Benjamín Villegas, quijote del libro de gran formato

Benjamín Villegas, quijote del libro de gran formato

Recibió el Premio Lápiz de Acero Vida y Obra, el máximo galardón del sector del diseño nacional.

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20 de junio 2013 , 07:34 p.m.

Cansado de recibir felicitaciones de todo el mundo, sin conseguir que le compraran los derechos de sus primeros libros de gran formato, siempre que visitaba la Feria del Libro de Fráncfort (Alemania), con su maletín cargado de novedades, el editor bogotano Benjamín Villegas, haciendo gala de su obstinación y perfeccionismo, decidió preguntarle a una amiga de la editorial Rizzoli, qué le faltaba a sus libros.

Era la década de los 80, y Villegas llevaba varios años visitando la prestigiosa feria alemana, estudiando las temáticas y los estilos de los libros de gran formato modernos, nicho que él comenzaba a conquistar con fuerza.

“La editora de Rizzoli siempre me recibía porque le parecía muy curioso un latinoamericano que llegaba con unos libros impactantes (varios de ellos premiados allí mismo), para lo que ellos pensaban que era Colombia, y siempre me felicitaba. Entonces le dije: ‘pero ¿por qué no me compra los derechos?’”, anota Villegas, al agregar lo que ella le contestó: “Porque el libro no me sirve. Me sirve usted como editor del libro, pero no me sirve como está impreso ni encuadernado, además el cartón se pandea”.

Eso, para el temperamento perfeccionista de Villegas no solo cayó como un baldado de agua fría, sino que lo llevó a indagar y a ponerse el reto de hacer libros cuya calidad estuviera a la altura de los que llegaban a Fráncfort. Entonces, la editora le presentó a unos impresores japoneses, que no solo marcaron el destino editorial de Villegas, sino hasta el de nuestra industria nacional.

“En ese momento la diferencia de la calidad entre Japón y Colombia era muy grande. Hoy en día no. En el país ya hemos logrado un nivel muy bueno, al punto de que ya hago la mayoría de mis libros acá”, anota el editor bogotano, a quien la propia industria, que en su momento lo crítico, hoy le agradece.

“Esa decisión de imprimir afuera fue casi un sacrilegio, pero eso obligó a los empresarios nacionales del sector a mejorar. Yo creo que si Benjamín no hubiera hecho esto, no tendríamos hoy el nivel que hemos alcanzado”, anota su amigo Pablo Navas Sanz de Santamaría, rector de la Universidad de los Andes, quien ha sido testigo de primera mano de su evolución como editor.

Pero la directriz del trabajo de Villegas fue más allá, buscando una calidad superior en toda la cadena de fabricación de los libros. Así lo refleja su exigencia en la calidad de los autores, los fotógrafos, los ilustradores, los cartógrafos, los correctores, los traductores y las temáticas; una labor de 40 años, que acaba de ser reconocida con el Premio Lápiz de Acero Vida y Obra, de la revista ‘proyectodiseño’, considerado el máximo galardón en el sector del diseño nacional, que se entrega cada dos años.

“Hoy en día, me siento muy honrado de que haya otra gente que desarrolla libros de calidad en gran formato, y estoy orgulloso de haber allanado el camino, dando buenos ejemplos a seguir en ese sentido”, agrega con notable alegría por este homenaje.

Pasión de familia

Pero esa pasión de Benjamín Villegas Jiménez (1948) por el mundo editorial y por las publicaciones es algo que viene en su sangre. Su abuelo materno, Manuel José Jiménez, estuvo vinculado al periódico ‘Fantoches’ en los años 20.

Y su padre, Benjamín Villegas Robledo, fue accionista de la famosa Litografía Colombia, fundó, al lado de Alberto Lleras, entre otros, la primera etapa de la revisa ‘Semana’, y dirigió la Imprenta Nacional.

Por eso, no era de extrañar, que ese adolescente apasionado de la lectura, y que creció entre imprentas, hubiera fundado su primer periódico ‘El Alepruz’, cuando cursaba cuarto de bachillerato en el Gimnasio Moderno de la capital. “Obviamente, como buen proyecto juvenil, sucumbió al segundo número”, agrega.

Más tarde, en sus últimos años de bachillerato, también se vinculó a la revista 'El Aguilucho', del colegio, que dirigió con otros compañeros.

Aunque el ‘Mono’, como lo llaman con cariño varios de sus amigos más cercanos, se formó como arquitecto en la Universidad de los Andes, el mundo editorial fue un imán que ejerció siempre su poder de atracción. Desde los primeros semestres, tuvo a su cargo la diagramación de las revistas ‘Lámpara’, de la Esso, y ‘Presencia’.

Una labor que no interfirió para nada con sus estudios, en donde siempre se destacó por ser el mejor. Estuvo becado nueve de los diez semestres de la carrera por cómputo académico.

Solo una extraña fuerza superior a la editorial pudo distraer al joven Villegas, cuando finalizó la universidad. La onda ‘hippie’ que dominaba el mundo, en la década de los 60, a la cual Benjamín se vinculó, con la complicidad de quien sería su futura esposa, Clara Lucía Salazar. De ese hogar nacieron sus tres hijos, quienes también han seguido, a su estilo, la línea creativa de la familia: María (chef y editora infantil), Laura (dramaturga) y Camilo (artista plástico).

