Experiencias vivenciales

Experiencias vivenciales

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26 de junio 2013 , 03:44 p.m.

El novelista y poeta norteamericano Jack Kerouac (1922-1969), líder de la generación beat de mitad del siglo pasado, patentó la llamada ‘prosa espontánea’ e hizo de su novela autobiográfica, On the Road, el máximo punto de referencia para el subgénero del road movie o películas de carretera. Quien recopilaba sus notas sueltas de viajes en un rollo de papel fue figura relevante de la contracultura norteamericana al desafiar sus parámetros conservadores e hipócritas. Nace, pues, una era determinada por el jipismo, la cultura rock, el amor libre, las drogas psicoactivas, el budismo zen y cierto activismo en contra de la intervención en Vietnam.

La cinta, dirigida por el brasileño Walter Salles, retoma las huellas germinales de un movimiento contestatario juvenil presidido, igualmente, por Allan Ginsberg y William Burroughs. Quizás de una manera elemental o esquemática, Salles y su coguionista puertorriqueño, José Rivera, abordaron tal trama con un relator imperturbable, que intenta despegar en su oficio teniendo debajo del brazo los tomos de Proust y Joyce. El itinerario es confuso y reiterativo: de la costa noreste al suroeste californiano, atravesando la nación en diagonal, pero sin dejar de recorrer la frontera del río Grande en busca de sexo, marihuana y... algo más.

Salles pierde su fuerza narrativa cuando expone detalles menores o intrascendentes en una larga amistad con el amigo libertino, que solo pensaba en armar orgías y compartir a su compañera de turno. En efecto, los pasos fatigados en medio del desierto y las teclas de su vieja máquina de escribir abren espacio a una cadena de aventuras y efímeros reencuentros sentimentales que producen cansancio en el espectador.

Presentada en la sección oficial en competencia del Festival de Cannes 2012, En el camino abusa de la carretera y le resta importancia al movimiento revolucionario que antecede a la prodigiosa década de los 60. Influencias temporales del jazz y las culturas afroamericanas afianzan el retrato crudo de criaturas marginadas cuyas experiencias dispersas dejarán trazos indelebles en Kerouac –sin aludir a sus pretensiones aristocráticas bretonas y quebequenses–. En cuanto a sus personajes femeninos secundarios, personificados por Kirsten Dunst o Alicia Braga, nada le aportan al desarrollo de las particularidades literarias.

laurens@etb.net.co

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