Talanqueras para la competitividad

Talanqueras para la competitividad

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26 de junio 2013 , 04:16 p.m.

El desarrollo del país demanda corredores logísticos de infraestructura de excelentes condiciones técnicas que faciliten la comunicación entre las diferentes regiones y con el exterior.

La infraestructura vial nacional experimentó un proceso de estancamiento y deterioro a partir de 1990 por falta de políticas de inversión para el sector coherentes con la dinámica del desarrollo.

El Estado, que era el único constructor y responsable del mantenimiento vial, sin planificar y estructurar programas correspondientes, delegó esas funciones en Invías y las regiones y las troncales principales de alto tráfico y rentabilidad, en los particulares. Por el sistema de concesión y privilegió el transporte carretero sobre los otros modos de transporte.

Las concesiones fueron contratadas sin estudios técnicos y económicos específicos, ni responsables análisis de costos. Después de veinte años de iniciada la era de las concesiones viales, los resultados en la mayoría de ellas son escandalosos. Entre otras y específicamente, la leonina doble calzada Bogotá-Girardot.

Los términos de las contrataciones de concesiones favorecen al particular y desfavorecen al Estado casi en todo.

Basta conocer la laxitud de los términos contractuales y múltiples otrosíes de ampliación de costo y plazo.

Son antecedentes y experiencias que deben obligar al Gobierno a revisar, reestructurar y renegociar los contratos de concesión vigentes y adoptar criterios legales y técnicos que eviten repetir la nefasta experiencia.

Se sabe que el país presenta un rezago de más de 30 años en infraestructura. Que es consecuencia de decisiones de gobiernos y de la precaria inversión en el sector, que históricamente no ha superado el 0,6 % del PIB.

Para revertir el atraso se requieren inversiones anuales, mínimo del 2% del PIB para responder por ampliación y modernización de la red de carreteras, ferrovías, puertos y aeropuertos.

Pese a que más del 80 % de la carga se transporta por carretera, más del 50 % está en mal estado. Solo hay 960 kilómetros de doble calzada en tramos discontinuos que no cumplen especificaciones técnicas internacionales.

El Reporte Global de Competitividad del Foro Económico Mundial del 2010 situó a Colombia en el puesto 83, entre 133 naciones.

El desarrollo nacional exige políticas integrales que viabilicen la competitividad en los mercados nacional y global. La competitividad se logra con precio y calidad. Calidad y precio competitivos demandan uso de tecnologías y conocimientos de punta y adecuados recursos logísticos. Por eso, las políticas de desarrollo de las naciones deben ser políticas de Estado e integrales. Todos los sectores deben repotenciarse continuamente para responder a los requerimientos de la competencia en el mercado global.

No basta con anunciar proyectos y programas. Estos deben rigurosamente estructurarse y ejecutarse, de acuerdo con estudios serios de factibilidad técnica y financiera. En la práctica, no son diseñados con el rigor requerido. Las consecuencias son evidentes.

Hace más de tres años el Gobierno anunció inversiones para más de 19 proyectos para troncales longitudinales y transversales que son las que integran las regiones y centros de producción con terminales del transporte, centros de distribución y embarque. Esos proyectos no logran despegar.

Para que el país pueda asumir los retos que implica la firma de tratados de libre comercio, debe impulsar la diversificación e integración de los diferentes modos de transporte.

Esto implica proyectar y construir infraestructura logística que integren vías con terminales marítimos, aeropuertos y fronteras terrestres. La tendencia mundial es la integración de los diferentes modos del transporte, para optimizar el servicio y reducir costos.

El laxo marco legal de la contratación, la debilidad institucional y la cultura de la ilegalidad, la corrupción y la politiquería han convertido la inversión pública en instrumento eficaz para apoderarse de grandes cuantías del presupuesto oficial. No basta con destinar más recursos a la inversión si no se aplican correctivos concretos e inmediatos para derrotar la corrupción y lograr que los recursos financieros cumplan con su destinación.

Son imperativos y responsabilidades irrenunciables de los gobiernos, empresarios y dirigentes para garantizar el desarrollo general.

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