209 jóvenes, víctimas del conflicto, hoy sueñan con ser profesionales

209 jóvenes, víctimas del conflicto, hoy sueñan con ser profesionales

'Utopía' de la U. de la Salle y Consolidación Territorial, capacita a jóvenes de 21 departamentos.

21 de junio 2013 , 04:35 a.m.

 

Hace cuatro años la Universidad de la Salle recorrió las regiones más apartadas del país en búsqueda de jóvenes del campo, afectados por el conflicto, interesados en reconstruir sus vidas, sacar adelante sus familias y sus sueños. La Universidad se empeñó en buscar a jóvenes que quisieran formarse como ingenieros agrónomos para transformar sus lugares de origen y promover el desarrollo del campo de sus zonas.Ese proyecto denominado ‘Utopía’ que comenzó con un poco más de 60 jóvenes hoy ya tiene 209 estudiantes de 21 departamentos y 94 municipios del país. Muchos de ellos, como Mairon Pérez, vieron morir a sus seres queridos. Otros, sufrieron la presión de los grupos armados que, por años, intentaron enlistarlos en sus filas y ponerles un fusil en el hombro.

Del total de estudiantes, 153 vienen de áreas que el Gobierno ha intervenido con la Unidad de Consolidación Territorial, entidad que se desde el 2012 está apoyando a ‘Utopía’.

Mairon hoy tiene 21 años. Cuando era un niño, en el 2001, vio morir a su padre. Uno de esos días en los que lo alcanzó la violencia de la región, un hombre desconocido fue a buscarlo hasta su casa en la vereda Trinidad, en zona rural de Casanare, y lo mató. Pese a que fueron desplazados y a todas las dificultades que la expulsión de su tierra trajo consigo, en el 2009 Mairon terminó su colegio. “Quería seguir con mis estudios pero no teníamos cómo, no había recursos”.

Días antes de graduarse un profesor de su colegio les comentó sobre el programa de la Universidad de la Salle, llamado ‘Utopía’, que buscaba formar a jóvenes campesinos que quisieran estudiar ingeniería agrónoma. Los interesados en entrar al proyecto podían volver después del descanso para escuchar el plan de estudios. Mairon volvió.

El 10 de diciembre del 2009, después de presentar pruebas de matemáticas, en las que no tuvo suerte, y de compresión de lectura, en la que se destacó por su disciplina con los libros, Mairon recibió una llamada de la Universidad. Al otro lado de la línea le anunciaron que había sido elegido como uno de los estudiantes para iniciar el proyecto.

“Fue un sueño. Vi cómo se me abría la posibilidad de cambiar mi vida, mi mundo”, dice. “Al principio nos cobraban de matrícula un salario mínimo. Hoy solo pagamos 100 mil pesos por un convenio con el Icetex”.

Dentro de la sede de la Universidad de la Salle, que lleva por nombre ‘Utopía’ y que está ubicada en 20 hectáreas de la hacienda San José de Matadepantano, a trece kilómetros de Yopal (Casanare), Mairon al igual que jóvenes de diferentes culturas y zonas rurales de Colombia, trabajan en duras jornadas que van desde las 5:30 de la mañana y a veces se extienden hasta la 1 de la madrugada, aprendiendo sobre el campo, los cultivos, la tierra. Estudiando liderazgo, política, música. “Yo leo libros de derecha y de izquierda porque para ejercer liderazgo se tiene que saber de todo”.

El programa dura cuatro años y Mairon ya está en el décimo cuatrimestre. En este periodo inició un proyecto productivo que implementó en su tierra y que espera seguir trabajando con su comunidad. “En la zona la mayoría de personas viven de la ganadería. Yo quiero demostrarles que hay otros cultivos que pueden ser mucho más productivos”.

Según el hermano Carlos Gomez, Rector de la Universidad de la Salle y fundador del programa, que el próximo año tendrá a su primer grupo de graduados y que en 2 años espera haber acogido a 400, “ ‘Utopía’ es una experiencia real de postconflicto, un laboratorio de paz”.

Por su parte, Germán Chamorro de la Rosa, director de la Unidad de Consolidación Territorial, afirmó que este proyecto busca formar capital humano para fortalecer esas zonas que fueron o siguen siendo zonas de conflicto. “La educación es paz, justicia y equidad”, reiteró.

Una historia que se volvió documental

El proyecto de Utopía fue la base que inspiró a Alexander Valencia, realizador audiovisual y cinematográfico para crear un documental que permitiera contar las historias de superación de los jóvenes campesinos colombianos que se vincularon a este programa de educación. (Ver trailer del documental)

“Los jóvenes debían hacer unos ensayos para entrar a la Universidad. En sus textos, en sus historias, vi que no solo habían sufrido diferentes formas de violencia, sino que eran jóvenes que mantenían la esperanza de cambiar su futuro. Esa es una historia tremenda que merece ser contada”, afirma Alexander quien tardó 2 años recorriendo diferentes zonas del país para realizar el trabajo audiovisual.

Andy, por ejemplo, en la vereda Estados Unidos, del Cesar, perdió a varios de sus primos y familiares. Los paramilitares sacaron a los campesinos de las casas, los reunieron en el parque central y asesinaron a 6 personas que señalaron como colaboradores de la guerrilla. “Ni siquiera podíamos llorar. Al que llorara lo mataban”, cuenta el joven en el documental. Hoy hace parte del programa ‘Utopía’ y espera poder sacar adelante a su madre y sus hermanos.

Muchos jóvenes víctimas del conflicto en Casanare que hoy estudian en las aulas de la sede de Yopal, vieron cómo los grupos paramilitares libraron una violenta incursión en el territorio. Solo entre el 2003 y el 2004, la guerra que promovieron dos grupos paramilitares por el control del narcotráfico en la zona dejó al menos 3.000 muertos.

Mairon, Shirley y Andy, quienes dejaron sus familias para internarse en el campus de ‘Utopía’ y cumplir sus proyectos, viajan en sus vacaciones a su tierra de origen para visitar a los suyos. “El compromiso que tenemos con nuestra tierra es gigantesco. Los campesinos son realmente importantes para el desarrollo de este país y este programa nos ha permitido entenderlo”, dice Mairon.

Ahora este joven estudiante tiene una nueva disyuntiva. Graduarse y volver a su tierra como ingeniero agrónomo o esperar un poco más y regresar al campo con una especialización. “No sé qué suceda. Ahora creo que todo puede ser posible. Quizá hasta me guste la política ¿por qué no? Lo que pasa es que ese servicio que debería existir para solucionar problemas hoy lo que hace es crearlos”.

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