Por entonces, el editor ya había fundado su oficina Benjamín Villegas y asociados, desde la que prestaba servicios creativos de edición de folletos, resultados financieros de las empresas, diagramación de revistas y otros servicios.

Además, su personalidad inquieta lo llevó a hacer un paso fugaz por el mundo de la televisión, cuando fundó –junto con Rodrigo Castaño Valencia–, TV13, desde donde hicieron programas culturales y documentales. “Uno de ellos fue ‘Acrobacias chinas’, que lo hicimos con Sergio Cabrera”, recuerda.

Pero lo suyo era, en definitiva, el mundo editorial, en especial los de gran formato, cuyo primer ejemplar sacó en 1973, cuando el Gobierno le pidió uno sobre las relaciones colombo-venezolanas. “Llegó el momento, a principios de los 80, cuando me llegaron a pedir hasta siete libros. Entonces, le bajé el volumen a todo lo demás y me concentré en mis libros, en donde me encontré yo mismo”, dice.

Su hija María, quien asumió el reto de acompañarlo en este sueño editorial, y quien hoy maneja la línea de literatura infantil, destaca la capacidad de su padre para lograr que una simple idea se convierta en un “maravilloso libro”. Lo define como una persona “perseverante, perfeccionista, impaciente, creativa, inquieta, rumbera, cariñosa, sensible y de gran generosidad”.

“Me ha demostrado que hay cosas que no se delegan si lo que se busca es conservar la calidad de un sello editorial, me ha convencido que la energía, el entusiasmo y el corazón que se le ponen a los proyectos también juegan un papel muy importante en su resultado”, agrega.

Su amigo Pablo Navas destaca, a su vez, la capacidad de riesgo y la enorme dosis de insensatez que ha puesto Villegas en todos los proyectos que ha emprendido. “Sin esa insensatez no hubiera hecho ni la mitad de lo que ha hecho. Es un verdadero quijote de los libros. Yo le conocí muchos proyectos que empezó porque alguien le daba una palabra, sobre todo funcionarios públicos, y después se quedaba con cinco mil libros pagados por él, que eventualmente luego lograba mover en el mercado. Es un enamorado de sus proyectos”, anota.

Hasta el punto, como lo recuerda un antiguo colaborador suyo, quien hizo parte como corrector de estilo en uno de los equipos de edición, de quedarse toda una noche dándole fuerza a la gente, sirviéndoles, él mismo, un pollo asado en horas de la madrugada.

Frutos fecundos

Una pasión de vida que hoy le permite a Villegas, mirar con orgullo los frutos de unos libros que le han dado la vuelta al mundo, en ferias o como obsequios, que tienen un común denominador, que, además, es el eslogan de su compañía: “La buena imagen de Colombia”. Una mirada a través de los paisajes, la arquitectura, el arte, la flora y la fauna, nuestras tradiciones y muchas otras temáticas.

Ya completa cerca de 300 libros de gran formato, incluyendo las ediciones en otros idiomas, que le permiten sumar cerca de 130 premios internacionales. Ha ganado más de 100 Latino Book Award, de la Feria de Nueva York, y otro tanto en Fráncfort, América Latina, Hong Kong y España, entre otros.

Además, ha sido reconocido con el Premio Libro de Plata, de la Cámara Colombiana del Libro (2009), el Gonzalo Jiménez de Quesada, de la Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá; la Orden Civil al Mérito Ciudad de Bogotá, de la Acaldía Mayor (1988); la Medalla Proartes al Mérito (2005) y el reconocimiento de la Asociación Nacional de Anunciantes (Anda).

En algún momento, sacó también la línea dorada de narrativa, en la que llegó a publicar cerca de 110 libros, casi todos primeras ediciones, en los que apoyó a nuevas voces de la literatura nacional.

El tiempo le ha alcanzado hasta para desarrollar proyectos en otros países. “En Guatemala también hice cinco obras, es un país que me gustó mucho. Publiqué libros en Costa Rica, Panamá, Venezuela e hice un libro Andino, sobre Perú, Bolivia, Ecuador, norte de Chile y Argentina; y otro sobre los Incas. Pero también fue una etapa, un poco más para medirme, aunque mi prelación sea Colombia”, comenta.

Este apasionado de la vida, que acepta ser acelerado y hasta malgeniado, temperamento que con los años ha sabido “domar”, saca rato para leer narrativa, historia y algo de poesía, en su casa de recreo en las afueras de la capital, a donde se escapa cada vez que puede, y en donde aprovecha para montar a caballo o escuchar alguna de las 20 mil canciones cuidadosamente seleccionadas que tiene en su iPod.

En lugar de regalarse el merecido descanso de quien ha hecho bien la tarea, no piensa bajar la guardia en el que considera el mejor de los oficios. “Me llegaron a criticar de que tampoco es que Colombia fuera tan perfecta, pero yo decía que para eso existen otros medios, pero yo estaba dejando no un historial de prensa sino unos libros bien hechos para que permanecieran en el tiempo, para que pudieran ser consultados y me sobrevivieran, de forma tal que fueran una especie de documento, de la época que a mí me tocó vivir. Y a eso es lo que le he dedicado estos 40 años”, concluye.

Muestra de eso es la donación de 70 mil ejemplares que acaba de hacer a la red de Bibliotecas Públicas del país.

CARLOS RESTREPO
REDACCIÓN CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

 

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