Cuando Matilde camina... / Perfil

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El Homero criollo es ciego de nacimiento, pero se alimenta de sensaciones para cantarle al amor.

22 de junio 2013 , 02:58 a.m.

La mujer se acerca y su olor es la invitación para que en Leandro Diaz se encienda una luz suficiente para ver. Él le compone a la vida, que lo ha tocado a fondo, con sufrimiento y cosas bellas. Por eso dice que es un hombre feliz.

Aunque es ciego de nacimiento, describe a la naturaleza y le compone, como si la viera. De olores y calores se alimenta para crear. ‘Matilde Lina’, su tema más conocido, nació de un amor intenso. A veces, parece como si estuviera suspendido como en una nube de silencio. A pesar de completar cincuenta años desde que compuso su primer tema, quienes más lo conocen aseguran que con frecuencia pareciera que estuviera en 1945, cuando era un muchacho de 17 años.

Se mueve poco en su silla mientras la curiosidad no cesa. Es un hombre que dice que le queda poco tiempo, que su fin está cerca. Y lo dice con calma, sin miedo en la voz. Así es este hombre nacido en Lagunita de la Sierra, un corregimiento del municipio de Barrancas, en La Guajira, un 20 de febrero de 1928.

El Homero criollo, como le dicen por su habilidad para sortear dificultades nunca ha sido egoísta con sus compañeros, ni con la gente que se le acerca. Ha compuesto más de 350 canciones, pero ya no canta. Dice que el mejor vocalista de sus temas es Jorge Oñate. Después de un silencio un vecino comenta que ya es normal que en Valledupar crean que no es ciego porque cuando se embarca en un taxi les dice a los conductores llévame a San Diego, voltea a la derecha, voltea a la izquierda, sigue derecho, ahí a la mitad de la cuadra, en la casita tal, ahí me deja, que ahí vivo yo.

Lo amargo en la lejanía

Muchas personas dicen que él ve, pero él tiene ojos secos. Valledupar tiene gente buena y no hay tugurios, tiene la mejor agua y sus mujeres son las más lindas, dice mientras suelta una risita. Deja de reír, y voltea su rostro grande hacia quien le habla.

De sus inicios, apenas queda la sensación de lo amargo en la lejanía. Vivió en una marranera y sus padres enfrentaron su vida con estrecheces. Después, recuerda sus momentos felices en la Finca Los Pajales en Hato Nuevo.

Sus primeros ideales amorosos fueron con Isabel, pero la niña se fue para Venezuela. Leandro Díaz tuvo novia oficial a los 27 años: Helena Clementina Ramos. La conoció un día que ella le pidió ‘A mí no me consuela nadie’. A los pocos días, Leandro conoció a Nelly. Hoy, después de 40 años, vive con las dos aunque en un armónico caso, siempre duerme en casa de su primera novia. Con Nelly tiene 3 hijos, y con Clementina, cinco.

Fastidiado de la sierra bajó a Hato Nuevo y después a Sandiego donde empezó a cantar por diez centavos. “Mi vida era cantar y atraía mucho a la gente, hasta que me fui llenando de algunas experiencias” . Así, nacieron temas como ‘La diosa coronada’,’ Olvídame’, ‘El cardón guajiro’ y ‘El bozal’.

“En Los Pajales solamente había dos fincas. La de un señor llamado Domingo y la de mi papá. Lo que dividía la finca era un camino. Era lógico que hubiera relación entre las dos familias, pero la señora pensaba muy mal de mí. Creía que yo estaba enamorado de la hija, y yo como era ciego, no representaba ningún futuro “.

Varios niños se acercan. Dicen que vienen de Aracataca a ver al maestro Leandro. Y se acomodan en silencio. Se oyen de pronto las risas de los pequeños. El continúa: “usted puede ser muy enamorado, pero si no tiene vocación para músico, se convierte en un enamorado sin música. La música es como una hoja de papel. Usted va a colocar notas en una hoja blanca, así mismo hace los versos. Después se unen las dos cosas, entre la música y la letra y después uno cuadra. Unas quedan disparejas. Si el verso no queda adecuado a la melodía, hay que corregirlo”.

¿Leandro Díaz es feliz? Se queda callado. Toma aire. Inmóvil. Yo sÍ. Soy feliz. Vivo bien mi vida porque aprendí a vivir.

- ¿Qué es aprender a vivir?- Esta vez responde enseguida con interés: “Es soportar todas las cosas que la vida le trae a uno. Ser feliz no es porque usted está en automóvil, o anda bien con las chicas, o tiene dinero en el banco. De pronto aquellos que no tienen, son más felices. Porque de pronto uno tiene que cuidar el carro, la chica, la plata, y no se cuida uno”.

Él sigue ahí en la quietud de Valledupar. En medio de las tinieblas mientras recibe a diario estímulos del paisaje que no ve. Compone sin escribir, pero deja mensajes claros y se inquieta por los miedos del hombre.

¿Por qué miedo? -pregunta- si el hombre siempre ha sido dueño del mundo.

Publicado en EL TIEMPO el 18 de febrero de 1996

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