Hogares juveniles le apuestan al emprendimiento para no desaparecer

Hogares juveniles le apuestan al emprendimiento para no desaparecer

En los últimos años han cerrado 14 hogares juveniles campesinos.

22 de junio 2013 , 03:38 p.m.

María Patricia Giraldo caminaba cerca de cuatro horas entre la vereda Santa Rita (Ituango) y el Hogar Juvenil Campesino de San Carlos (Oriente). Ante la imposibilidad de viajar todos los días, vivió allí en su época de colegiala. Cuando finalizaba el bachillerato, en 1998, fue víctima de desplazamiento.

Esta joven campesina estudió derecho y hoy es la alcaldesa de esa población del Oriente. El año pasado firmó un convenio de 40 millones para fortalecer esta entidad que en la actualidad alberga a 30 estudiantes de las veredas más apartadas.

“El año pasado hicimos un encerramiento de la infraestructura y este año haremos una nueva etapa”, sostiene la mandataria local. Aparte, el hogar se ayuda con una granja y con venta de pescado.

Pero no todos los hogares son autosostenibles. En los últimos años han cerrado sus puertas 14 de los 50 hogares de la Fundación Hogares Juveniles Campesinos (HJC) –que este año cumple medio siglo de vida–, al igual que ocho de los 12 hogares de la Corporación Hogares Juveniles, entidad que se escindió de la Fundación en 1975.

“No somos un centro de beneficencia. Los padres de familia hacen un aporte mensual entre 50 y 100 mil pesos y, quienes no pueden, contribuyen con víveres o trabajo. Muchos siguen esperando que les lleven un cheque, como lo hacía nuestro fundador, Monseñor Jesús Iván Cadavid, pero ahora la apuesta es el emprendimiento”, afirma el padre Jaime Quiceno, director de la HJC.

En Santa Fe de Antioquia, por ejemplo, tienen dos proyectos productivos: fabrican uniformes a los escolares y procesan pulpa de fruta de tamarindo y Carambolo.

“Hace año y medio estuvimos al borde del cierre. A veces no es fácil contratar con entidades públicas. Este no es solo un lugar para vivir sino un espacio para la formación empresarial”, dice sor Lía Álvarez, directora del hogar de este municipio.

En contraste, en Amagá, cuyo hogar pertenece a la Corporación –pese a que el municipio les ayuda con los servicios y víveres–, solo pueden acoger a 40 jóvenes, cuando tienen capacidad para 90. Una decena de familias aportan en trabajo.

“Hacemos rifas o ventas, alquilamos nuestra sede los fines de semana como centro de encuentro y presentamos proyectos, pero no siempre resultan. Tenemos matriculados otros 200 jóvenes que no viven en el hogar sino que reciben alimentación y formación”, afirma Paola Montoya, directora del Hogar de Amagá.

Según sor Lía, muchos municipios no han entendido que los Hogares Juveniles son quizá la única esperanza de transformación que tiene el campo colombiano; la misma que tuvo Giraldo y que le permitió convertirse en la mandataria de su pueblo.

Oscar Andrés Sánchez A.
Redacción Medellín

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