El viejo Evaristo

El viejo Evaristo

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20 de junio 2013 , 06:05 p.m.

 Cuando Gillo Pontecorvo, director de Quemada, como lo conté aquí, vio a este mandinga montando a pelo una yegua blanca entre los verdes esmeralda de las sabanas palenqueras, me gritó al oído: “É lui, é lui” (“¡Es él, es él!”), y así fue: el mismo José Dolores, el primer revolucionario de las Antillas, el guerrillero de Quemada, se nos había aparecido de la nada y se había desaparecido en un relámpago. Y comenzaron la búsqueda y las conversaciones con Evaristo Márquez para convertirlo de jornalero en estrella de Hollywood.

Estábamos en la preproducción de la película a semanas de comenzar, pero teníamos al protagonista, Marlon Brando; al coprotagonista, Renato Salvatori; un director de arte premio Óscar; teníamos los lugares escogidos; el productor y la United Artists nos tenían a todo el Gotha de los actores negros de Hollywood, que habían leído el guion y estaban listos para actuar al lado de Marlon. Pero Gillo no se decidía. A todos les tenía su pero: Sidney Poitier, un negro blanco; Moses Gunn, muy triste; Clarence, muy moderno; la presión de los productores se volvía siempre más apremiante, especialmente por las fechas de Marlon, que estaban encima.

Así que, cuando hallamos a Evaristo, fue la salvación, pero el director tuvo que consultar con Brando, pues la cantidad de escenas que tenían juntos pondría a dura prueba la paciencia de una superestrella, al tener que alternar con un actor natural que no había visto una película en su vida. Marlon aceptó y comenzó la operación José Dolores. Y Evaristo se portó como un verdadero guerrero; no sé cómo encajó en este ambiente de locura que es una superproducción, y con dificultades y esfuerzo llevó a cabo la tarea y se aprendió los parlamentos en un lenguaje inventado, fonéticamente similar al inglés; aprendió a actuar y a reaccionar, enfrentándose de tú a tú con el rey de Hollywood. Un milagro que los críticos destacaron en el mundo entero.

Y ahora, así como Marlon Brando, Gillo Pontecorvo, Renato Salvatori, Piero Gherardi, Sergio Canevari y Marilu Carteny, él también se fue a filmar con ellos su mejor película: murió en medio de las fiestas, en una clínica cartagenera. Lo enterraron al ritmo del lumbalú, con todas las plañideras de Palenque, que honraron a su hijo más famoso al son del grupo musical Tambala.

Y el Festival de Cine de Cartagena, en su próxima edición, hará un homenaje especial a la película Quemada, que será proyectada en pantalla grande en San Basilio de Palenque, y se descubrirá una placa en memoria de Evaristo Márquez, q. e. p. d.

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