'A 'prepagos' las buscan desde políticos hasta gente de Corabastos'

'A 'prepagos' las buscan desde políticos hasta gente de Corabastos'

Carlos Duplat se sumergió en el mundo de las mujeres que comercian con su cuerpo.

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22 de junio 2013 , 05:44 p.m.

Durante 24 años, Carlos Duplat y su esposa, Luz Mariela Santofimio, han retratado en sus series la dura realidad nacional. Con Amar y vivir rompieron los esquemas de las historias de amor, mostrando cómo el narcotráfico permeaba a una joven pareja de extracción popular –y en últimas a la sociedad colombiana–, aprovechándose de sus sueños de salir adelante. Fue tal su éxito, que un año después se filmó la película, pese a la polémica que generó el programa por mostrar el mundo de la mafia.

Después vino Cuando quiero llorar no lloro, más conocida como Los Victorinos (1991), una historia de tres familias con un problema en común: la sentencia de muerte que pesa sobre sus hijos recién nacidos. Duplat y Santofimio lograron retratar las virtudes y los defectos de la sociedad colombiana de clase baja, media y alta, en los años 80.

Son dos series que han marcado hasta la médula la historia de la televisión colombiana. Ahora, después de hacer las adaptaciones de Rosario Tijeras y Tres milagros, la pareja regresa con un tema álgido y polémico: las ‘prepagos’ o damas de compañía (escorts), es decir las mujeres que venden sus cuerpos por catálogo o con citas previas, que tanto han dado de qué hablar en los últimos tiempos en el país. Como lo hicieron con Amar y vivir y Los Victorinos, estos libretistas decidieron abordar el fenómeno y darle contexto.

El primer capítulo de La prepago se emitió el miércoles –superó en rating al consolidado reality Desafío África, el origen– y ya empezó a generar polémica en redes sociales y en programas de televisión y de radio. Para unos, series como esta terminan siendo una apología al comercio sexual. Para otros, son necesarias para abrirle los ojos a un país mojigato. Lo cierto es que la serie, dirigida por Rodrigo Lalinde, muestra cómo desde las universidades inducen a las jóvenes a este mundo de prostitución y cómo este fenómeno está presente transversalmente en la sociedad. Para Santofimio, el acercamiento durante la investigación le dejó una lección: “Nos mostró que estas personas, antes que ser las bandidas que la sociedad señala, son víctimas de esta, que las ha creado”.

Desde Londres, Duplat habló con EL TIEMPO.

¿Qué percepción tiene de las polémicas por historias como ‘La prepago’?

Desde el principio hemos contado historias polémicas sobre los problemas que ha vivido nuestro país, como la de Joaquín e Irene en Amar y vivir. Ella es una mujer humilde que canta en las plazas y sueña con llegar al estrellato; él, un joven ambicioso recién salido del Ejército que llega a trabajar a un taller de mecánica y termina involucrado con las mafias. Con Los Victorinos y ahora con La prepago ocurre algo similar: son personas que tienen vidas duras, que se dedican a trabajos nada normales, todo para conseguir sus objetivos.

Últimamente, se ha dicho que abordando este tipo de temas se hace apología a la ilegalidad. ¿Qué opina?

Si uno narra con sinceridad la historia, con el corazón en la mano y con amor, es sano contarla. Que el público lo vaya a tomar como modelo para seguir, no sé. Podríamos también mostrar la vida de nuestros santos y eso no quiere decir que la gente los tome como modelos de vida. Nuestro trabajo es una forma de ver y entender la vida de otros, sin que eso lleve a la apología. Se trata de ser veraces con la historia. Desde el inicio hemos tratado los problemas del país y temas de vidas complicadas y peligrosas. ¿Quién no tiene una hija en la universidad y quisiera saber de este asunto?

¿Cómo le llegó esta historia sobre las ‘prepagos’?

Fue inicialmente una propuesta de Teleset, que había comprado los derechos a quien escribió el libro Las memorias de Andrea. El relato pretende ser una confesión de una ‘prepago’, pero al leerlo y tratar de confrontarlo con la realidad de las vidas que llevan estas muchachas sentimos que ocultaba y deformaba muchas cosas. Sin embargo, logró despertarnos curiosidad e inquietud por ver de frente esas formas de vida que han ido invadiendo a nuestra sociedad.

¿Cómo entraron en ese mundo?

Esta investigación se hizo en varios escenarios. El primer abordaje fue en las universidades, que es donde se inicia en este mundo la protagonista de la serie. Hablamos con universitarias de todas las edades, con los que administran el negocio a través de páginas web y con las que trabajan con distintos niveles de riesgo y se venden por horas, a domicilio o a la carta, o con aquellas que prefieren la certeza que les da un contrato en sitios fijos.

