La trampa del sexo

La trampa del sexo

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21 de junio 2013 , 07:06 p.m.

 La exposición de Javier Vanegas en la Galería El Museo tiene todo para ser una de las exposiciones más vistas y comentadas del año: tiene sexo y tiene peligro. Y nadie –por mojigato que sea– puede resistirse a ese tipo de coctel. La bienvenida de la muestra ofrece dos trampas para matar ratones enmarcadas en unas pulcrísimas cajas de cartón. Y, al verlas de cerca, solo se puede sentir un shock: sobre la tabla, en el lugar donde debería morir aplastado por un alambre un roedor, están impresas las fotos de los genitales de dos personas. En una trampa, los de un hombre; en la otra, los de una mujer. Y no es difícil imaginar (o sentir) el dolor que puede producir la activación de la trampa. Trac.

Vanegas confiesa que comenzó la serie en el 2010, cuando terminó una relación sentimental en la que se había comprometido a fondo. Empezó a salir con otras mujeres –con muchas– y en algún momento decidió fotografiar el sexo de sus amantes para llevar un registro cuidadoso del desgaste emocional en el que había caído; su vida personal se estaba convirtiendo en una obra y sus fotos dieron un vuelco cuando se topó con unas trampas de matar ratones en el Pasaje Rivas, de Bogotá. Supo que no era suficiente el sexo de sus novias; necesitaba más genitales para decir lo que quería decir y empezó a cazarlos por todas partes: amigos, familiares, conocidas, estudiantes de teatro; paralelamente buscó un artesano en el 7 de Agosto que pudiera diseñar las trampas y encontró el secreto para imprimir sus fotos sobre la madera. Y el resultado es apabullante; después de ver las dos primeras trampas, se baja por unas escaleras y lo primero que se ve es un letrero que dice:

‘Por favor no tocar, trampas activadas’.

Y por todo el piso está la que podría ser la peor pesadilla del Ratón Mickey: 250 trampas; 250 genitales de hombres y mujeres. La trampa del sexo sin una pizca de erotismo; las fotos –más allá de lo que son– podrían pertenecer a una enciclopedia de anatomía humana y no a un catálogo erótico; pero todos, como las trampas, están listos para ser usados. Para activarse. Y no es broma: Luis Fernando Pradilla –el director de la Galería– no pudo soportar la tentación de meter el dedo en una trampa y terminó en una clínica con el dedo drenado. Es una exposición peligrosa.

@LaFeriaDelArte

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