Desfallecimiento cultural

Desfallecimiento cultural

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21 de junio 2013 , 06:51 p.m.

Un escritor español se lamenta del desaliento de Europa, sintomatizado en el de su cultura, sin precisar término tan impreciso, a no ser la llamada alta, identificada mucho con la europea, que su colonialismo llevó por el mundo, incluida Hispanoamérica, donde ser culto se medió hasta hace poco por familiaridad con ese paradigma. Según el escritor esa cultura se vuelve arqueología, dejando sospechar que la geopolítica incida en la vigencia de los valores, aun los más intangibles. El Viejo Continente resiente el poniente de su hegemonía en ese particular por parte de regiones que la adelantan también económica o militarmente. El comentarista añade que al perder su cultura Europa pierde su alma, que puede generalizarse a la de Occidente, aunque el tópico de la fatiga en esta materia es tan connatural como su asertividad; pero hoy su pérdida de fe con más razón porque se sabe parte de una civilización cuya dinámica la sobrepasa y en casos la horroriza. La cultura sin los ideales que la animaban es lo que se califica como nihilismo, este incrementado porque los postulados civiles que los sustituyeron, si bien suficientes para la socialización, sucumben ante realidades que desmienten el liberalismo ilustrado. El desencanto consigo misma de la humanidad, no solo de la europea, está en comparar hechos con discursos.

Al tiempo la estadística muestra que el consumo de alta cultura nunca ha sido tan alto, atribuible a mayor acceso a la educación, consiguiente multiplicación de la clase media y consumo de medios masivos, aunque siempre, y más en esto, deba distinguirse entre cantidad y calidad: datos sobre una civilización supuestamente más culta no desglosan entre masificación y banalización, obvia esta con un vistazo a lo que difunden los medios o a índices, por ejemplo, de lecturabilidad. Menos garantizan calidad elitismo y esnobismo abundantes en mucha actividad que pasa por alta cultura. En el norte de Europa, donde la alfabetización total data de los 50, el índice de asiduidad lectora es 70 por ciento; en España alfabetizada totalmente hace pocos años, pasó del 36 al 41 en esta década. La duda surge cuando se consulta listas de ventas, en las que hay casos aislados de obras importantes, no obstante que un experto afirme que se vende tanto Wagner como Madonna. Aquí las editoriales traen títulos exigentes en cantidad mínima porque no tienen demanda y que por eso no merecen publicidad. Crece la asistencia a museos, bibliotecas, teatro, conciertos, que no absuelve la inquietud de fondo si eso incide en conciencia inteligente, si la alta cultura no es sino otro producto más del consumo chic y si de verdad arte, ciencia y academia corresponden con evolución de la ciudadanía y no solo de guetos. La pregunta de la cultura a sí misma hoy es si es más humanista y qué quiere decir eso. Las crisis se ha asociado con frecuencia con renacimiento mental, que sería lo que habría que indagar ahora en Europa en particular o la globalidad en general, porque puede ser que se esté gestando algo que devuelva alguna dignidad a la especie, o que solo se esté pensando con el deseo.

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