuestra entidad rectora de la ciencia, viene dando tumbos desde hace mucho tiempo, y si alguien afirma hoy que esta locomotora anda al garete, como un caballo indomeñable capaz de echar al suelo al más experto de los jinetes, no creo que esté exagerando.

Por lo cual me permito sugerir desde aquí que, antes de volver a ensillar, nos demoremos un poco en revisar las cabalgaduras. Y me dirijo a usted, señor presidente Santos, para pedirle que considere la posibilidad de pensarlo dos veces, tres veces, cuatro veces, si es necesario. Y no usted solo, sino apoyado en quienes bien pueden ayudarlo a pensar mejor en un asunto que compromete el futuro de las generaciones que hoy se asoman a una sociedad distinta. A esa que usted le apuesta. Convoque a una comisión de sabios, declare una urgencia manifiesta para revisar a fondo el engranaje institucional de Colciencias en el contexto de esa sociedad que mira hacia el futuro. Apele a quienes han consagrado sus vidas al conocimiento y conocen el indómito carruaje, sus mecanismos oxidados, que acaso conviene cambiar ya por nuevos ejes. Que interpreten e incorporen mejor la complejidad del siglo XXI.

Ahora bien, asegúrese de que esta comisión tenga un nombre distinto de “comisión de sabios para salvar a Colciencias”. Invéntese una cosa verdaderamente eficiente, que resulte creíble para recuperar la eficiencia y la solvencia del ente que, de suyo, debería ser modelo de innovación. Tenga en cuenta que si rompemos el récord de un director por año (desde el 2010) se pueden reír de nosotros, y eso sería muy injusto para quienes han dedicado su vida a trabajar con el conocimiento. Sería también muy malo para los jóvenes investigadores. Pero, sobre todo, lo sería para la democracia. Y para eso que hoy llamamos, no exentos de entusiasmo, la sociedad del posconflicto.

director@klnred.com

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