¿Cómo describiría a una ‘prepago’?

Son jóvenes que en su mayoría se inician en este oficio por necesidad, presionadas por el deseo de ganar dinero rápidamente y que terminan prisioneras de esta forma de vida, esclavas del consumo, adictas al dinero y a exhibir su capacidad de gastarlo con suntuosidad. Por ejemplo, para ganar prestigio en el gremio deben tener carro propio y de alta gama, el último celular, ropa de marca y los mejores perfumes disponibles en el mercado. Todas llevan una doble vida que van construyendo con mentiras hacia sus familias y frente al amor, a los amigos, a la belleza e incluso hacia ellas mismas. Todo esto lo terminan pagando con su propia vida.

¿Por qué una mujer se vuelve ‘prepago’?

Por muchos factores. Por la presión de la sociedad y por esa gran línea que vende la idea de que lo que importa es ganar dinero lo más rápido posible. Esta situación se ha venido imponiendo a través del narcotráfico y de los sinvergüenzas que manejan los ‘negociados’ en este país y que usan la política para corromper y enriquecerse de una forma voraz. Ellas terminan prisioneras de esa forma de pensar y ver el mundo.

¿Qué tan fiel es la historia al libro?

Conocer y acercarnos a muchas de estas chicas nos permitió descubrir ese mundo y crear la historia de Andrea. Toda esta investigación nos obligó a separarnos del libro y nos dio la base para construir la historia de una verdadera Andrea. Una mujer que lleva dos vidas: Analucía, la universitaria, hija de familia, y Andrea, la ‘prepago’.

¿Cuántas mujeres entrevistaron?

Muchísimas y de todas las clases. Mujeres lindísimas, unas que ganan un montón de dinero y otras que no ganan tanto. Unas muy exitosas y otras que sufren porque al llegar a cierta edad, sus clientes las devuelven. Con algunas de sus historias salimos con el corazón roto.

¿Cuánto ganan estas mujeres?

Unas ganan sumas pequeñas y otras pueden obtener 17 millones de pesos al mes. Muchas mezclan el trabajo de ‘prepago’ con el de exhibiciones en vivo por Internet. Nos decían que sus ingresos por ese concepto habían bajado por la inestabilidad del dólar.

¿Fue fácil que hablaran de sus vidas?

No fue fácil acercarse a ellas y que nos contaran sus historias, pero cuando despiertas confianza, cuentan toda su vida con una relativa credibilidad.

¿Qué tan ligado está el mundo de las ‘prepagos’ a la política?

Está totalmente metido en la historia y en la realidad. Los políticos colombianos utilizan a las ‘prepagos’ no solo para satisfacerse, sino para que les den una especie de prestigio. Las muestran, las llevan, las traen y las convierten en sus damas de compañía. En muchas ocasiones, estas muchachas son utilizadas para meter presión y ‘coronar fines políticos’. Eso se ve desde el sector empresarial hasta en Corabastos.

¿‘La prepago’ es una historia de amor?

Es una lucha desesperada de esta muchacha por sus dos vidas. Es una mujer que viene de provincia, llega a la ciudad con terribles dificultades familiares y por eso toma ese trabajo de manera momentánea, pero termina volviéndosele una forma de vida dura, intensa y exigente, que acaba destruyéndole algo tan importante como es el amor.

¿Las ‘prepago’ se enamoran?

Eso nos dolió muchísimo en la investigación. Estas muchachas terminan desinteresándose del amor por el tipo de vida que llevan. Eso nos pareció alarmante. Sin embargo, con el personaje de la historia queremos plantear que ese deseo, que esa búsqueda del amor de verdad hacia su pareja, sea una constante, pese a todas las dificultades.

‘No hay riesgos de un alargue’

Carlos Duplat y Luz Mariela Santofimio explicaron que son enemigos de los alargues por la presión del ‘rating’. “Esa historia ya está terminada. Ya no hay paso atrás. Es imposible. Contamos la historia en determinados capítulos, con su principio, su desarrollo y su final”, dice Duplat. Para esta pareja de libretistas que la historia termine en el tiempo justo es primordial y eso siempre lo agradecerá el público. “No tuvimos la presión de estar ‘al aire’. Hicimos 14 capítulos y luego el resto de la historia hasta el final”, comenta Santofimio.

ELVIS MARTÍNEZ BERMÚDEZ
Redacción Domingo

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