Emberas desterrados tienen que cocinar en las calles de Medellín

Emberas desterrados tienen que cocinar en las calles de Medellín

Pagan 15.000 pesos por una habitación y los propietarios no permiten que prepararen alimentos allí.

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25 de junio 2013 , 08:17 a.m.

Una hoguera de desechos de cartón y maderos ilumina los rostros de varias mujeres indígenas que cocinan sus alimentos debajo del puente de la avenida Oriental, a la altura de San Juan. Son las 6:00 de la tarde.

Mientras tanto sus hijos juegan en la tierra, saltan en charcos putrefactos y usan piedras y palos como carritos y aviones. La mayoría no tiene recuerdos de los resguardos de los que provienen sus padres, del olor a selva o de los colores del reflejo del sol en el río Atrato al atardecer.

Aunque la Gerencia Indígena de Antioquia, ni la Oficina de Retorno de la alcaldía de Medellín, tienen cifras exactas sobre cuántos nativos están en situación de calle, ese es el panorama que se ve en la ciudad.

Aproximadamente 3.400 indígenas se han desplazado a Medellín, según datos de la Alcaldía, un 95 por ciento de los indígenas son del Chocó, el otro 5 de otras regiones.

Madres e hijas embera katío tienen que cocinar en la calle porque en los inquilinatos donde viven –de oscuros corredores y paredes sucias–, solo hay espacio para dormir. Las habitaciones, de aproximadamente cuatro metros cuadrados, son ocupadas por dos familias de tres o cuatro integrantes cada una, o por un solo grupo familiar de más de seis.

Todos se acomodan en una sola cama o en el suelo, alrededor de las verduras del mercado y de sus pocas pertenencias.

Niquitao, en el Centro, es uno de los lugares que más alberga a esta población. En una de esas residencias y en condiciones de hacinamiento viven diez familias.

“Acá se aguanta mucha hambre, se sufre mucho. Le toca a uno pedir por la mujer y los hijos”, dice Libardo Estevez Queragama.

Lleva dos años viviendo en Medellín y aunque desea retornar al resguardo Mambual (Carmen de Atrato, Chocó) donde nació y creció, no lo hace porque aún no hay condiciones de seguridad. “Las Farc me acusó de ser auxiliador del Ejército por eso me tocó irme”, agrega, a la vez que recuerda que no vuelve porque los guerrilleros que lo amenazaron siguen en la zona.

Situaciones similares la han sufrido alrededor de 800 indígenas, que según Carlos Salazar, gerente de Asuntos Indígenas de Antioquia, han llegado a la ciudad huyendo de la violencia.

“Estamos implementando un plan de retorno. A la fecha han vuelto a sus territorios 35 familias (175 indígenas) y para el 28 de junio retornarán otras 18”, indica.

Obdulio Sintúa Rivera será uno de ellos. Regresará al resguardo La Puria (Chocó) con sus tres hijos y su esposa. “Gracias a Dios vamos a volver a la tierra”, dice.

La directora de la Oficina de Retornos de Medellín, Julia Marín, recuerda que la población indígena que desee regresar a sus resguardos pueden acercarse a la Alcaldía y hacer su solicitud.

Pero el miedo a perder la vida, le impide a Libardo hacer el trámite para regresar a su monte. Por eso seguirá pagando los 15.000 pesos diarios por la habitación en donde vive, mientras su esposa, Elvira Arias, y sus 6 pequeños piden dinero para conseguir algo de comida y cocinar en la calle.

PAOLA MORALES ESCOBAR
REDACCIÓN MEDELLÍN

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