Irán: ¿más de lo mismo?

Irán: ¿más de lo mismo?

Analistas exploran qué se puede esperar en negociaciones sobre el tema nuclear del nuevo gobierno.

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24 de junio 2013 , 09:07 p.m.

Un rayo de esperanza

Berlín. Nadie contaba con la victoria de Hasán Ruhaní en las elecciones presidenciales de Irán. Incluso, el líder supremo, ayatolá Alí Jamenei, fue tal vez más que un poco sorprendido por la victoria en primera ronda de Ruhaní. Como resultado, las negociaciones con Irán sobre su programa nuclear, así como la guerra civil en Siria, bien pueden asumir una nueva dinámica. Pero en Oriente Próximo nunca se sabe qué hay a la vuelta de la esquina.

Este año se cumple el décimo aniversario de la puesta en marcha, a nivel del Ministerio de Relaciones Exteriores, de las negociaciones entre Irán y el trío europeo de Alemania, Francia y el Reino Unido sobre el programa nuclear de Teherán. Yo estaba allí, representando a Alemania, y también estaba Ruhaní, encabezando la delegación iraní.

Las conversaciones han continuado hasta hoy –en un formato ampliado que incluye a Alemania y a los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (el P5 + 1)– sin resultados tangibles. Ahora Ruhaní vuelve al arriesgado negocio del programa nuclear de Irán como presidente. ¿Qué podemos –y qué puede él– hacer y esperar?

Ruhaní es un personaje amable y abierto. A diferencia del presidente saliente, Mahmud Ahmadineyad, se rodea de diplomáticos hábiles y con experiencia. Es un miembro moderado y realista de la élite política de la República Islámica, pero no un representante de la oposición. Y respalda el programa nuclear.

Si quiere tener éxito, Ruhaní tendrá que cumplir su promesa de mejorar las condiciones de vida de los iraníes sin poner en peligro a la República Islámica. Tan fácil como hallar la cuadratura de un círculo.

Es casi seguro que la mejora económica que los iraníes exigieron al elegir a Ruhaní solo puede lograrse si las sanciones occidentales e internacionales son levantadas. Pero el fin de las sanciones internacionales presupone un gran avance en las negociaciones del tema nuclear. También, al menos un asentamiento temporal de los principales conflictos regionales.

Oriente Próximo ha cambiado drásticamente en estos 10 años. Estados Unidos ha reducido su participación tras el retiro de sus tropas de Irak y al terminar su intervención en Afganistán en el 2014. Somos testigos de la disolución del antiguo Oriente Próximo creado por Francia y Gran Bretaña después de la Primera Guerra Mundial, cuando las dos grandes potencias coloniales de Europa crearon mandatos territoriales en Palestina, Siria (incluido el Líbano de hoy), Transjordania e Irak.

Un nuevo orden regional aún es indiscernible, lo que apunta a un futuro lleno de riesgos y posible caos. Mientras Irán busca hacer valer su influencia e intereses, así como los de sus aliados chiitas, su disputa con el Consejo de Seguridad sobre su programa nuclear ha llegado a estar muy ligada a sus ambiciones regionales. Después de todo, la perspectiva de un Irán con armas nucleares exacerbaría con toda probabilidad un conflicto violento y una carrera nuclear regional. Ambos problemas pueden tener que ser resueltos antes de cualquier acción para levantar las sanciones.

Irán y sus interlocutores internacionales deberían aprender del pasado y manejar las expectativas en consecuencia. No habrá solución rápida (si la hay), dados los intereses opuestos de las partes, sus respectivos obstáculos internos o aquellos relacionados con sus alianzas, y la profunda desconfianza general.

Más aún, al margen de la negociación con el P5 + 1, Irán haría bien en iniciar negociaciones directas con EE. UU. Es también probable que deba mejorar relaciones con Arabia Saudí y los Estados del Golfo y cambiar su comportamiento hacia Israel, si se busca un resultado positivo.

Lo que Occidente debe entender

Del mismo modo, Occidente tendrá que entender que la República Islámica no es una dictadura monolítica. El régimen tiene múltiples centros de poder, que coexisten, influyen y limitan las decisiones de los demás. El cargo de presidente es solo un centro de poder. Lo mismo que el líder supremo, que, a pesar de su título, no es un gobernante absoluto.

Irán ha intentado dos enfoques políticos en 10 años: un modelo reformista, bajo la presidencia de Mohamed Jatamí, y el radicalismo intransigente, con Ahmadineyad. Ambos fallaron. Los reformadores no pudieron superar la oposición conservadora, mientras que los radicales no pudieron derrotar las realidades económicas internas provocadas por su política exterior y nuclear.

Ruhaní debe buscar un camino que no le cueste el apoyo de la mayoría de los centros de poder del régimen, pero que le permita cumplir con el mandato que recibió de los votantes. En casa, también, la desconfianza masiva va a complicar aún más una tarea ya de por sí difícil.

En EE. UU. y Occidente, muchos probablemente consideran a Ruhaní la cara amable de la República Islámica. A pesar de estas percepciones –o tal vez por ellas–, la presidencia de Ruhaní ofrece una oportunidad inesperada, tanto para las negociaciones nucleares como para una solución política en Siria. La participación de Irán en una conferencia internacional de paz es una necesidad absoluta, aunque solo sea para probar la seriedad de Ruhaní. Durante la conferencia de Afganistán en Bonn, en el 2001, Irán se comportó de una manera pragmática, orientada hacia los resultados –enfoque al que EE. UU. no respondió–.

En cuanto a las negociaciones nucleares, el P5 + 1 se centrará en garantías objetivas que no le dejen a Irán un camino hacia el uso militar de sus capacidades nucleares. Para Irán, el punto central de sus esfuerzos será el reconocimiento de su derecho al uso civil de la energía nuclear, de acuerdo con las disposiciones del Tratado de No Proliferación y sus protocolos.

Una vez más, mantener expectativas realistas debe ser primordial. Un resultado positivo en las negociaciones nucleares y la resolución, o al menos la contención, de los principales conflictos regionales será difícil de lograr. Sin embargo, sería el colmo de la irresponsabilidad no aprovechar la oportunidad inesperada creada por la elección de Ruhaní con toda la fuerza, la buena fe y la creatividad que podamos reunir.

JOSCHKA FISCHER*
Project Syndicate
* Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania y Vicecanciller de 1998 al 2005, fue un líder del Partido Verde alemán durante casi 20 años.

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