El balón del (borrado) de la (borrado)

El balón del (borrado) de la (borrado)

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22 de junio 2013 , 08:11 p.m.

En noviembre del 2012 informó EL TIEMPO que unos vecinos de la contralora general, Sandra Morelli, denunciaron los ruidos procedentes de su apartamento, que tiene un campito de fútbol en la terraza. Se quejaban del peloteo, “donde no solo juega el hijo de la funcionaria, sino también sus escoltas”.

Días después, Noticias Uno, que dirige Cecilia Orozco, recogió la nota de EL TIEMPO y agregó que la Contralora no acudió a la audiencia policial con sus vecinos. Orozco comentó luego el episodio en su columna de El Espectador (22-1-2013) y mencionó el lío provocado por los ruidos (ojo a la siguiente frase) “que hacen el pequeño hijo de la Contralora y sus compañeros de juego en una cancha que ella le mandó a instalar al niño en la azotea de la casa”. Eso fue todo. Ni el noticiero, en un video lejano y borroso, ni la columna ofrecen imágenes ni la identidad precisa del menor. Esos datos, sin embargo, no eran secretos. Su nombre, apellidos y edad ya los había suministrado la propia Contralora en una entrevista con el portal Kien y Ke (5-11-2010).

Sin embargo, la doctora Morelli denunció a la periodista, a El Espectador y al noticiero (camarógrafo incluido) por supuesta violación de la intimidad de su hijo. En ese momento, Cecilia Orozco era ya la más severa crítica de la podredumbre en el poder judicial y había atacado también al Procurador y la Contralora. Lo que la tutela consiguió mañosamente fue lanzarla a la licuadora judicial para que la molieran allí.

Así ocurrió. El juez del caso emitió un fallo (24-4-2013) en que ordena a la periodista abstenerse de “publicar, comentar, hacer reportajes o divulgar imágenes que atenten contra el derecho a la intimidad del niño”, como si la Constitución y el Pacto de San José de Costa Rica no prohibieran la censura previa. En realidad, se dio el lapo de castigar la mera mención del niño. Un pretexto, ya que a diario se informa sobre menores en nuestros medios. Parece, pues, que los únicos innombrables son ciertos hijos de ciertos poderosos.

A ello añadió el juez una sanción insólita: que Orozco ofrezca disculpas al niño y El Espectador borre de su archivo electrónico la frase que señalé arriba, la de la protesta de unos vecinos por el balón infantil. Igual pena para el video de Noticias Uno. El procedimiento recuerda aquellas fotos comunistas de las que se borraba a los personajes caídos en desgracia. Si un juez se cree autorizado para alterar la memoria de la prensa colombiana, mañana se quejará un político, y un tribunal amigo ordenará eliminar del registro histórico nacional toda alusión que lo perjudique.

El Código del Menor no prohíbe mencionar la existencia de niños. Lo que veda es toda injerencia “arbitraria o ilegal” en su vida privada, así como las publicaciones contra su “integridad moral, psíquica o física” o las que permitan identificar a niños “víctimas, autores o testigos de hechos delictivos”. En ninguna de estas circunstancias se halla el menor de marras. Sin embargo, un tribunal superior –donde tienen asiento magistrados que Orozco ha criticado– acaba de confirmar la sentencia del juez y es fácil suponer que así lo hará la Corte Suprema de Justicia, que también querrá cobrar cuentas a Orozco.

El congreso ecuatoriano aprobó una ley que arrincona al periodismo. En Colombia ya se ocupan de ello ciertos jueces.

ESQUIRLAS. Una ley creó en 1994 las unidades agrícolas familiares (UAF), para adjudicar baldíos a los campesinos. Ahora revela el Polo Democrático que el ingenio Riopaila Castilla compró en el Vichada 40.000 hectáreas dentro de este régimen, valiéndose de una telaraña de empresas fantasma diseñada por la firma del hoy embajador en Washington, Carlos Urrutia, y que adquirió otras 13.000 el Grupo Aval (propietario de EL TIEMPO). ¿Cómo piensa desmontar el Gobierno estas operaciones que contravienen la filosofía del sistema UAF y echan más gasolina al explosivo problema de la tierra en Colombia?

Daniel Samper Pizano
cambalachetiempo@gmail.com

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