El triste final de conductores a quienes un hueco les quitó la vida

El triste final de conductores a quienes un hueco les quitó la vida

Bogotá, demandada por más de $2 mil millones por deterioro de la malla vial y mala señalización.

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24 de junio 2013 , 05:33 p.m.

En Bogotá, un hueco de casi dos metros de largo y 14 centímetros de profundidad dejó viuda a Nelly y sin padre a un niño de cinco años.

Fue el 7 de junio del 2009, cuando Francisco Javier Romero, quien trabajaba como surtidor en un minimercado del barrio Inglés, en el sur de la capital, manejaba una moto Yamaha de 175 centímetros cúbicos y se encontró con un ‘cráter’ que habría estado tapado con agua debido a las lluvias. (Lea también: ¿Qué hacer si es víctima de un hueco o del deterioro de la malla vial?)

A eso de las 5 de la tarde, colisionó con el hueco en la Avenida Carrera 27 con calle 37 sur, más conocido como el Puente de Matatigres. Terminó de perder el equilibrio con otro hueco contiguo, de un poco más de dos metros de largo, y terminó contra un bus de servicio público que estaba en la vía. Javier, de 31 años, perdió la vida instantáneamente.

Así se narran los hechos en una de las tres demandas, cuyos procesos están en curso, contra la Secretaría de Movilidad y el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) en la que ciudadanos piden ser indemnizados debido a los graves perjuicios que les ha traído la deteriorada malla vial de Bogotá, así como las deficiencias en la señalización.

La familia de Javier demandó al Distrito por unos 750 millones de pesos, debido a las supuestas fallas de la administración local porque “incumplió sus deberes de protección de los usuarios de su vía pública, pues no evitaron lo previsible como era hacer la señalización respectiva del estado irregular de la vía, y el mantenimiento que necesitaba”.

Para la Secretaría de Movilidad hay varias inconsistencias en la versión de los hechos. Por ejemplo, que el parte de la Policía habla de una vía húmeda, pero no inundada, así como que los conductores podían ver los huecos, debido a que eran de grandes proporciones.

Además, no creen que se pudo haber inundado, debido a que en un puente el agua corre y que el hueco que ocasionó el accidente se encontraba al costado izquierdo de la vía por donde “las motocicletas no tienen permitido transitar (…) por ser zona de máxima velocidad”, que Francisco Romero conducía a “alta velocidad” y finalmente que portaba una licencia categoría 4, que implica que “no era apto para la conducción de motocicletas”.

Mientras el juez administrativo de Bogotá define si el Distrito es culpable o no, en otro despacho también se está estudiando una demanda no menos grave.

Seis meses después del accidente de Javier Romero, Carlos Julio Ladino Gómez chocó contra un taxi en la calle 49 con carrera novena, en Chapinero, en Bogotá. Básicamente, según la demanda, un ‘Pare’ se encontraba mirando hacia una dirección que no correspondía, por lo que el motociclista no se detuvo y terminó arrollado y muerto por el impacto del vehículo.

Según la demanda, que está tasada en 1.274 millones de pesos, es responsabilidad de la Nación, la Secretaría de Movilidad y el IDU por fallas del servicio como en este caso sería la señalización de las vías.

Pero el Distrito rechazó los argumentos afirmando que no fue la Secretaría de Movilidad la que instaló mal la señal ni la dañó “causándole el movimiento de giro” que la dejó en una dirección distinta a como debe mantenerse.

Además, sostuvo que hubo imprudencia de los conductores de la moto y el taxi al no “disminuir la velocidad al aproximarse a un cruce”.

Otra situación similar está evaluando el Tribunal Administrativo de Cundinamarca. Se trata de Luis Vega, quien iba manejando una moto y, por una alcantarilla abierta, terminó arrollado por un camión el 26 de julio del 2008.

En estos casos, la falta de señalización habría sido uno de los causantes de los accidentes fatales.

ELTIEMPO.COM le preguntó a la Secretaría de Movilidad sobre el tema y encontró que estas han subido en los últimos años. Por un lado, en el 2011 se recibieron 259 quejas en temas como irrespeto, deterioro y robo de las señales. En el 2012, la cifra ascendió a 439, y hasta abril de este año ya iban 96.

ANÍBAL MARÍN Y ROCÍO HURTADO
REDACCIÓN ELTIEMPO.COM

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