La guerra de los niños soldados sirios más allá de la frontera

La guerra de los niños soldados sirios más allá de la frontera

Dos barrios de Trípoli (Líbano) padecen la violencia sectaria del país vecino.

notitle
20 de junio 2013 , 07:08 p.m.

Hussein no sueña con ser futbolista, piloto de carreras o astronauta. A sus 5 años quiere ser combatiente, como su padre. La guerra se ha convertido en algo tan cotidiano en los barrios rivales de Bab el Tabaneh (suní) y su vecino Jabal Mohsen (alauí) que los niños juegan a combates imaginarios con fusiles de madera.

El papá de Hussein es el jeque Ahmad, que dirige a 1.000 milicianos salafistas, que defienden el barrio suní. “Los alauíes nos han arrastrado a tomar las armas”, sentencia el líder guerrillero, antes de agregar que sus enemigos “tienen mejores armas de asalto, lanzagranadas, francotiradores... Nosotros solo contamos con nuestro kalashnikovs”.

Ahmad sonríe mientras le pone a su hijo un M-16 en sus enclenques brazos. El fusil automático pesa tanto que el niño se tambalea. “Míralo, mi hijo va a ser combatiente como su padre”, exclama orgulloso el comandante salafista.

La guerra entre estos dos vecindarios rivales se remonta a los años 80, durante la ocupación de las fuerzas sirias de Trípoli. Desde entonces, Bab el Tabaneh y Jabal Mohsen están condenados a ser enemigos eternos. El barrio suní mira desafiante hacia la colina, donde está asentada la comunidad alauí.

La mayoría de los habitantes de Trípoli pertenece a la comunidad suní. Los alauíes, que no suman más de 25.000, están confinados en el asentamiento de Jabal Mohsen. Desde que comenzó la guerra en Siria hace más de dos años, ambos barrios han tomado posiciones en contra y a favor del régimen de Asad, y los enfrentamientos, cada vez más intensos y frecuentes, reflejan casi cada semana el conflicto sectario que está asolando al país vecino. Podría decirse que la violencia sectaria en Trípoli es un reflejo de lo que ocurre en el país vecino.

Tensión en la calle Siria

La línea divisoria entre los dos frentes es la calle Siria, donde están apostados los tanques del Ejército libanés. La imagen es desoladora: locales cerrados con las puertas de metal agujereadas por las balas y fachadas de edificios ennegrecidas por el fuego de mortero.

Una serenata de tiros y el traqueteo infernal de las cadenas de los tanques nos dan la bienvenida. Para poder cruzar la calle Siria hay que rodearla a través de un descampado protegido por altos muros o correr a toda prisa entre callejones protegidos por lonas de plástico para no ser descubiertos por los francotiradores.

Junto a un taller de mecánica, un grupo de jóvenes de entre 16 y 20 años, con pinta de pandilleros, están sentados en corrillo a la sombra. Van vestidos con camisetas ceñidas, algunas de tirantas, para enseñar bien los tatuajes y las cicatrices que se han hecho en los brazos con una navaja para demostrar que son los más duros. Empalman cigarrillo tras cigarrillo, mientras se pasan una botella de plástico con café bien amargo para darle un sorbo.

Talal Omar aparece con una moto, a toda velocidad, alardeando. Solo tiene 12 años. Cuando llega, los otros de su grupo empiezan a bromear: “Aquí viene el hijo de Bin Laden”.

Omar es el hijo menor de Abu Rawa, el dueño del taller, y prefiere ayudar a su padre o disparar algunos tiros en vez de ir a la escuela.

“Quiero combatir como lo hizo mi padre. Quiero defender mi tierra. Los alauíes nos están atacando y tenemos que luchar”, afirma con decisión inamovible. “Si te estuvieran atacando, ¿tú qué harías? Defenderte”, espeta el niño.

De repente, su mirada infantil se torna desafiante. Omar quiere enseñarnos su destreza combativa y sujeta el pesado rifle entre sus manos, mientras corre hacia una esquina para ponerse en posición de ataque.

“Mi hijo es muy buen luchador; yo mismo le enseñé”, dice satisfecho Abu Rawa, que según cuenta combatió durante la guerra civil (1975-1990).

Ihab Abu Amar tiene 13 años y dos cicatrices de guerra. “Hace tres meses, un francotirador de Jabal Mohsen me disparó y una bala me hirió”, explica el niño, que se levanta la camiseta para mostrarnos las heridas: una en el abdomen y otra en el costado. Ihab asegura que no tiene miedo y que volverá a luchar.

“Esto es la guerra”, alega Abdala, otro miliciano de 16 años, antes de agregar que sus enemigos “atacan todo el tiempo”.

Los jóvenes son la avanzada en cada una de las incursiones a la primera línea del frente. “Cuando subimos a Jabal Mohsen, los menores se quedan para proteger el barrio”, explica Abdala.

En este barrio marginal, la guerra parece ser la única motivación de los jóvenes, que no ven un futuro distinto. El enorme odio hacia sus vecinos lo aprenden desde niños.

En la última ola de violencia, que comenzó hace dos semanas, más de treinta personas han muerto en choques sectarios, que coincidieron con el asalto a la ciudad siria de Al Qusair, donde las fuerzas del régimen de Al Asad, apoyados por milicianos de Hezbolá, se enfrentan a los rebeldes sirios.

Las fotografías de los mártires caídos en los combates penden de las fachadas agujereadas por las balas enemigas. En el vecindario antisirio, la gente se queja de que el ejército libanés apoye a los residentes alauíes porque “el gobierno es aliado de Hezbolá”.

“El ejército está con ellos; el Estado está con ellos. Nosotros solo nos defendemos. Ellos han empezado esta confrontación porque quieren arrastrar al Líbano a la guerra en Siria”, denuncia Adnan, que, como la mayoría de vecinos de Bab el Tabaneh, ha tomado su kalashnikov.

Irak también teme ‘contagio’ sirio

Bagdad (Reuters). La vecina Irak advirtió ayer que la guerra civil de Siria está “destrozando Oriente Próximo”.

Después de dos años de combates, que han provocado la muerte de más de 93.000 personas, los disturbios sirios están arrastrando a sus vecinos a una confrontación sangrienta entre el chií Irán, que apoya al presidente Bashar al Asad, y los países suníes del Golfo, que respaldan a los rebeldes sirios.

Tanto Irak como Líbano han sufrido una creciente violencia en sus países, mientras el conflicto

sirio se convierte en una guerra de poder. “Irak está en la posición más difícil en esta revuelta regional, y el conflicto en

Siria se ha convertido en un conflicto regional desde todo punto de vista”, dijo el ministro de Relaciones Exteriores, Hoshyar Zebari.

Ministros de Exteriores del grupo Amigos de Siria, que respalda a la oposición, tienen previsto reunirse mañana en Qatar para discutir la asistencia al Ejército de Siria Libre para defender la ciudad clave de Alepo.

ETHEL BONNET
PARA EL TIEMPO

 

 

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.