Partidismo rechazado / Opinión

Partidismo rechazado / Opinión

22 de junio 2013 , 10:29 p.m.

El hecho de que los militantes petistas (Partido de los Trabajadores) hayan sido rechazados en manifestaciones de varios estados del país es buen indicio de que el movimiento llegó a los corazones de la clase media y no se contaminó por partidismos.

Tras una reunión de la presidenta Rousseff con el expresidente Lula en Sao Paulo, donde extrañamente estaban el presidente del Partido de los Trabajadores, Rui Falcao, y el asesor presidencial, Joao Santana, quedó establecido que el alcalde Fernando Haddad debería bajar los precios de los pasajes.

En una reunión del partido, como resultó evidente, la Presidenta recibió instrucciones de su tutor político, en una clara demostración de que ella depende de él para tomar posición en situaciones de crisis. La desorientación petista es tan grande que hay corrientes dentro del partido que presionan al gobierno para darle un viraje a la izquierda y, supuestamente, ponerse en sintonía con esos movimientos.

Es difícil saber en qué va a terminar todo esto. Así como hay alborotadores infiltrados y toda una gama de manifestantes dispuestos al vandalismo, que consideran que la depredación es la mejor manera de enfrentar a los gobiernos, también hay en el mismo movimiento de Passe Livre un pensamiento de la izquierda radical, principalmente. Ahora que consiguieron la reducción del precio de los pasajes, quieren la tarifa cero y otras reivindicaciones que no están en las mente de la mayoría que estuvo en las calles.

La tarifa cero es una utopía del bien, que se puede intentar alcanzar y que sería buena para todo el mundo, aunque parezca imposible en ciudades grandes como Sao Paulo y Río de Janeiro. Pero hay otras que nada tienen que ver con la gran masa que participó en las manifestaciones, como la protesta contra el ‘latifundio urbano’. También quieren introducir en la agenda la reforma agraria, una reivindicación discutible en Brasil, donde el agronegocio es uno de los sustentos de la economía, y el latifundio improductivo prácticamente ha desaparecido. Un proceso de modernización agropecuario que hoy caracteriza al capitalismo en el campo logró que en tres décadas los latifundios se transformaran en una gran empresa rural, convirtiéndose en productivos.

La mayoría no está ni con los vándalos ni con esa politización –que aunque no sea de un partido, es política– de los grupos que lideran los movimientos. La mayoría está en las calles para buscar la mejoría de su día a día y que el dinero público se gaste con transparencia y prioridades claras. Por eso las manifestaciones en contra del aumento del pasaje de bus crecieron y se ampliaron.

Hubo una adhesión de un gran grupo de la clase media que siente los efectos de la inflación, de pésimos servicios públicos, de la opresión del Estado, y que vio en las manifestaciones la forma de canalizar sus frustraciones.

MERVAL PEREIRA
Periodista de 'O Globo'

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